Reynaldo Cortés / La unidad y sus complejidades

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Si algo tiene la oposición democrática en Venezuela actualmente, es la diversidad de sus concepciones ideológicas, políticas, estratégicas y tácticas.

Se agrupan en alianzas coyunturales de acuerdo a las visiones sobre la caracterización al régimen o entendiendo emocionalmente las circunstancias en que se desarrolla la dinámica política.

Cada quien, de forma intransigente establece su trinchera de lucha permitiéndole tiempo a los inquilinos de Miraflores, distrayéndose así, del objetivo central de lo que nos unifica –salir de la dictadura– banderas como cese de la usurpación, negociación-elecciones e intervención extranjera se enfrentan entre sí, cada quien haciéndose dueño de la verdad, mientras este jaleo se da en todos los niveles de la dirigencia democrática, cientos de ciudadanos mueren en los hospitales, se van del país, pasan hambre, miseria, pobreza.

El problema no termina aquí, estas disyuntivas, algo natural dentro de la diversidad, adquiere matices más complejos cuando se le suman esquirlas dañinas de sectarismo, hegemonismo, mezquindad, prepotencia, predominancia de intereses oscuros individuales y/o grupales.

Tres tendencias vienen predominando el escenario político sobre la ruta hacia la democracia, unas más que otras entendidas por sus propios apologistas; en este aluvión, los afines y los iguales se reúnen en la arena donde más se sienten cómodos, los negociadores electoralistas gritan con majestuosos verbos sus proclamas empañadas de supuesta erudición, pero la realidad desborona toda ilusión, cuando los hechos nos dictan otra cosa.

Si la dictadura tuviera la intensión de negociar y recorrer el camino de las elecciones como salida, de seguro ya estuviera en la mesa y haciendo las maletas. Sin embargo, los voceros de esta, han sido taxativamente claros y en perfecto castellano, al manifestar a todo gallote, que ellos no van a dejar el poder.

Pasarán décadas en dictadura si esperamos que los usurpadores decidan marcharse.

 Otro elemento que desmonta la propuesta de la facción “democratista”, es que esta, se sustenta sobre las nubes al desconocer que estamos en presencia de un régimen dictatorial y fascista, no tienen calor de masas que irrigue la lucha en la calle; por el contrario, colocan como principal eje la desmovilización de las masas y la atan al estado de ánimo del régimen, es canallesco, someter a toda una población al sufrimiento en nombre de la ruta “pacifica, democráticas y constitucional”, consigna que entra en contradicción con la legislación plasmada en los artículos 68, 233, 350 y 333 de la CBV y el legítimo derecho universal a la rebelión ante el despotismo.

Sorprende ahora, que estos enunciados resultan antidemocráticos y violentos, por algunos paladines del democratismo.

Sobre la negociación tengo criterios claros, se dará solo cuando la gran avalancha de masas organizadas se disponga a luchar decididamente en las calles, obligando al régimen a negociar su partida en un acto desesperado para salvar su pellejo.

Sobre las elecciones libres y democráticas, en esto no hay dudas, ya que serán un hecho indetenible que ha de suceder una vez se reorganice la institucionalidad del Estado, por lo que la discusión primaria y sin dilación debe atender y resolver temas candentes que giran alrededor del:

Papel y participación de las FAN en los procesos electorales.

Cómo vota la migración.

Revisión de la ley de los procesos electorales y los partidos políticos.

Legalización de los partidos políticos.

Levantamiento de las inhabilitaciones de los dirigentes partidistas.

Depuración del REP.

La representación de la minoría.

El tema de la cedulación y dobles cedulaciones.

El acto electoral y sus mecanismos.

Elecciones de la AN

Es decir, el tema electoral necesita del más amplio debate y acuerdo político entre todos los actores. Ahora bien, en puerta esta las elecciones regulares de la AN, ese es otro tema abordar en la actualidad, abra quienes dirán, en que no hay que participar, otros se aferraran en hacerlo ciegamente.

En todo caso, las elecciones de la AN deben darse el próximo año, y la dirección política de la oposición, está a cargo de concertar una estrategia en donde ponga de relieve la lucha ciudadana en la calle, exigiendo unas elecciones limpias y transparentes. Además de lo propio que exige este concurso. Sin dejar de seguir haciendo esfuerzos por el cese de la usurpación.

Reducir la discusión central de las elecciones, solo a los mecanismos técnicos, candidaturales, o de participar a todas, todas, sin garantías de transparencia y equidad, me parece mediocre y hasta ridícula y solo refleja la desacerbada ambición individual y colectiva de estos grupos, que a la final favorecen al régimen, en todo caso, los temas de carpintería electoral es de segundo plano, por lo que sobresalta el debate político en primera instancia.

Intervención militar 

Quienes rabiosamente invocan el hechizo de la intervención militar extranjera como ruta para salir de la dictadura, omiten la realidad de que Venezuela es un país en disputa de los grandes bloques imperiales, por lo que la decisión de algunos de estos por intervenir no es cosa sencilla, sumémosle la desestatización migratoria que esto ocasionaría, y que ya ha sido visualizada por los países vecinos y del subcontinente, a la cual se oponen porque agravarían la hoy ola migratoria de venezolanos por la que transitan, además de la devastación que implica cualquier intervención bélica,

La propuesta es efímera, no se sustenta sobre ninguna base material, al igual que los “democratistas” desprecian las capacidades de las masas y las desmovilizan, con la ilusión de ponerla a esperar, a que otros vengan a resolvernos los problemas, que debemos atender con nuestras propias manos.

No quiero decir, que en determinado momento, la ayuda internacional no sea necesaria, pero esta va estar sujeta a los niveles de convulsión social interna.

Los apologistas de este cliché vienen haciendo su trabajo por fuera, han llamado la atención del imperio de nuestra región y quien ya ha puesto la carta sobre la mesa. Sin embargo los intervencionistas, aguas abajo, no recrean el escenario posible. Lo que se convierte en una propuesta peligrosa.

El costo de una operación militar 

Desde el punto de vista político, social y económico surge una interrogante que no se debate, –cuál es el costo de una operación militar extranjera–, a sabiendas que nadie hace nada gratis. –Cuál sería el impacto sobre nuestros conciudadanos y las infraestructuras¬–.

No me quisiera imaginar la mortandad espeluznante de la población inocente, improvista y desconcertada, que circundan en área estratégicas y objetivos militares como el Conopoima, el RADI, la GN, la 26 de julio y nuestro pequeño aeropuerto, cuando estas, sean bombardeadas por los cazas gringos. Es decir, el tema no es tan fresco de asumir.

Por otro lado, y de seguro la más acertada, se encuentra un sector que se inscribe en el cese de la usurpación, que dicho de otras formas, sintetizan, el fin de la dictadura, fuera del régimen de Maduro, restablecimiento de la democracia, etc.

Ahora bien, lo que pareciera una ruta atinada, esta tiene debilidades que no terminan de crear el desenlace hacia la democracia, desde mi perspectiva la deficiencia reside en que no se valora la fuerzas de las masas y la plataforma unitaria existente, en todos sus niveles no termina de concebirse, como dirección del cambio político.

Dejando así, la consigna hueca, y eso se ha podido reflejar al plantearse interrogantes en la población como; –de qué forma se come el cese de la usurpación–. Y que desde mi entender, tiene una respuesta sencilla y rápida que se resume, en que tanto dirigentes como ciudadanos deben disponerse a organizar e impulsar una rebelión democrática acompañada de una huelga general.

Hay quienes viven aterrorizados por la diversidad y la gama de facciones en la oposición, cosa que creo natural. En lo particular, eso es de poca importancia, lo significativo es que cada quien trabaje en donde mejor se sienta cómodo, sin ver con celos por el rasero del ojo lo que hace el aliado.

En todo caso, lo imperativo es unificarse en torno al objetivo central y hacer todas las cosas que contribuyan con la meta planteada. Un ingrediente importante, es deslastrarse de todo tipo de autoritarismo y sectarismo en el que nos envolvemos.

Buscar los métodos idóneos que abran los puntos de encuentros sin mezquindad ni hegemonismo, ejercitando el sentido reflexivo, crítico y autocritico. En este camino no hay recetas fijas y no hay una verdad absoluta.

La unidad debe liberarse de la manipulación caudillesca, –si no estás conmigo o con nosotros no estás con la unidad–, estas son acciones que han hecho daño y que se manifiestan en todas las facciones.

Por tanto, el tema de la unidad debe girar alrededor del objetivo central, al respeto de la autonomía y al reconocimiento, en donde cada quien haga las tareas que más crea acertada, pero con amplio criterio de hacer avanzar la caída del régimen sin oxigenarlo. En este sentido, la unidad se plantea en torno a la organización y articulación de la diversidad, a la concertación de acciones comunes, sobre un objetivo común. Es difícil esto, si lo es, pero es una tarea que hay que emprender.

La unidad debe tener patas largas y un camino ancho, porque el fin de la dictadura no significa la gloria, reconstruir el país va requerir un acuerdo de gobernabilidad, un nuevo pacto para el restablecimiento de la democracia, que supere los errores de nuestro pasado reciente, como lo fuera el puntofijismo.

El nuevo convenio debe afianzarse sobre relaciones amplias, democráticas, participativas e incluyentes de toda la diversidad opositora.

Finalmente, ante la complejidad de la dispersión de las fuerzas anti-dictatoriales no hay remedio mágico en el corto plazo. Sin embargo, quienes asumimos la responsabilidad de forjar la unidad, estamos comprometidos en emprender nuestros mejores esfuerzos para allanar el camino que pareciera espinoso, derrumbar las trincheras de lo que nos divide y permitir que las grandes masas de hombres y mujeres registren los cambios que exige la nación.

Reynaldo J. Cortés G.

*Dirigente político guariqueño

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