El país fabulado / Funeral político sin dolientes (y II)

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La difunta, primera actriz de este trabajo, la sacaron de la morgue de manera inusual. Familiares, allegados o amigos se negaron acompañarla a la funeraria, pagaron para que la empresa mortuoria se encargara de realizar su traslado.

La interfecta fue traslada sin protocolo de ningún tipo a la Funeraria La Lacaya, y trasladaron su cuerpo al salón velatorio La Guarimba. Se desconoce quién o quienes sufragaron todos los gastos que causó esta muerte.

Entre telones nos enteramos que se hizo una colecta pública en la plaza Francia de Altamira porque nadie quiso afectar su presupuesto para ayudar con los gastos..

Durante los dos días que duró el acto velatorio, a pesar de todos los pronósticos, la funeraria se exhibía prácticamente vacía. En la entrada del establecimiento se encontraba un grupo de medios de comunicación hambrientos de noticias, pero había mucha sequía por la exigua afluencia de gente e informantes.

En el jardín se encontraba intensamente alegre María Corina Machado, hablaba con el encargado de negocio de los EE.UU. y pudimos escuchar que se sentía muy contenta con la muerte de la señora difunta porque desde ahora su proyecto político se podía imponer con mayor habilidad y que el señor Trump (su patrono), con ella a la cabeza, tendría un aliado incondicional y gratuito para derrocar el dictador de Venezuela.

Unos metros más allá y con una sonrisa de oreja a oreja charlaba muy alborozado Henrique Capriles, le dijo a uno de sus incondicionales que con esta muerte su liderazgo volvería a agarrar fuerza. “No sabes cuanto me alegra que esta bicha haya muerto, después de algo de mengua, mi liderazgo volverá a la palestra, a rey muerto rey puesto, ja ja ja ja…”

“A mí no me alegra, pero me da un gustico bien sabroso esta muerte, en vida de ella me tenían marginado, ninguneado y casi un cero a la izquierda, mi partido político les olía muy mal como si fuera una excreta, eso se acabó con esta muerte que me deleita, tengo gran esperanza con su sustituta para que me ponga donde debo estar”. Parlamentaba Andrés Velásquez con Simón Calzadilla.

En uno de los pasillos nos encontramos un hombre que hablaba hasta por los codos y casi gritando, no se cansaba de decir que la muerte de la difunta era necesaria porque coadyubaba a unir las fuerzas contra el dictador. Se trataba de Ismael García que andaba casi clandestino para evitar el acoso de la dictadura.

En la cafetería se encontraba Jesús “Chúo” Torrealba celebrando con Ramón Guillermo Aveledo esta anhelada muerte, a cada rato brindaban con champán. El Chúo le decía “si tu o yo no hubiéramos sido descabezados de la unidad hoy no tuviéramos presenciando esta muerte tan huérfana de cófrades y aliados”.

Ramos Allup, a pesar del patatús que le dio, brincaba en una pata elogiando esta muerte, le decía a Barboza “te lo dije Omar que esta señora tenía los días contados por su mal vivir, por su mal comportamiento y desfachatez, nunca contribuyó a sanear las diferencias y las peleas. Gracias a dios estiró la pata, que el diablo la acoja en su candelero”.

Les ofrecemos el Twitter que escribió Antonio Ledezma desde España: “Felicitaciones a mis compañeros de segregación en Venezuela, por fin salieron de esta señora tan incómoda para lograr nuestros objetivos personales, sobre todo el mío. Sigan confiando en mí para sustituir a Maduro”.

Lo propio hizo Julio Borges desde cualquier parte del mundo donde se encuentra solicitando más sanciones y dólares para agravar la tragedia de los venezolanos. En su Twitter escribió: “Nadie debe alegrarse con la muerte de nadie, pero tengo que hacer una honrosa excepción, esta señora se convirtió en una incomoda molestia porque no pudo que todos se alinearan en torno a mi persona como el más original y completo de los políticos de la oposición. Que no descanse en paz nunca y que dios no la tenga en su gloria”.

Y tal como estaba pautado, se inicio el proceso de traslado de la difunta al enterramiento de su cuerpo en el Jardín de Los Desventurados.

Así, sin pena ni gloria, murió y fue sepultada la que en vida llamaran MUD.

Alex Vásquez Portilla

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