ALEXIS ROSAS / La traición: una mancha que jamás envejece

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Los hechos ocurridos este domingo en la Asamblea Nacional eran previsibles. De hecho ya se había alertado al respecto. Lamentablemente nos dan la razón sobre lo que señalamos en la anterior columna cuando recordamos el asesinato de Julio César en la Roma del año 44 AC a manos de los traidores del Senado.

 Solo habría que cambiar el nombre del traidor en la frase final del emperador romano: «¿Tú también, Brito?», podría haber exclamado Guaidó.

Torpe, muy torpe, el tinglado; un show de baja factura, de película mala con alto presupuesto, pues se ha denunciado que los actores cobraron un millón de dólares cada uno por una mise en scène tan mediocre, una cifra que solo llegó a cobrar Marlon Brando en tan poco tiempo de actuación, por lo que se nos antoja que se debe investigar un posible sobreprecio en esa negociación, si fue cierto que se produjo como denunciaron los opositores que se negaron a formar parte de ella.

Porque diputados tan silvestres, tan elementales como esos, con 10 mil dólares estaban más que pagados.

No sé qué fue peor. Si el hecho en sí o la excusa del PSUV para realizar la sesión donde coronaron como presidente de la Asamblea Nacional al tal Luis Parra, un tipo completamente desconocido y anodino, tan anodino que las cámaras captaron cuando Francisco Torrealba le ordenaba:

«¡Mira, siéntate, que de aquí nadie se va! «.

La excusa para eso fue: «Guaidó no llegó a tiempo porque sabía que no contaba con los votos para ser reelegido», mientras el mundo todo veía cómo Guaidó trataba de escalar la reja del Palacio Legislativo en tanto los militares lo agarraban de las ropas para impedírselo.

Y en la tarde, para desmentir esa aseveración, cien diputados lo aclamaron como el verdadero presidente de la Asamblea, reconocido una vez más por sesenta países y por la mayoría del pueblo venezolano. A ver cuántos reconocen ahora al otro.

¿Desesperación? No sé. Algo así tan burdo se ha visto pocas veces en el mundo, por lo que es muy pronto para sacar conclusiones.

Me viene a la mente, sí, que el presidente Franklin Delano Roosevelt, refiriéndose al general Anastasio Somoza, dictador de Nicaragua, rastrero ante los Estados Unidos, dijo una frase que ha quedado para la historia: «He may be a son of a bitch, but he is our son of a bitch»

Ahora Maduro podrá parafrasear con toda la razón del mundo esa frase, diciendo: «Estos diputados son unos hijos de puta, pero son nuestros hijos de puta».

Ah, pero deberá cuidarse las espaldas porque quien traiciona una vez, traiciona dos veces.

Y los traidores, por su parte, deben recordar que la traición es una mancha que jamás envejece.

¡Qué vaina!, ¿no?

Alexis Rosas

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