2018 un año electoral que exige cambios a Latinoamérica

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Caracas.-Solo queda una semana para que el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, tome posesión como mandatario el 1 de enero de 2019, lo cual supone un punto final al año electoral en América Latina.

En 2018 varios importantes países de Latinoamérica celebraron elecciones presidenciales, mientras Barbados, Granada y Antigua y Barbuda sostuvieron elecciones parlamentarias, reseñó Xinhua.

Algunos cambios e incluso divisiones surgieron en la región tras las elecciones. Sin importar si el partido elegido es de izquierda, centro o derecha, la ciudadanía latinoamericana espera ser escuchada en demandas puntuales como la desigualdad.

AÑO ELECTORAL

Brasil, Colombia, Costa Rica, México, Paraguay y Venezuela tuvieron elecciones presidenciales entre febrero y octubre del corriente año. Mexicanos y brasileños optaron por generar cambios radicales en la orientación política de sus dirigentes.

México pasó de ser gobernado por la centro-derecha del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la izquierda, con Andrés Manuel López Obrador. Brasil, entre tanto, dijo adiós a las administraciones izquierdistas del Partido de los Trabajadores (PT) para abrazar la extrema derecha de la mano de Jair Bolsonaro.

Costa Rica, Paraguay y Colombia optaron por gestiones de centro-derecha, lo que no significó un cambio drástico en las orientaciones políticas de sus poderes ejecutivos. En el país centroamericano se impuso Carlos Alvarado, exministro de Trabajo de Luis Guillermo Solís (2014-2018), lo cual evidencia cierta continuidad.

Colombia eligió a Iván Duque, cuyo estilo de gobierno se acerca más a la derecha que a la izquierda, representada en Colombia por Gustavo Petro, a quien Duque derrotó en las urnas.

Paraguay eligió a Mario Abdo Benítez, que al igual que su predecesor, Horacio Cartes, es del Partido Colorado, formación de derecha que ha gobernado Paraguay en los últimos años.

Dos países latinoamericanos reconocidos tradicionalmente izquierdistas, Venezuela y Cuba, mantuvieron su rumbo hacia el socialismo.

Venezuela ratificó en el mando a Nicolás Maduro, presidente desde 2013 cuando sucedió a su mentor político, Hugo Chávez. En Cuba Miguel Díaz-Canel fue elegido mandatario de Cuba, en sustitución de Raúl Castro, quien a su vez sucedió en 2008 a su hermano Fidel.

Con este panorama, América Latina sigue dividida entre la izquierda y la derecha, encontrando en México y Brasil, las economías más grandes de la región, los cambios más significativos.

«En 2018, durante las elecciones en América Latina surgieron varias figuras nuevas en el poder con características populistas, y la región entró en una nueva etapa de estancamiento estratégico entre las disputas de izquierdas y derechas», comentó Sun Yanfeng, subdirector del Instituto de Estudios Latinoamericanos, dependiente del Instituto de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China.

En opinión de Sun, después de una ola de «avance de la derecha y retroceso de la izquierda» en América Latina en el periodo de 2016-2017, en la etapa actual aunque la derecha sigue siendo fuerte, el experto no le ve un futuro tan próspero.

Por otra parte, la izquierda gradualmente se afianza e incluso «abre un nuevo campo de batalla» en los países de derecha.

DIVISIÓN CRECIENTE

Con este nuevo panorama, la diferencia entre izquierda y derecha va más allá de las etiquetas y es notoria en algunas posturas y evidente en ciertos desacuerdos.

El 1 de diciembre Maduro participó en la investidura de López Obrador, lo que acrecentó la polémica entre Caracas y el Grupo de Lima, iniciativa fundada en agosto de 2017 en Perú.

El Grupo de Lima, compuesto por Canadá y 13 países latinoamericanos incluido México, se fundó con el supuesto objetivo de dar seguimiento y buscar una salida democrática a la crisis venezolana, lo que Miraflores denuncia como una injerencia en los asuntos internos de Venezuela.

López Obrador rechazó públicamente las presiones para aislar a Maduro, explicando varias veces que en su política exterior no hay lugar para interferir en los problemas internos de otros Estados y prometiendo que la postura de su administración estará basada en la neutralidad.

Bolsonaro dio muestras de querer sentar un cambio en la política exterior de Brasil al anunciar que trasladará su embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, gesto que lo acerca a la visión que sobre el conflicto palestino-israelí tiene el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La división entre izquierda y derecha en América Latina ha dado un giro en los últimos años si se compara con la situación de comienzos de década.

En 2011 se fundó la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), una iniciativa de los entonces presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y Chávez, de Venezuela, los líderes más visibles de la izquierda en la región. Unasur logró reunir a 12 países sudamericanos, pero hoy, siete años después, con Chávez fallecido y Lula preso, el grupo se ha desdibujado y seis de sus miembros, a saber, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú suspendieron de manera indefinida su participación en la unión y hoy forman parte del Grupo de Lima.

Esta división es explicada por analistas consultados por Xinhua como una manifestación de las fallas en los sistemas políticos de la región.

Felipe Agüero, académico del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, advirtió en entrevista con Xinhua que aunque las definiciones sobre izquierda y derecha pueden ser engañosas, definitivamente son una manifestación que se «origina en los fenómenos característicos de la región como la extrema desigualdad».

EXIGENCIA DE CAMBIOS

Los electores latinoamericanos en 2018 expresaron su descontento con las administraciones a cargo de los Gobiernos en el poder y manifestaron en las urnas su exigencia de cambios contundentes.

En México, el expresidente Enrique Peña Nieto terminó su mandato con apenas el 12,5% de aprobación, aunque otros sondeos señalan un apoyo del 18%.

El candidato del entonces oficialista PRI obtuvo en la elección presidencial un 16,4%, quedando en tercer lugar frente al 53,19% alcanzado por López Obrador.

El triunfo de Bolsonaro fue precedido por la incertidumbre de la participación de Lula en los comicios

El expresidente era favorito en todas las encuestas, pero una vez que la justicia le prohibió participar el hoy mandatario electo fue el predilecto en los sondeos y se impuso con un 55,13% en las urnas.

En Colombia, Santos se despidió de la Casa de Nariño con una desaprobación superior al 59%, pese a haber ganado el Nobel de la Paz, y ninguno de los candidatos a sucederlo pretendió dar continuidad a sus programas de gobierno.

Si bien su vicepresidente, Germán Vargas Lleras, se presentó y quedó en cuarto lugar, las diferencias entre ambos eran evidentes.

Analistas encuentran las motivaciones del electorado en razones tales como el rechazo a la corrupción o la demagogia, que otros llaman populismo, entendido como un afán por descubrir un líder que esté a la altura de las circunstancias, más allá de qué tipo de partido o ideología sustente.

Para Agüero es evidente que en la región existen «movimientos que prescinden de canales partidarios tradicionales, aglutinados en torno a un líder, cuestión hecha posible por descontentos muy generalizados pero con orígenes muy diversos, producto de la desigualdad, una sensación de abuso de las élites y los claros fenómenos de corrupción».

Sobre el cambio de mando en Brasil, el escritor y Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, escribió que «la corrupción se había extendido por todos los rincones de la sociedad brasileña (…) Eso es lo que explica el fenómeno Jair Bolsonaro».

El escritor peruano argumenta que una inmensa mayoría de brasileños, hartos de la corrupción, decidió votar «por lo que creían la negación más extrema y radical de aquello que se llamaba ‘democracia’ y era, pura y simplemente, una ‘delitocracia’ generalizada».

INCERTIDUMBRES Y NUEVAS ESPERANZAS

La fractura ideológica en la región está impactando la cooperación regional, según los expertos consultados por Xinhua.

«A mayor polarización política, mayor conflicto y mayores dificultades para llegar a acuerdos. Una división extrema entre izquierdas y derechas propicia conflictos y merma los consensos, desafortunadamente», opina David Redoli, expresidente de la Asociación de Comunicación Política de España (ACOP).

Agüero tiene una opinión similar y advierte que más allá de Unasur y el Grupo de Lima «habrá que ver más bien grupos subregionales que puedan estabilizarse como la pujante Alianza del Pacífico».

Los presidentes elegidos en 2018 tienen un largo camino por delante para hacer cambios y encontrar soluciones, aunque el inicio de los Gobiernos no ha sido fácil en varios casos.

El colombiano Duque registró una aprobación de apenas el 27% en sus primeros cien días de gobierno y varias protestas estudiantiles, mientras Alvarado en Costa Rica tuvo que superar la oposición a una impopular reforma de ajuste fiscal.

Agüero considera que las nuevas administraciones deben sumar apoyos internacionales para lograr sus objetivos.

«Los Gobiernos deberán crear alianzas internacionales para enfrentar los desafíos que tienen también un carácter internacional, y por eso mismo deberán resistir tendencias a un nacionalismo extremo, pues las soluciones no pueden ser solo domésticas», explicó.

El sociólogo Redoli hizo un diagnóstico de cuatro retos políticos sobre los cuales las nuevas administraciones, y la región en general, deberían trabajar para consolidar lo que el analista llama «riqueza» de «un espacio cultural común con un potencial enorme».

El primer punto tiene que ver con la relación con EEUU y la Unión Europea, en un panorama donde Washington «ha perdido interés» por la región, apunta Redoli.

«Parece estratégicamente inteligente que América Latina refuerce sus relaciones con la Unión Europea como forma de protegerse del proteccionismo comercial impulsado por el gigante del norte», explicó el sociólogo.

Un segundo frente se refiere al fortalecimiento de los partidos políticos a través de «un buen maridaje entre lo que se dice (el storytelling) y lo que se hace (el storydoing)», abundó el analista.

La lucha contra la inseguridad y la desigualdad es un tercer reto, el cual debe asumirse a través de una «mejor redistribución de la riqueza con un sistema fiscal más justo, eficiente» y «asumiendo la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas», señaló Redoli.

La protección del medio ambiente es el cuarto reto para Latinoamérica, región que «deberá incorporar el eje medioambiental, tal y como ya está sucediendo en todo Occidente», tomando varias medidas sobre las que se destaca «diseñar estrategias de transición energética orientadas hacia el uso intensivo de las energías renovables», concluyó el experto.

Actualmente, América Latina se encuentra en una etapa de transición que va desde el rompimiento del equilibrio anterior hasta el establecimiento de un nuevo punto de equilibrio.

Sin embargo, el analista chino Sun comentó que, en términos generales, la estructura política de la región es relativamente buena y el sistema democrático es relativamente maduro.

«El proceso de elecciones de este año y el traspaso del poder político son básicamente estables. Por lo tanto, a medida que la situación de recuperación económica se estabilice gradualmente a futuro, las fuerzas tradicionales de la izquierda y derecha ‘se volverán a barajar’, el público comenzará a tener una ‘fatiga estética’ de las figuras políticas extremas y la ecología política latinoamericana formará un nuevo equilibrio», concluyó Sun.

Fuente

El Universal

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