Daniel R Scott / A los expatriados

121

A lo mejor ya lo has olvidado, pero créeme que -yo siempre me acuerdo-, del día aquel de julio de 2016 cuando, aquí en mi trabajo, luego de explicarme tus luchas por subsistir en este país, dijiste, no una sino dos veces: “En este país no se puede vivir”.

Ahora veo en esa sentencia algo muy trascendental en tu vida. Marcó un antes y un después. Quizá no lo sabías en ese momento de aparente derrota y desalientos, pero estabas cerrando un capítulo y abriendo otro donde finalmente, pudiste explorar una faceta de tu personalidad que de otra manera no hubieras explorado…

Mientras siguieras en Venezuela, esa área o faceta de tu personalidad no iba a pasar de ser un embrión atrofiado sin ninguna posibilidad de crecimiento.

Y el ser humano debe crecer en el lugar donde tenga que crecer, sin que ningún hombre u ideología se lo impida, y echando fuera toda añoranza y amor por el terruño, por muy doloroso que resulte. Porque, al parecer, como el verso profético de Andrés Eloy Blanco dijo una vez, refiriéndose al caso venezolano: «El hijo grande muere afuera y el hijo vil se eterniza adentro». No fue aquí, pero tu espíritu se hace grande allá.

 

Daniel R.  Scott

Facebook
Loading...

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.