El país fabulado / Pillaje político

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Pillaje: Robo, rapiña o estafa o saqueo realizado con violencia aprovechando un descuido o la falta de defensa, especialmente el llevado a cabo de forma colectiva.

El saqueo, también llamado pillaje, es la toma o el apoderamiento ilegítimo e indiscriminado de bienes ajenos: por la fuerza como parte de una victoria política o militar; en el transcurso de una catástrofe, o tumulto, como una guerra; o bien pacíficamente, aprovechando el descuido o la falta de vigilancia de bienes.

Venezuela está siendo objeto de una agresión sin precedente por razones políticas, el imperio gringo, hoy de la mano de Donald Trump, se obsesionó contra nuestro país y tiene entre ceja y ceja derrocar al presidente Maduro y acabar, como sea, con la Revolución Bolivariana, incluso violando descaradamente el orden y el derecho internacional.

Para lograr ese objetivo el imperio yanqui asumió, por la calle del medio, el uso indiscriminado de la piratería política. Veamos:

Autoproclamado. Presionó y acosó al extremo para que un fantoche y agente de los EE.UU. se autoproclamara como presidente de Venezuela, impuesto a la sombra de oscuros intereses y autoproclamado al margen de la Ley, haciéndolo montado en una tarima en plena calle, peor que Pedro Carmona Estanga.

Fantoche es un muñeco que se mueve por medio de una cruceta de la cual cuelgan unos hilos que van atados a su cuerpo o bien metiendo la mano por debajo del vestido; se usa generalmente para representaciones teatrales infantiles o populares.

Juan Guaidó, militante de Voluntad Popular, partido terrorista de extrema derecha, adornará la historia como el primer fantoche del siglo XXI en Latino América. Es un bufón, chiquilicuatro (1), marioneta, monigote, muñeco, títere.

Guaidó presume de lo que no es, por ejemplo, supone que es muy inteligente o que es presidente de todos los venezolanos.

Un gobierno, aunque sea provisorio, tiene que disponer de un aparato burocrático, tribunales de justicia, cuerpo policial y -lo más sustancial- contar con fuerzas armadas esparcidas por toda la geografía nacional que juran obediencia -o fingen hacerlo- al gobernante fantoche.

Tenemos en Venezuela un mamarracho al cual ni el policía de pie le para la mínima bola. Guaidó es un gobernante sin gobierno. No controla aspecto alguno de la vida venezolana. El aparato administrativo, los servicios públicos, las comunicaciones, el presupuesto nacional, la policía, las FANB, el espacio territorial, marítimo y aéreo, todo está bajo las órdenes y control absoluto del Presidente Constitucional de la República, Nicolás Maduro.

Esto hace aún más risible -o tristemente ridículo- el rol del “presidente” Guaidó.

En concreto, lo mínimo que exigen las reglas del aparato imperial para someter a un pueblo es que el gobernante fantoche controle toda o buena parte del país.

El imperio gringo actuando con una exagerada piratería política, nada extraño en él, invirtió actualmente en Venezuela las reglas del juego. Debió, primero que nada, crear los escenarios institucionales o las condiciones mínimas que permitieran designar al fantoche, alocadamente inició el golpe de Estado construyendo la cúpula de la pirámide. El resultado no puede sino catalogarse como una catástrofe de la teoría y de la práctica política. Parece que Trump y sus funcionarios nunca leyeron El Príncipe de Nicolás Maquiavelo (2). Un poco de lectura no hace daño ni menoscaba la salud de las neuronas cerebrales.

Un país en rebatiña. Pese a que se le pinta como un país en ruinas, Venezuela es actualmente una codiciada piñata a la que EE.UU., el Reino Unido y sus aliados dentro de Venezuela le están entrando a palos en lo que parece ser el comienzo de la rebatiña sin haber tomado el poder legalmente.

En Londres, 1,2 millardos de dólares en oro, pertenecientes a la nación venezolana, están retenidos ilegalmente por el banco encargado de custodiarlos.

En Estados Unidos, el Departamento del Tesoro, a través de un claro acto de piratería político-económico, congeló 7 mil millones de dólares pertenecientes a Petróleos de Venezuela.

Solo con esas dos confiscaciones, que seguramente no serán las únicas acciones de piratería imperial, ya se alcanza un monto de 8 mil 200 millones de dólares, mientras las promesas de Washington en materia de ayuda humanitaria alcanzan apenas los 20 millones de dólares, una cifra 410 veces más pequeña.

El robo de estas riquezas venezolanas se produce ante la vista del mundo entero, con el pretexto de entregarlas al “gobierno” del diputado Juan Guaidó, autoproclamado presidente, a quien los gobiernos de EE.UU. y sus aliados reconocen como legítimo.

Aquí se demuestran los verdaderos motivos imperialistas tras la guerra contra Venezuela: el pillaje sobre su riqueza petrolera y minera. Imagínense lo que harán con los pozos petroleros y la riqueza minera venezolana si Guaidó llegara a controlar el gobierno. Dios nos coja confesados.

Nosotros, seamos serios. Ojalá que el gobierno de Venezuela mantenga la calma, la cordura, la inteligencia, la racionalidad y no convierta esta comedia en un drama. Hay que dejar que las payasadas las hagan los Trump, los Pompeo, los Bolsonaro, los Macri, los Guaidó y los perritos falderos que mueven la colita al imperio del Grupo Lima.

Alex Vásquez Portilla

(1) Hombre inexperto o de poca importancia.

(2) Tratado político del siglo XVI del diplomático y teórico político italiano Nicolás Maquiavelo

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