JORGE LINARES/ La prueba del cielo: » Vida después de la vida».

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Está columna de hoy va dedicada a los familiares de todos aquellos que hoy no están físicamente con nosotros, incluyendo a mi inolvidable y querido padre Juvenal Linares(1925-2004).

Respetando todas las religiones y creencias que existen en el mundo, soy de lo que piensa que Dios existe de verdad, y siempre está entre nosotros, y por ende existe la vida eterna.

Es por ello, que espero que la columna de hoy, sirva de motivación para poner a volar nuestros pensamientos más allá de nuestra vida terrenal, y tener fe que la vida eterna existe, y allá nos reencontraremos con seguridad con nuestros familiares y amigos, que han adelantado el viaje a la vida celestial.

Es por ello, que a continuación haré un esfuerzo- porque es largo-, de resaltar lo más importante, de un maravilloso libro que lo conservo desde 2014, titulado:

La Prueba del Cielo: » El viaje de un neurocirujano a la vida después de la vida». Autor: Doctor Eben Alexander(2012). Editorial Planeta,S.A.,2013.

El doctor Eben Alenxarder había ejercido como neurocirujano en el hospital Brigham & Women’s, en los hospitales Children’s y en la Escuela Médica de Harvard.

Su lógica científica jamás había creído en las experiencias cercanas a la muerte. Mucho menos en que existiera un Dios, y un cielo. Como científico creía que el cerebro es el que genera conciencia: la mente, el alma y el espíritu.

Sin embargo, después de haberla vivido sabe que no son meras fantasías: Dios y el alma existen realmente, y la muerte no es el final de la vida.

Relata el doctor Eben Alexander

«El 8 de Noviembre de 2008 me desperté con un terrible dolor de cabeza que en apenas dos horas desembocó en un derrame cerebral. Caí en un coma profundo, y durante 7 días permanecí en ese estado, durante el cual viví una experiencia increíble. Lo que vi fue un túnel, aunque si tuve la sensación de ascender por un valle estrecho y oscuro para llegar a otro, con una luz espléndida y unos colores indescriptibles.

El lugar donde estuve es un sitio maravilloso, reconfortante y lleno de amor. No tengo miedo a morir porque ahora sé que no es el final», finalizó el doctor.

Sigue relatando el doctor Eben Alexandre

«Algo había aparecido en medio de la oscuridad. Giraba lentamente e irradiaba unos delicados filamentos de luz blanca y dorada que  comenzaban a agrietar y disolver la oscuridad que me rodeaba».

«Entones oí algo nuevo: un sonido viviente como la pieza musical con más matices, más compleja y más hermosa que hayas escuchado nunca».

«Fue cobrando mayor fuerza a medida que descendía una luz pura y blanca, y su llegada aniquiló aquel monótono pálpito mecánico que hasta entonces, y aparentemente durante horas, había sido mi única compañía».

«La luz se fue acercando más y más, girando y girando, con unos filamentos de luz blanca y pura que, pude ver en aquel momento, estaba teñida aquí y allá de matices doradas«.

«Entonces, en el centro mismo de la luz apareció algo. Enfoqué mi percepción sobre ella, tratando de adivinar lo que era». Una puerta. Ya no estaba mirando la luz giratoria, sino a través de ella».

«En cuanto lo comprendí, comencé a ascender. Rápidamente. Hubo un ruido similar a una racha de viento y, con un destello repentino, atravesé la puerta y me encontré en un mundo totalmente nuevo».

El más extraño y hermoso que jamás hubiera contemplado. Brillante, extático, asombroso… Podría utilizar un montón de adjetivos para describir el aspecto y las sensaciones que transmitían aquel mundo, pero que quedaría corto».

«Me sentí como si estuviera naciendo. No renaciendo ni volviendo a nacer. Sólo… naciendo».

Cuntinua dicendo el Doctor

«A mis pies se esténdía un paisaje. Era verde, frondoso, parecido al de la Tierra. Era la Tierra… pero al mismo tiempo no. Era como cuando tus padres te llevan de nuevo a un sitio en el que pasaste algunos años cuando eras un

niño pequeño. No lo conoces..O al menos crees que no lo conoces. Pero cuando miras a tu alrededor, algo despierta en tu interior y te das cuenta de que una parte de ti – una parte que está muy, muy adentro – si lo recuerda y se alegra volver a estar en el».

«Volaba sobre aquel lugar, por encima de árboles y campos, arroyos y cascadas y, de vez en cuando, personas. Y también niños, niños que reían y jugaban».

«La gente cantaba y bailaba en círculos y, puntualmente, veían también algún que otro perro que corría y saltaba entre la multitud, tan feliz como todos ellos»

«Vestían ropa sencilla pero hermosa y me dió la sensación que sus colores transmitían la misma calidez viva que los árboles y las flores que crecían y crecían por todo el entorno».

» Un mundo de ensueño increíblemente hermoso. Sólo que no era un sueño. Aunque no sabía dónde estaba ni lo que era yo mismo, había algo de lo que simetría sentía del todo seguro: Al lugar al que había llegado era absolutamente real«.

«Seguí volando, no se exactamente por cuanto tiempo(porque el tiempo en aquel lugar no era como la sencilla experiencia lineal que conocemos en la Tierra; de hecho, resulta tan difícil describir como todos sus demás aspectos).

Una chica preciosa

Pero en un momento dado me percaté de que ya no estaba sólo».

«Había alguien a mi lado: una chica preciosa de pómulos altos y hermosos ojos azules. Llevaba ropa sencilla, como de campesina similar a la que vestía la gente del pueblo que había visto abajo. Unos largos mechones de cabello dorado enmarcaban su hermoso rostro. Volamos juntos a bordo de una superficie cubierta por unos dibujos enormemente intrincados, el ala de una mariposa».

«De hecho, estábamos rodeados por millones de mariposas, vasta bandadas de ellas que descendían sobre la vegetación y volvían a alzarse a nuestro alrededor».

«El atuendo de la muchacha era sencillo, pero sus colores – azul claro, añil y melocotón – poseían la misma viveza deslumbrante y abrumadora que todo cuanto nos rodeaba» .

«Me dirigió una mirada que habría hecho que cualquiera se alegrarse de haber vivido hasta aquel momento, independientemente de lo que le hubiera pasado antes».

«No era una mirada romántica. Tampoco amistosa. Era algo que iba más allá de todo ello… más allá de todas las tipologías del amor que conocemos aquí en la Tierra.».

«Era algo superior, que contenía en su interior todas las demás formas de amor y al mismo tiempo, era más genuino y puro que todas ellas.».

» Sin utilizar palabras, me habló. El mensaje me penetró como una ráfaga de viento helado y al instante comprendí que era cierto. Lo supe como había sabido que el mundo que nos rodea a era verdadero, no una simple fantasía, pasajera e insustancial. El mensaje estaba dividido en tres partes y si hubiera tenido que traducirlo a una lengua de la Tierra, habría sonado más o menos así:

«Os aman y aprecian, profunda y eternamente».

«No tenéis nada que temer».

«Nada de lo que hagáis puede ser malo».

«Esas esperanzadoras palabras hicieron que me inundará una vasta y alocada sensación de alivio. Fue como si me entregaran las reglas de un juego al que llevará toda la vida jugando sin comprenderlo del todo».

«Aquí te mostraremos muchas cosas – anunció la chica, de nuevo sin utilizar éstas palabras exactas, sino transmitiéndome directamente su esencia conceptual – , pero al final regresarás».

«Frente a esto, sólo tenía una pregunta. ¿Recuerdas con quien estás hablando en este momento?

«Mientras tanto en la Tierra, uno de los especialistas en enfermedades infecciosas llegó del piso de abajo con un nuevo informe. A pesar que en la noche me habían cambiado los antibióticos, la presencia de glóbulos blancos en mi torrente sanguíneo continuaba aumentando. Y las bacterias seguían, sin que nadie logrará impedírselo, devorando mi cerebro«.

«Entre tanto, yo estaba entre un lugar entre las nubes. Unas nubes grandes y blancas cuyas formas contrataban poderosamente con un cielo entre negro y azulado«.

«Por encima de ellas – a una altura inconmensurable, de hecho -, unas bandadas de orbes transparentes y titilantes recorrían el cielo en trayectorias curvas, dejando atrás de sí unas líneas alargadas parecidas a serpentinas».

«¿Aves? ¿Ángeles? Estas palabras aparecieron en mi cabeza cuando estaba escribiendo mis recuerdos. Pero ninguna de ellas consigue hacer justicia a aquellas criaturas, totalmente distintas a cualquier cosa que hubiese visto en este planeta. Eran más avanzadas. Superiores».

La presencia de Dios, El Creador

«Aunque todavía no había recuperado el don del habla(al menos tal como lo concebimos en la Tierra), comencé a formular preguntas sin palabras a ese viento y a ser divino cuya acción sentía tras él o dentro de él».

«¿Dónde está este lugar? »

«¿Quién soy?»

« ¿Por qué estoy aquí?.

«Cada vez que formulaba cada una de las preguntas silenciosas la respuesta me llegaba al instante en forma de una explosión de luz, color, amor, y belleza, que impacta a en mí como una ola embravecida».

«Por extraño que pueda parecer, mi situación era similar a la de un feto en el vientre de su madre. El feto flota en el útero sin otra compañía que la de la silenciosa placenta, que lo nutre y media en su relación con la omnipresente pero al mismo tiempo invisible madre».

«Pero en mi caso, la «madre» era Dios, el Creador la Fuente responsable de generar el universo y todo lo que contiene. Aquel ser estaba tan próximo a mi que no parecía mediar distancia alguna entre ambos» .

«Pero a la vez podía sentir su infinita inmensidad y podía ver lo absolutamente minúsculo que era yo en comparación. «Om» era aquel sonido que recuerdo haber oído, asociado aquel Dios omnisciente, omnipotente y pleno de amor incondicional; sin embargo cualquier intento de describirlo con palabras está condenado al fracaso».

«Era como si hubiese nacido a un mundo más grande, como si el propio universo fuese como una especie de útero gigantesco y el orbe( que seguía, en cierta forma, conectado a la chica del ala de la mariposa, que, de hecho es ella) estuviese guiándome a través del proceso».

«Más tarde, ya de vuelta aquí en el mundo, me encontré con una cita del poeta cristiano del siglo XVII, Henry Vaughan, que se acerca a describir aquel lugar, aquel Núcleo vasto y negro como la tinta china, que era la morada de la mismísima Divinidad: «Hay, dicen algunos, en Dios una profunda pero deslumbrante oscuridad…». Y eso era exactamente: una oscuridad negra como la tinta que al mismo tiempo estaba llena a rebosar de luz».

«A través del orbe(joven hermosa), Dios me reveló que no hay un sólo universo sino muchos – más, de hecho, de los que yo podría llegar a concebir – pero el amor reside en el centro de todos ellos».

¿Qué más observó el Doctor Eben Alexander?

«Contemplé la abundancia de la vida a través de los incontables universos, incluida la de criaturas de inteligencia mucho más avanzada que la de la humanidad».

«Vi que existen innúmeras dimensiones superiores, pero el único modo de conocerlas es entrar en ellas y experimentarás directamente. No se pueden captar ni comprender desde el espacio dimensional inferior».

«En esos reinos superiores existen la causa y el efecto, pero no como lo concibe la mente humana, sino de un modo mayor».

«El mundo del tiempo y el espacio en el que vivimos en este reino terreno está profunda y complejamente entrelazados con esos mundos superiores».

«En otras palabras, que no están totalmente separados de nosotros, porque todos los mundos forman parte de una misma realidad divina, que lo abarca todo. Desde aquellos mundos superiores se podría acceder a cualquier tiempo y lugar del nuestro».

«Tardaría más de lo que me queda de vida en elaborar todo lo que aprendí allí arriba, manifestó el doctor Eben Alexander». Aquí finaliza lo que pude sintetizar de este maravilloso el libro, estimados lectores.

La Moraleja de esta historia es la enseñanza de una historia real, que vivió el doctor Eben Alexander. Que por cierto, en el libro nos señala que fue adoptado, y la mujer hermosa que el hace mención varias veces, era su hermana, la cual murió en un accidente, pero él nunca la conoció. Y esa mujer hermosa fue quien lo recibió en esa travesía por el cielo.

Supo mucho después que ella era su hermana, ya que los padres biológicos al verlo por la TV, hablando y explicando las características de esa hermosa mujer, lo buscaron y le mostraron una foto, donde el doctor dió fe que era ella.

Termino diciendo que este libro fue el número 1 en ventas en The New York Times en ese momento.

Dios existe, y la vida eterna también, estoy seguro que en algún momento todos nos reencontraremos allá, todo está escrito, sino la vida no tuviera sentido. Hasta la próxima columna.

! Sigamos cumpliendo la cuarentena social y consciente!.

jorge linares

 

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