ARGENIS RANUÁREZ ANGARITA / Tamayo y la igualdad

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Imagen realizada por el fotógrafo Faustino Perozo.

El gran naturalista venezolano Francisco Tamayo Yépes, estudió profundamente al llano, y su obra escrita es un monumentos la vocación investigativa y a la pasión venezolanista.

Tamayo estudió, procesó y publicó, y al denunciar abandono, desidia y torpeza, hizo también prospectiva para salvar esos trescientos kilómetros cuadrados de tierras útiles que no vaciló en llamar “Gran Rastrojo”.

Fue partidario al proyecto de llevar agua del Orinoco a Caracas a través de Estado Guárico, previos estudios sobre el impacto ambiental.

Tamayo fue partidario de la igualdad social. Consideró como bien socialista, que esta “rebaja consecuentemente el delito, el robo, el asalto, la mendicidad, el desempleo, la prostitución, el vicio y las enfermedades, con todo lo cual disminuyen los gastos de policía, prisiones y hospitales”.

Dolorosamente, en este llamado Socialismo del Siglo XXI, se nos igualó hacia abajo, comprimiendo a las clases medias -alta, media/media y baja- hacia abajo, bien abajo, haciéndonos una sola clase de pobres, depauperados, desamparados y desesperados, mientras la otra clase –ricos nuevos y viejos ricos- arriba, privilegio que da el poder, buena vida que da el dinero.

Hoy en Venezuela, ningún presupuesto es suficiente para policía, hospitales y prisiones. Tamayo se adelantó a su tiempo como todo sabio, advirtió resultados a futuro.

“…esta cruel desigualdad es una de las más grandes torpezas de las clases privilegiadas”, afirmó el Maestro, cuyas enseñanzas jamás olvidaremos en aquellas largas conversas en la sombreada Plaza Bolívar de San Juan, rumbo a Calabozo a la Estación biológica objeto de sus mejores desvelos.

No éramos comunistas por influencias de recién triunfante revolución cubana, éramos y seguimos siendo socialistas por tener en casa a Ranuárez distante del individualismo, del egoísmo y del colonialismo, por tener frente a nuestra casa al sabio vecino, JF Torrealba y a su hijo Witremundo, socialistas. En Caracas teníamos a Alejandro Colina, socialista hasta su muerte, y en la Plaza Bolívar de San Juan, a Tamayo, Socialista.
Ese socialismo que tenemos como filosofía de vida y no como teoría económica se opone por se contrario, opuesto, distinto y distante al pernicioso individualismo que rinde culto al “yo” y que en economía se traduce en “para mí, para mí, para mí…”.

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