Werner Gutiérrez Ferrer/ No permitamos que nos cambien ubres, por fusiles

133

En la historia reciente del estado Zulia, recordamos con especial orgullo el privilegio de ser el estado mayor productor de leche y carne bovina de Venezuela. Dentro de los aportes de nuestra región, resalta como entidad de mayor producción el municipio Machiques de Perijá.

En sus potreros, fue desarrollado un rebaño bovino que le permitió contribuir con el 20 % de la carne consumida en los hogares venezolanos, y de cuyas ubres, se ordeñaba el 30 % de la leche producida en nuestro país.

Esta jurisdicción ubicada en la costa occidental del Lago de Maracaibo, limitando por el oeste con Colombia, llegó a arrimar sobre 1.2 millones de litros de leche diarios a las plantas procesadoras, gracias al trabajo de más de tres generaciones de zulianos que tuvieron la visión de introducir importantes adelantos tecnológicos, logrando una ganadería tropical de doble propósito, referencia para el mundo.  

Lastimosamente este polo de desarrollo tan importante, muestra hoy luego de 17 años de exacerbado e irresponsable intervencionismo de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, un lamentable escenario, en el cual la anarquía ocasionada por sus medidas, y por la inacción de las diferentes instancias de poder del estado venezolano, ha producido una caída sobre el 60 % en la producción de carne y leche.

Desde el año 2001 esta zona viene sufriendo los embates de invasiones y robos de diversas unidades de producción por parte de sectores desadaptados de la etnia Yukpa, en alianza con grupos irregulares armados, que han llevado a la ruina a trabajadoras familias machiquenses, y amenazan con acabar con el principal sustento económico del municipio, su ganadería.   

Cuando Chávez Frías anuncia en el 2011 el “Proceso de Demarcación de Tierras y Habitas Indígenas”, afortunadamente fracasa en su intento de sembrar el odio entre el pueblo de Machiques, pero si sentencia la devastación de 900 fincas productivas, cediendo estas tierras a comunidades Yukpas y Bari, dando origen a una zona de aliviadero para la guerrilla y paramilitarismo colombiano sin control alguno por parte del estado venezolano, transformándose en caldo de cultivo perfecto para que grupos de la etnia Yukpa se dediquen a la tumba y extracción de árboles milenarios; extorsión, robo y hurto de fincas; tráfico de armas y drogas; y al contrabando de ganado y combustibles hacia el vecino país.

Durante los últimos años luce indetenible el robo masivo e impune de rebaños completos de las fincas que bordean la zona de delimitación de tierras y habitas indígenas, en los últimos meses podría superar las 8000 reses sustraídas.

De octubre a diciembre solo en las haciendas Yasita, Campo Alegre, Don Hipólito y Birman se llevaron estos grupos de delincuentes sobre los 300 animales, con el trágico saldo de 5 trabajadores asesinados.  

Los productores afectados, se mantienen firmes, y junto a la Sociedad Civil Ganaderos de Machiques (GADEMA), han realizado las respectivas denuncias ante los cuerpos de seguridad del estado, sin observar  de su parte, acciones contundentes para recuperar los bienes y rebaños sustraídos, y detener a los responsables.

Los Caiques Mayores de la etnia Yukpa en reunión efectuada en el Fuerte Macoa, autorizaron a las autoridades militares a ingresar a la zona de delimitación para apresar a estos grupos que han sembrado terror y muerte en las comunidades indígenas y zonas aledañas, aun estando plenamente identificados.

Se señalan como responsables a dos bandas criminales, radicadas en Toromo, y cerca de la Misión del Tokuko. Dentro de su “modus operandi” está el comercializar parte de los rebaños robados al pasar la frontera recibiendo como forma de pago drogas, fusiles, municiones, y pesos colombianos.

Las rutas que utilizan para la movilización de las reses hacia el vecino país son controladas por los grupos guerrilleros, los cuales reciben parte del botín por darles acceso a través de las zonas bajo su dominio.

Los animales de peso intermedio sacrificados del lado venezolano, son  comercializados en las carnicerías de la región, mientras los de menor tamaño, son llevados a peso de sacrificio, en una zona también señalada por los denunciantes, en la cual se presume poseen un rebaño obtenido de manera ilícita, que ya sobrepasa las 600 cabezas de ganado.  

Se afianza en el municipio Machiques de Perijá el terror, extorsión y muerte. El robo y contrabando de extracción amenaza con extinguir una ganadería élite en cuyo desarrollo se invirtieron más de cien años de esfuerzos y sacrificios de honestas familias venezolanas. Grupos irregulares armados colombianos en unión con estas bandas delictivas de indígenas Yukpas intercambian nuestras productivas ubres por fusiles y drogas.

Le corresponde al gobernador del estado, ejecutivo nacional, y Fuerza Armada Nacional Bolivariana actuar de manera contundente y decidida. Basta de su silencio cómplice y cobardía frente a quienes alejan la carne y la leche de los hogares venezolanos, y desnudan la falta de autoridad y soberanía de Venezuela, sobre nuestro propio territorio.  

Ing. Agr. M. Sc. Werner Gutiérrez Ferrer

Ex Decano de la Facultad de Agronomía de LUZ

@WernerGutierrez

Facebook
Loading...

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.