Breve Historia de Inmigrantes

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Mario Celis Cobeña, escritor venezolano, nacido en Las Mercedes del Llano

Guárico.- Corría el mes de Abril del año 1914, por allá en los albores del siglo veinte, cuando a su final, arribaría a bordo de un viejo buque con bandera  de la República de  Guinea-Bisáu a La Vela de Coro, en el estado Falcón, la familia de origen portugués Da´Costa Freitas; representada por un experimentado hombre de mar, como lo fue, don Joao Da’ Costa de Magalhâes.

La sencilla agrupación de visitantes lusos finalmente recalaba por allí, como únicos pasajeros de aquel extraño barco. Donde habrían viajado de gratis, como una especie de cortesía por parte de su Comodoro quien era amigo personal del jefe del grupo de familia, desde que trabajaron juntos en la misma línea, propietaria de dicha nave; aunque según decía el Capitán, entonces de múltiples barcos en situación parecida a la de éste, legalmente pertenecía ahora a una cooperativa de trabajo integrada por otros capitanes más que en unos litigios antes de la guerra, se los habrían adjudicado; siendo él, uno de los cabecillas de las revueltas con que se los apropiaron.

 Tocaban tierra esa vez en América después de una larga e incómoda travesía luego de una breve estancia en algunas colonias portuguesas del continente africano —donde como es de imaginarse, nunca faltan sorpresas, porque extrañamente en el momento de zarpar de la última de ellas, se había producido un altercado entre el Capitán y un grupo de nativos según pudo observar Chico, pero en el ínterin no le prestó demasiada atención a lo que sucedía; aunque sí pudo ver que los reclamantes estaban muy molestos, al punto de lanzar sus flechas, palos, piedras y lanzas contra la nave, muchos de los cuales además, estaban vestidos con su atuendo tradicional que sin lugar a dudas los identificaba como de la raza Zulú.

Mientras tanto los proyectiles de sus primitivas armas simplemente rebotaron contra el poderoso casco de acero; viendo aquello entonces, más bien como gajes del oficio pero al parecer, se equivocaba—; siempre tras la búsqueda de mejores oportunidades de subsistencia y futuro seguro para su prole, que era lo que en definitiva a él le importaba y, la cual estaba compuesta por tres hijos: Dos niñas, de doce años la mayor, la otra de diez. Mientras que en el vientre de su querida esposa Fernanda, traían a quien en poco tiempo nacería en tierras venezolanas, que don Joao pondría por nombre Francisco; y con el tiempo, a su vez, empezarían a llamar “Chico”. Chico Da’ Costa Freitas.

Durante el transcurso del viaje, sin querer Joao cayó en cuenta al evocar la airada reacción de los zulúes en aquel lejano puerto africano, picado por un repentino nerviosismo y, pensando en los cuestionados comportamientos de su rescatista amigo, que de pronto estarían metidos en un tremendo problema a juzgar por todo lo que se decía de éste últimamente; pero entonces se calmó, y decidió que por lo menos, se merecía el beneficio de la duda, por cuanto él, después de tantos años navegando juntos por todo el orbe consideraba lo conocía bien. Incluso a su esposa, padre e hijos.

El señor Joao Da’ Costa se caracterizaba por ser un hombre recto a carta cabal y, por otra parte, también tenía como uno de sus más caros principios en la vida el mantener una justa apreciación del valor de la amistad. Sería por esto que aceptó viajar en dicho barco de la forma que ya quedó dicho, aunque con ciertas reservas; puesto que, casualmente, habría aprendido a desarrollar respecto a la actuación que en los últimos tiempos se tenía del mencionado Capitán del barco, un cierto recelo y desconfianza.

Especialmente, desde que fue llevado a juicio el año pasado, en los tribunales de Mogadiscio en Somalia, acusado de piratería —situación que siguió hasta donde pudo, a través de los informes de la prensa local en Faro; su ciudad natal—…

Autor: Mario Celis Cobeña

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Tomado del libro Breve Historia de Inmigrantes, correspondiente a la serie: Relatos Oníricos de La Atascosa.

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