PORTILLAZOS / Tesis sobre el sabotaje eléctrico

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En ese instante en el que los partidarios del autoproclamado se preguntaban ¿qué más podía hacerse para derrocar a Maduro?, llega el jueves 7 de marzo. Ese día, a las 4:54 de la tarde, en plena hora pico, ocurre el más grande y prolongado apagón del que tenga registro la historia venezolana, que inmediatamente afectó a otros servicios públicos como el transporte y el agua potable.

¿La generación de un “gran apagón nacional” que pueda atribuirse a incompetencia gubernamental venezolana forma parte de las “opciones que están sobre la mesa” de Donald Trump?.

Un apagón eléctrico nacional que pueda tardar días o semanas en solucionarse, es una “excelente” forma para los gringos de generar descontento en la población, con el fin de causar pánico, zozobra, caos y que sea la misma población la que termine deponiendo a sus mandatarios, o por lo menos que cause un nivel de desastre tal, que se justifique el ingreso de “tropas multinacionales” en el país para “restituir el orden” y “llevar ayuda”.

Los apagones eléctricos también causan que no haya agua potable al afectar las estaciones de bombeo, afectan el transporte público (servicios como el Metro y similares) y la producción, conservación y almacenamiento de alimentos. Afectan las telecomunicaciones, telefonía e Internet e impiden que las personas puedan comunicarse con sus familiares y amigos. Afectan los hospitales y centros de salud, pudiendo causar víctimas fatales en quirófanos y salas de terapia intensiva.

Como bien se sabe, el jueves 7 de marzo a las 4:54 de la tarde se produjo la falla eléctrica que interrumpió el servicio eléctrico prácticamente a nivel nacional, en el momento en el que cientos de miles de personas salían de sus trabajos.

A las 6:09 de la tarde, el ministro de electricidad de Venezuela, Luis Motta Domínguez, informó que fue un ataque contra el sistema de generación y transmisión en la central hidroeléctrica del Guri, del cual estimaban recuperarse en 3 horas. Aún no tenían idea de la magnitud del mismo. De cualquier forma, pocas personas pudieron escucharlo.

Si una mente malévola debía decidir a qué hora iniciar un sabotaje eléctrico en Venezuela para causar el mayor disgusto posible en la población, de seguro escogerá la hora de salida del trabajo: es el momento en el que la gente está agotada, sólo piensa en llegar a su casa, y lo último que quieren es tener que enfrentarse a un sistema público de transporte colapsado.

En Caracas, el Metro depende enteramente de la electricidad y moviliza a dos millones de personas al día. Al fallar, los autobuses se vuelven insuficientes. La consecuencia: millones de almas tuvieron que caminar por la ciudad, en algunos casos por varias horas, hasta llegar a sus casas.

Muchos compatriotas que trabajan en Caracas viven en ciudades cercanas y usan el ferrocarril eléctrico de Valles del Tuy o el Metro de Los Teques para llegar allí. Aun cuando la gobernación de Miranda habilitó autobuses, tampoco fueron suficientes y miles de personas tuvieron que formarse pacientemente en largas colas que se extendieron la madrugada del 8 de marzo para llegar a sus casas. Los autobuses de la gobernación trabajaron heroicamente sin parar todo ese tiempo.

La falla afectó de forma inmediata todos los sistemas de telefonía móvil celular de las tres empresas que proveen el servicio en el país (dos privadas y una pública); era imposible hacer llamadas de cualquier tipo, o tener acceso a navegación por Internet. No había señal. No fue sino media hora después de la falla que algunas empresas de telefonía comenzaron a funcionar.

Movilnet, la empresa de telefonía celular del Estado, persistió con sus fallas y era imposible comunicarse por al menos 3 días en la mayor parte del país. Cantv, que provee telefonía fija, tuvo problemas graves, con sectores que por días no tuvieron tono, o que lo tenían, pero no salían llamadas telefónicas, ni siquiera a otros teléfonos fijos de la propia Cantv. Ninguna de las empresas ha denunciado públicamente haber sido víctima de algún sabotaje.

Sobre el tema de la falta de mantenimiento en el sistema eléctrico venezolano, un artículo de Forbes, escrito el 9 de marzo por Kalev Leetaru, académico y emprendedor estadounidense con más de 20 años de experiencia en el mundo de Internet, señala que esto bien pudo ser usado por el gobierno estadounidense como coartada para negar su involucramiento en el ataque a Venezuela. De hecho, la falta de mantenimiento y la deserción de especialistas es algo que facilita los ataques informáticos.

Leetaru explicó en Forbes que no sólo que era muy factible que hubiera ocurrido un ataque cibernético hecho por los Estados Unidos, sino que Estados Unidos necesitaba negarlo, y la mejor forma de hacerlo era aprovecharse de las informaciones de prensa (reales y supuestas) de que había fallas en el mantenimiento del sistema eléctrico venezolano, pues eso haría más fácil convencer a la opinión pública de que no fueron ellos los causantes.

No es de extrañar entonces que, a las pocas horas de ocurrida la falla eléctrica, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, haya tuiteado culpando por el apagón a “la incompetencia” del gobierno venezolano, y salvando a su propio gobierno de cualquier ataque.

Elliott Abrams, enviado especial del gobierno estadounidense para Venezuela, también se apegó al libreto y manifestó algo parecido el 9 de marzo, cuando dijo que “el apagón nacional en Venezuela es un recordatorio de que la infraestructura, una vez sofisticada del país, ha sido saqueada y se ha deteriorado bajo la mala administración de Maduro”.

No podemos negar los problemas que hay en el sistema eléctrico y en el país, pero tampoco podemos negar que esos problemas también ofrecen oportunidades a los saboteadores.

Los bajos sueldos que se reportan entre los trabajadores de la industria eléctrica facilitan encontrar personas dispuestas a sabotear el sistema a cambio de sobornos, algo fundamental si hay que acceder al sistema de forma remota por no tener conexión a Internet, como debieron hacer los estadounidenses e israelíes para implantar el virus Stuxnet en Irán.

Maduro está consciente de que personas dentro de la industria pudieron ayudar con el sabotaje. “Hay muchos infiltrados atacando desde adentro la industria eléctrica, como pasó en el paro de 2002 y 2003… Pero aquellos topos serán descubiertos y castigados,” denunció el jefe de Estado el 9 de marzo, cuando el apagón aún estaba en vías de resolverse.

Autor: Alex Vásquez Portilla

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