DESDE EL ALMA / Palabras de despedida para José Emiliano Muñoz  

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Guárico.- La partida de un amigo siempre deja un profundo vacío en el alma. Un amigo es un tesoro que en el curso de la vida nos encontramos y logramos conservar. Un amigo es más que un hermano, porque a éste lo une un vínculo sanguíneo, al amigo lo une una manifestación de sincero afecto.

Un amigo oye con atención nuestras conversaciones y se place con augusto sentimiento el compartir largas pláticas sin signos de aburrimiento, cansancio o fatiga.

Te brinda su apoyo en momentos donde tus fuerzas se desvanecen y celebra contigo tus éxitos, alegrías y felicidad; pero más aun, incondicionalmente está contigo en las tribulaciones de la vida.

Hoy 8 de Julio 2019, despuntando el alba, partió el alma de mi gran amigo JOSÉ EMILIANO MUÑOZ. La muerte temprana le arrebató físicamente de este mundo, para volar libre al abrigo de la misericordia del Señor. Fue un hombre de una sublime calidad humana que con hidalguía enfrentó cada desafío que las marañas de la vida le juega a los hombres de lucha. Supo sortear cada traición en las batallas sindicales y hacer de sus silentes enemigos, buenos compañeros de camino.

Su ejemplo trasciende los límites de los avatares sindicales, su claridad en el combate le permitió ser una referencia de lucha y un acertado analista en las resoluciones de los conflictos que con pasión de líder asumía como compromiso personal.

Su experiencia acumulada por más de treinta años como dirigente sindical, le permitió cultivar discípulos que con valentía asumieron la lucha reivindicativa, en los tiempos que el trabajo era una esclavitud en Venezuela.

Fue sin equívocos un referente moral, ético y un audaz líder sindical que tuvo la sapiencia para interpretar las desavenencias laborales y comprender que la lucha tendría sentido cuando la misma pretendiera el bienestar colectivo de los trabajadores.

Austero con el personal a su cargo, pero amigo, padre y maestro de todos ellos, sus reclamos eran para sus colaboradores un recitar de rectitud que volvía al compromiso los desmanes de sus muchachas y muchachos. Era un líder, que desentrañaba malestares ocultos en los ambientes laborales y capitalizaba sus resultados. Nunca enajenó su dignidad a ninguna autoridad patronal, de allí su respeto moral.

Fue víctima de la discriminación política criminal de seudos chavistas que vulneraron sus derechos laborales a los que el Estado no tuvo la voluntad de restablecerle y como consecuencia le agravó los influjos de las enfermedades que venía padeciendo.

 Quedará en la de quienes le conculcaron sus salarios y a pesar de haberse ordenado el restablecimiento de sus derechos, opusieron todos los artificios posibles para mantenerlo privado del disfrute de sus haberes salariales con los cuales podía adquirir los medicamentos necesarios para minimizar los efectos de sus enfermedades.

Quizás tu humanidad a la hora de tu partida, amigo mío, haya perdonado a los criminales que desde sus puestos de mando socavaron tus derechos, pero ten la certeza, que Dios les cobrará con creces el crimen cometido contra tu humanidad.

Vuela libre mi hermano, libre como siempre fuiste, desprende tu alma de toda atadura que hayas dejado inconclusa. Pues, fue el momento que Dios dispuso para darle reposo al sosiego de tu alma.

Cuántos sufrimientos habrás almacenado en el trajinoso desdén de tu silencio, que nunca supimos, que nunca nos comunicaste, que jamás revelaste a nadie, pero que en el letargo trajinar de tus dolores, cansancios y angustias diezmaban la fortaleza de tu espíritu.

De ti conservo como patrimonio de mi vida el hecho de haberme considerado desde siempre como tu amigo, dignidad que recíprocamente te dispense, siempre bajo la distinción de saber que éramos realmente amigos y que por siempre así lo seremos, no importa que ya no estés para reunirnos, compartir un café, una arepa, un pan, un pasaje, un abrazo, un consejo, un análisis, una recomendación, o cualquier otra cosa que el indómito espíritu de tu lucha se le ocurriera, pues, siempre oiré tu voz y tus apreciaciones llenas de elogio y admiración que con sincero aprecio nos proferíamos, sabiendo que nos caracterizó una devoción común, la prosperidad del pueblo y la desprendida vocación de servir a quienes necesitaran nuestros servicios, independientemente donde vivieran o de que pensamiento político fueran.

Eres y por la eternidad serás mi amigo, mi hermano, mi camarada, mi compañero de lucha por el Guárico, mi consejero en decisiones trascendentales, mi pana en el diverso transitar de mis romances, y un hombre a quien le dispense la admiración de padre; pues eras el único que le permití reproches contra mi conducta, cuando prudente y acertadamente sabías que eran distintas al instituto de mi aptitud personal. Te llevo en el alma mi amigo, eternamente tú más fiel y servidor amigo.

 Junior Paradas 

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