LA TORRE DE BABEL / «Venezuela  bajo el signo del terror »

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Venezuela bajo el signo del terror

En julio de éste año se cumplieron 67 años de la publicación del libro testimonial: » Expediente Negro » ; publicación esta, que fue organizada, ordenada y escrita, por un equipo de intelectuales comprometidos desde siempre, con el destino de Venezuela; bajo la rectoría del Dr. Leonardo Ruíz Pineda, quién para ese momento comandaba la resistencia política de Acción Democrática, en su condición de su Secretario General, en la clandestinidad, contra la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.

Ese equipo editorial, fueron: Ramón J. Velázquez; Simón Alberto Consalvi; José Agustín Catala; y Juan Liscano.

Bajo las condiciones más adversas y bajo la persecución policíaca más feroz, éstos ilustres venezolanos; con bisturí en la mano hicieron la diagnosis del cuerpo social, político y económico de la nación venezolana, de ese tiempo.

Tanto el historiador Ramón J. Velázquez, como el propio Leonardo Ruiz Pineda, coautores de la obra, coincidieron en la afirmación, conforme a la cual, ese trabajo laborioso, era una suerte de » requisitoria » , contra el estado de cosas bárbaras, que padecía el país bajo la dictadura militar putchista.

Nuestro héroe civil, Leonardo Ruiz Pineda, escribió el prólogo de » Expediente Negro »; bajo el título sobrecogedor : » Venezuela Bajo el Signo del Terror » ; título este que he tomado prestado, para encabezar este trabajo.

Dos meses después ( 21-10-52 ) de publicado el libro, fue asesinado en la calle principal San Agustín del Sur, Caracas, el Dr. Leonardo Ruíz Pineda. Se le cobraba así, su audacia de publicar un libro, que ponía al desnudo las miserias humanas de los comandantes, como los llamaba la víctima.

La lectura de: » Expediente Negro », desgarra el alma; así como desgarró el alma de los acciondemocratistas, ante la perpetración de semejante crimen político

Hasta ese momento infausto y doloroso; los venezolanos estaban persuadidos, de que las monstruosidades criminales y genocidas contra grupos humanos, solo fue posible en la Alemania nazi, recién derrotada por los ejércitos aliados; pero, nunca, en Venezuela, que venía bajo las banderas de un gobierno democrático ( 1945-1948 ) libertario, que les reivindicó su derecho despojado al ejercicio pleno de su soberanía.

En mi opinión, pienso, que la importancia capital, del libro testimonial:  » Expediente Negro »,  nradica en que no fue producto de la ficción macabra de un grupo de intelectuales, escritores y poetas; que se dieron a la tarea de recrearla; sino que, por el contrario, esos intelectuales, bajaron hasta el pantano; oyeron a los pocos sobrevivientes; oyeron a las viudas; consolaron a los hijos huérfanos; constataron los ríos de sangre, que no solo anegaron las calles del país, sino que retrataron los hilos de sangre, que salían por las ranuras de las rejas de los calabozos de las mazmorras, que aprisionaban a los políticos disidentes, a dirigentes obreros y campesinos, maestros, profesores, amas de casas, estudiantes, religiosos y profesionales.

Pero, al lado de éste testimonio dantesco y espeluznante;     creo, que el prólogo: » Venezuela Bajo el Signo del Terror » , no solo le agrega relevancia política a esos hechos vivenciales revulsivos; sino, que también, ante los lectores, ante el país y ante el mundo, nos descubrió a un hombre inmenso en el manejo de las vicisitudes de la acción política.

Cuando uno lee: » Venezuela Bajo el Signo del Terror » ; da la sensación de que su lectura no es un prólogo a la Obra publicada, un apéndice que hace un paneo del contenido del libro, que se tiene entre las manos. No, la sensación adicional es, que estamos en presencia, de otra obra; pero, no distinta al libro principal; sino la profundización de él; pero, no escrito ya en colectivo, sino en la soledad del inspirador de esa obra.

En dicho escrito, podemos percibir, que el Dr. Leonardo Ruíz Pineda, sufre una transfiguración.

Ya, no son las voces polifónicas, que en principio hablaron en : »  Expediente Negro » . Ahora, en nuestra soledad ingrima, solo estamos escuchando a un político, que traza y habla de estrategia, para derrotar el mal. Oímos a un hombre guerrero, pese a su condición humanística de intelectual, que nos explica al mejor estilo del general francés Clemenceu, el orden de las tácticas de la guerra cívica; para infligir daños a los flancos del terrible enemigo; con ahorro de daños colaterales.

Ensimismado y con delectación, estamos oyendo al estadista, que nos dice ante las horas menguadas, que si se puede.

El estadista desde las catacumbas, nos repite, lo que en tiempos de su mocedad ya dijo, en sus cordilleras tachirenses: » No reclamo amnistía simplemente porque quienes sufren prisión y destierro sean mis compañeros. También lo haría si se tratara de otros venezolanos. Lo hago porque creo que ya es tiempo de dar término a las persecuciones entre hermanos y porque pienso que en el suelo de la patria, bajo nuestro cielo cabemos sin estorbarnos todos los venezolanos » .

El peregrino de la libertad y la democracia, fue muerto a balazos por una pandilla de sicofantes al servicio de la dictadura militar.

Pero, hay que decir sin ambages, que jamás pudieron matar su obra, su gesta y su ejemplo de hombre valiente, que nunca abandonó sus banderas del decoro y la dignidad nacional.

Del acto vil de su asesinato, el historiador, paisano y amigo entrañable, Dr. Ramón J. Velásquez, dejó consignado: » Crimen tremendo por inútil, matar a Leonardo era transformar su carne temporal en un bronce eterno ».

Ofil Guillermo Cepeda 

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