Escasean químicos para poder llamar al agua «potable»

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La calidad de agua en Venezuela ha dejado siempre un sabor amargo. Lo corroboran las muertes ocasionadas por el líquido contaminado con bacterias a principios de febrero en Anzóategui, de acuerdo con los reportes médicos. Y en la Gran Caracas el problema se acentúa.

Las tres plantas de tratamiento que abastecen al área metropolitana y Altos Mirandinos no garantizan que la que llega a las casas esté libre de agentes nocivos para la salud, porque hay severas fallas en el proceso de desinfección, afirman ingenieros especializados en el tema.

“Se está llevando el servicio sin cloración a los hogares y cuando eso ocurre se está ante un riesgo muy grande que obliga a actuar pronto para corregir esa situación”, afirma Norberto Bausson, ex vicepresidente de Operaciones de Hidrocapital , durante el período 1990-1999.

La razón es que los químicos que intervienen en el proceso de la buscada purificación, que es uno de los cuatro que debe cumplir una planta de tratamiento y es considerado fundamental para hacer el agua potable, son insuficientes para cubrir la demanda. “El gas cloro que se produce en El Complejo Petroquímico Ana María Campos, en el Tablazo, es escaso.

La información que tenemos es que no hay suficiente, y eso es creíble porque no se está repartiendo en los centros de tratamiento en la misma medida de la demanda de esas plantas, que es muy grande”, asegura.

A pesar de que las autoridades regionales de Anzoátegui y Carabobo están tratando de resolver el problema, según se informa, el agua que fluye las 24 horas en los centros de potabilización requiere de inyección de gas cloro en todo momento.

Pero además de este químico producido por la planta del Tablazo, única en el país, y que es empleado por todas las empresas hidrológicas para potabilizar el agua, tampoco hay suficiente cantidad de polímetros y otras sustancias que intervienen en la desinfección con otro tipo de tratamientos.

”Esas instalaciones eran capaces de mantener la producción con lo que se podía acceder a suficientes sustancias químicas para mantener la calidad del agua, pero lo que hoy se sabe, porque no hay información oficial, es que eso no es posible. No hay suficientes sustancias químicas y por tanto hay que racionarlas y usarlas de la mejor manera, aunque eso no se aplica en los acueductos”.

Bausson considera fundamental recuperar ya el sistema de desinfección de las plantas de tratamiento.

“Tenemos que recuperar todos los procesos pero eso no garantiza que la desinfección se cumpla en toda su dimensión”.

-Mal sabor

Para que la cloración sea efectiva, es indispensable que la planta de tratamiento cumpla al máximo sus funciones, es decir, agotar todos los procesos físicos y químicos a las que el agua debe ser sometida una vez que sale de los embalses, explica. “Debe ser capaz de poner el agua inodora, incolora e insípida; es como declararle la guerra a las bacterias”, puntualiza el ingeniero, basado en su gestión de casi 10 años frente a Hidrocapital.

“En Venezuela no existe una planta potabilizadora que esté preparada para recibir agua proveniente de embalses contaminados”, asegura el ingeniero Manuel Pérez Rodriguez, presidente del Movimiento por la Calidad del Agua, una de las asociaciones que ha seguido minuciosamente el problema de estos centros.

A partir del caso de contaminación en el embalse Pao-Cachinche en Carabobo, en los años 90, Pérez Rodríguez dice tener conocimiento de que todos los embalses presentan algún estado de contaminación por aguas cloacales o por problemas específicos como invasiones o prácticas condenables de sacrificio de animales. Por esta razón considera indispensable el sistema de tratamiento.

“El embalse de La Mariposa, por ejemplo, es un desastre. Cuando un cuerpo de agua se contamina comienzan a proliferar plantas acuáticas, pero cuando se rompe el equilibrio ecológico se produce un hiperdesarrollo de estas por el nitrógeno orgánico disponible. Las cuencas del río San Pedro, en Los Salias, está contaminado, por allí matan animales, y esa es la principal fuente del Acueducto Metropolitano de Caracas que depende en más de 88% del embalse de Camatagua, al que llegan aguas contaminadas desde San Juan de los Morros”, explica.

Pérez Rodríguez y Bausson coinciden en que las autoridades incumplen la Ley Orgánica de Prestación de Servicios de Agua Potable y de Saneamiento, vigente desde 2001 por Gaceta Oficial 5.568 del 31 de diciembre de ese año, que regula la calidad desde la salida de embalses hasta las casas, y obliga al Estado a garantizarla. También declara de utilidad pública e interés social las obras afectas para su prestación.

Dos recursos de amparo que fueron solicitados ante el TSJ por el Movimiento de Rodríguez Pérez, entre 2010 y 2012, en protección al derecho ciudadano de conocer la calidad del agua, pero no se resolvió este particular.

“Pedíamos que fuese publicado en el anverso del recibo de agua los resultados de pruebas de calidad del agua que la ley obliga a realizar”, recuerda. Tampoco las autoridades permitieron la visita regular de investigadores y estudiantes a las plantas de tratamiento.

Autoridades, investigadores y consumidores se enfrentan al dilema de qué hacer ante las fallas .“No se debe sacar a la calle agua que no sea potable, pero la gente no puede quedar sin agua”, reflexiona Bausson. “Hay que corregir el problema lo más pronto posible porque eso puede seguir teniendo, como en Anzoátegui, un impacto negativo en la salud de la población”.

Olgalinda Pimentel | [email protected]

 

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