Julio César Pineda: Estados Unidos «El final del imperio»

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El siglo XXI en la geopolítica mundial nos está confirmando el ocaso del poder imperial de Estados Unidos. La bipolaridad después de la Segunda Guerra Mundial dividió al planeta entre Moscú y Washington con influencias respectivas bajo el capitalismo y el comunismo. Con la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos se perfiló como el centro del poder mundial, la súper potencia parecía darle la razón al profesor Francis Fukuyama, con el “El Fin de la Historia” y la imposición del modelo occidental de democracia y de economía de mercado. Fue Samuel Huntington, quien avizoró contrariando a Fukuyama la nueva realidad del fraccionamiento del mundo en confrontaciones permanentes por razones culturales. “El Choque de Civilizaciones” generó la multipolaridad de hoy. Washington dominó la segunda parte del siglo XX y desde el siglo XIX era la referencia económica, aunque en esa época Gran Bretaña, todavía ejercía el predominio estratégico con su dominio de los mares y la realidad colonial. La decisión norteamericana de participar en la I Guerra Mundial fue determinante en la derrota del Imperio Turco Austro-Húngaro y alemán. El nuevo Medio Oriente, fue repartido entre franceses e ingleses pero también ahí estuvo la presencia estadounidense, especialmente a partir de la II Guerra Mundial con el control del petróleo. El aislamiento geográfico por los dos océanos y el tener en el norte y en el sur fronteras les facilitó su desarrollo creciente.

La ayuda económica para la reconstrucción europea alineó a Europa con Washington y capitalizarse frente al comunismo soviético, la dirección del mundo libre pero como señalaba Arnold Toynbee los imperios tienen sus etapas de nacimiento, crecimiento y decadencia. En 1949, con la primera explosión nuclear rusa, Washington cedió el monopolio atómico, fue perdiendo por sus intervenciones en el tercer mundo el afecto de países No Alineados. En ciencia y tecnología, rusos y europeos lograron avances importantes, en 1975 fue el dominio espacial soviético con el Sputnik. La tecnología de los misiles rusos y chinos acercaban los objetivos militares y estratégicos al territorio norteamericano. Derrotas como la de Vietnam y equivocaciones como las de Irak y las de Afganistán, fragilizaron su poderío; como la pérdida de aliados en el caso de Irán después de la revolución. Japón y Corea fueron ganando terreno en el campo industrial como fue el caso de los automóviles y la robótica, unido a la pérdida de la fortaleza del dólar y competencias en otras monedas como el euro.

Para Estados Unidos, ya es imposible actuar como el gran director de orquesta de la comunidad mundial salvo con alianzas y colisiones y la convivencia con grandes espacios geopolíticos y geoeconómicos. Será imposible ahora para el Presidente Donald Trump reeditar las políticas unilaterales de anteriores presidentes republicanos y mantener el sueño de la súper potencia militar económica y estratégica. Fue Barack Obama quien mejor pudo interpretar esta nueva realidad entendiendo la multipolaridad y el imperativo de diálogo y de la negociación. Por eso su política hacia Latinoamérica y la Unión Europea y su acercamiento al continente africano y al mundo árabe.

El fortalecimiento del TLC y del libre comercio con Europa y Asia fue demostración de su fe en la libertad de intercambio económico y en la aceptación de reglas multilaterales fundamentalmente la dirección de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Iniciativas que ahora el Presidente Trump quiere dejar de lado. Sería un pecado político continuar con la guerra económica con China, Rusia y Europa, bajo la excusa de proteger los precios del acero y del aluminio. Hemos visto la respuesta Pekín al castigar a múltiples bienes y servicios norteamericanos. Sería fatal reabrir el expediente nuclear iraní tan cuidadosamente elaborado por el presidente Obama. Con la nueva dirección política del Presidente Hasán Rouhaní y con el acuerdo entre los miembros del Consejo de Seguridad además de Alemania.

El nacionalismo y el proteccionismo son anacrónicos en el complejo y dinámico mundo de la diplomacia de hoy. Esto puede conducir a una nueva versión de la Guerra Fría con incidentes que se multiplican y por las desafortunadas declaraciones casi siempre vía Twitter del Presidente Trump.
Es importante señalar que la pérdida del período norteamericano también es el cierre del monopolio de todo Occidente y el necesario reparto de responsabilidades y beneficios de un Nuevo Orden Mundial, multicéntrico, con cooperación y solidaridad.

Hoy se tiene que tomar en cuenta más allá de las variables económica, política y militar; la ecológica y la ambiental, por eso la importancia de la supranacionalidad de los tratados y las instituciones contra el calentamiento global y por la defensa de un desarrollo sostenible y sustentable para las futuras generaciones, salvo el Presidente Donald Trump y su gobierno, todos los miembros de las Naciones Unidas han firmado y ratificado los acuerdos de la COP21, COP22 Y COP23, celebradas en Francia, Marruecos y Alemania.

Fuente 

El Universal

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