Américo Martín / Pesimistas y optimistas

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La Cumbre de las Américas se ha convertido en plaza fuerte. Es posible que la artillería crítica contra el gobierno de Maduro alcance dimensiones terminales capaces de demostrar, aún sin emplear la fuerza militar, lo que puede lograr la defensa de los derechos humanos cuando se engrana perfectamente con el clamor popular por el cambio democrático.

El derecho a la vida y a la condición ciudadana es lo que con extrema crueldad le han arrebatado a los venezolanos. La indiferencia pesimista subvalora el enorme potencial de una humanidad unida y resuelta a prestar ayuda solidaria. En su obra La interpretación pesimista de la Sociología Hispanoamericana, Augusto Mijares se levanta contra el pesimismo que sacraliza caudillos y déspotas.

Dice Mijares: “Tal fue la tesis según la cual nuestra historia era una exaltación de la fuerza material…” La primera edición de esta obra es de 1938 y sin embargo, sus argumentos anticipan simplismos polémicos de estos trágicos tiempos. La desesperación popular induce a ratos un derrotismo cerrado a piedra y lodo a quienes razonan soluciones creativas. Prefiere cubrirlos de epítetos difamatorios: la traición está en todas las esquinas, “por eso estamos como estamos”. Frases más sonoras que sustanciales.

El pesimismo refleja también resignación y falta de ánimo para la acción. Por no aceptarlo, se prodigan en la caza de culpables. Se puede tolerar todo eso en nombre de la libertad de crítica y el respeto a los principios. El problema es que perjudicando la unidad y desestimando la enorme importancia de la AN, desarman el brazo opositor.

Parece que las elecciones del 20 de mayo no serían universalmente reconocidas, lo que pondría a Maduro fuera de la OEA y con precarias relaciones exteriores. El desconocimiento oficialista de las negociaciones dominicanas intensificó el protagonismo internacional en respaldo a Venezuela. Que después de recibir el descomunal respaldo que se le está brindando, la oposición le quitará la banqueta a sus amigos del mundo sería a mi juicio muy cuestionable. En lo personal es lo que me lleva a no votar el 20 de mayo y a insistir en las creíbles elecciones previstas en Santo Domingo.

La AN, y los legítimos TSJ y FGR son los tres únicos poderes reconocidos por el mundo. Su legitimidad viene de la Constitución y de la aceptación de la comunidad internacional. Si esa troika convocara un referendo para que se escuche al pueblo, daría un gran paso hacia la democratización e institucionalización de nuestro abrumado país.

Si las elecciones de mayo no son reconocidas por el universo solidario y se profundizan la crisis y las sanciones, el cambio democrático incruento y constitucional estaría a la orden del día.

¿Cómo interpretar entonces el recrudecimiento de los ataques contra la institución que puede canalizar la situación hacia la democracia mediante elecciones en los términos de Santo Domingo?

Por algo la delegación madurista rechazó esa salida.

Por algo la oposición democrática, en línea con la comunidad universal, la aceptó.

Américo Martín

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