Edgardo Malaspina / Los tres pilares del socialismo son también su talón de Aquiles

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San Juan de los Morros.- No hablaremos de las tres fuentes y las tres partes del marxismo, el artículo donde Lenin se refirió a la filosofía clásica  alemana (materialismo-dialéctica), la economía inglesa (plusvalía de David Ricardo) y el socialismo utópico francés. Eso es teoría nebulosa. Hablaremos de lo que ha sido comprobado en la práctica. El mismo Lenin decía que la práctica  corregía lo que estaba en los libros.

Los tres pilares del socialismo  provienen de Rusia, donde las ideas marxistas triunfaron por primera vez para repetirse en otros países sin muchas modificaciones. Esos pilares son: la expropiación, la dictadura del proletariado  y el pensamiento único. Históricamente esas ideas se materializaron en ese orden; y todas juntas conformaron el trípode del desastre y la miseria.

Esos tres pilares del socialismo son sus fortalezas y sus debilidades también.

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En el Manifiesto del Partido Comunista (1848) Marx y Engels hablan, entre otras cosas, de las leyes del desarrollo social, la lucha de clases y explican que la propiedad privada es la causa de todos los males y por lo tanto hay que abolirla. Veamos: “Los proletarios no pueden conquistar las fuerzas productivas sociales sino aboliendo el modo de apropiación en vigor y, por tanto, todo modo de apropiación existente hasta nuestros días. Los proletarios no tienen nada que salvaguardar; tienen que destruir todo lo que hasta ahora ha venido garantizando y asegurando la propiedad privada existente”.

El punto clave está en la palabra “destruir”. Cualquiera sabe que eso es muy fácil. Lo difícil es el antónimo de ese verbo: “construir”. Todos los países que se declararon socialistas (estrictamente alrededor de treinta) y aplicaron las idea de expropiación planteada en el Manifiesto terminaron en la ruina; y sólo pudieron revertir la inopia de sus habitantes devolviendo lo expropiado.

La tesis de la expropiación nunca prosperó en el mundo real; por eso en la red circula un collage con los personajes cuyas ideas nunca funcionaron. Allí está Marx junto a gato Tom y otros héroes de las “fantasías animadas de ayer y hoy”.

El refrán  popular “el ojo del amo engorda al caballo” tiene fundamentos más firmes que todas las teorías expropiatorias.                                                    

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El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (Luego Partido Comunista de la URSS) se dividió en 1903 por razones ideológicas en dos fracciones: la de los “bolcheviques” (mayoría) y la de los “mencheviques” (minoría o ¿escuálidos? )

 En 1917 los bolcheviques con Lenin a la cabeza tomaron el poder. El mismo Lenin decía que Rusia se había convertido en el país más democrático del mundo porque cualquiera se paraba en una esquina y gritaba lo que le daba la gana. En medio de esa fiesta democrática  Lenin convocó a elecciones generales para 1918. Los mencheviques  ganaron en un montón de ciudades.

Entonces Lenin entendió que de esa manera perderían el poder los bolcheviques y anuló los resultados. Los mencheviques fueron inhabilitados, perseguidos y arrestados. Lenin decretó la dictadura del proletariado (llamada así para diferenciarla de las dictaduras malas). Desde entonces los bolcheviques convocaron elecciones que jamás perderían (¿les suena?). Ese patrón fue repetido por todos los marxistas  duros en sus respectivos países “socialistas”.

Así se acabaron las discusiones entre los marxistas sobre  la “dictadura del proletariado” como forma democrática de un gobierno revolucionario: simplemente es una dictadura con todos sus atropellos y desmanes, pero de izquierda.

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La libertad plena para expresar las ideas estuvo vigente entre los bolcheviques hasta que Lenin enfermó gravemente en 1922 y empezó la controversia sucesoral. ¿Quién heredará el poder político después que Lenin muera? Se barajaban dos nombres: Stalin y Trotsky. Lenin escribió una carta  explicando que Stalin no podía dirigir los destinos de partido porque su soberbia era un peligro para los otros camaradas y para el país en general.

Lenin estaba bajo tratamiento en Gorki, una ciudadela en la afueras de Moscú. Después de tres infartos cerebrales sus facultades intelectuales eran precarias. Estaba en silla de ruedas y tenía dificultades para leer y escribir.

Lenin pidió que la carta se publicara en el Pravda, el órgano oficial del Partido Comunista de la URSS. El propio Stalin le llevó el periódico fresquito, recién publicado; y Lenin se regocijó por el talante democrático de su camarada. Lo que nuca supo Lenin es que el Pravda que le llevó Stalin fue publicado en un solo ejemplar para engañarlo.

Este hecho extravagante en la historia del periodismo universal significo el fin de la libertad de expresión en el socialismo y el inició de un nuevo modelo: el pensamiento único.

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Ya lo dijo el trovador cubano Carlos Puebla: llegó el comandante y mandó a parar. Y se paró la democracia, el desarrollo, el progreso, la economía, el transporte, las universidades, el efectivo, la libertad de expresión, la esperanza y todo el país…

Edgardo Malaspina

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