Cuando en Los Cedros quebraban la olla

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Guárico.- En la comunidad de Los Cedros, municipio Roscio del estado Guárico funciona una escuela llamada AC 50 Los Cedros, lleva el mismo nombre del sector. el cual se llama de esta manera, por la gran cantidad de cedros que en un tiempo hubo allí.

Cuentan sus habitantes, que hace más de 60 años,  apenas comenzaba la Semana Santa se reunían en la casa de Félix Carrillo, uno de los principales promotores de esta celebración religiosa.

En casa de este vecino, se realizaban todos los juegos tradicionales: Allí roncaba la zaranda y el trompo. Se jugaba metras. Y las niñas saltaban y hacían ronda entonando las canciones infantiles de la época.

Durante la Semana Santa, desde el lunes hasta el viernes, todo el mundo agarraba carretera para la procesión. A “patica” para la iglesia que aun está frente a la plaza Bolívar de San Juan de los Morros.

El viernes a la media noche, regresaban en cambote desde la procesión hacia los Cedros, cuando ya iban llegando, a la altura de Cumbre, frente a la escuelita, Félix Carrillo decía: «Mañana es sábado, recuerden que nos toca quebrar la olla».

Entonces todos se alborotaban como en un gallinero. Algunos ofrecían llevar gallinas, otras verduras, la leña le correspondía a quien tuviera burros. Y la bebida que nunca faltaba.

Ese sábado, desde temprano, Los Cedros amanecía de fiesta. Eran varios fogones y sobre estos, las ollas de barro fabricadas por Paula Morgado. Una de las ollas era especial, grande y muy bien realizada.

Después del mediodía todos comían sopa hasta saciar su hambre. Los adultos jugaban bolas criollas y conversaban. Los niños corrían y saltaban.

Al final de la tarde Félix Carrillo se paraba y decía en voz alta:

Buen llego el momento de quebrar la olla.

Todos se aglomeraban en un solo sitio, las mujeres se aseguraban que la olla más grande estuviese totalmente vacía. Seleccionaban a uno de los presentes. Casi siempre el más tembleque, ebrio o viejito, le entregaban una vera de pardillo y le decían: A quebrar la olla.

El viejito se paraba frente a la resistente olla vacia, alejada del fogón y comenzaba a darle palos, mientras todos gritaban como en una piñata.

Cuando alguien lograba quebrar la olla el jolgorio era tremendo, una gran alegría.

Allí culminaba la jornada, por lo cual, en santa paz todos se retiraban para ir el domingo a la misa. La historia fue contada a este maestro por la señora Enma, quien vive en la entrada de la comunidad, muy cerca de la mencionada escuela.

De allí viene el significado de “Quebrar la olla”, por cierto, vale decir, el único que yo conozco.

Orlando Medina Bencomo

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