El divertido «gadget» que prueba que la palabra impresa no ha muerto

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En cualquier momento nuestros teléfonos tienen acceso al conocimiento del mundo, a la literatura, a la historia y a la ciencia. Pero, a pesar de contar con estos recursos tan ricos, muchos de nosotros optamos por pasar el tiempo en las redes sociales, enviar mensajes de texto y ver videos al azar. La empresa francesa Short Edition quiere cambiar esto con el «Short Story Dispenser«.

Durante la feria de electrónica CES 2018, se pudo ver al aparato en acción. Es esbelto, en forma de cilindro que llega a la altura de la cintura. Tiene un letrero de Plexiglas iluminado en la parte superior que dice «Select your reading time (Selecciona tu tiempo de lectura)«.

La parte superior de esta dispensadora de cuentos cuenta con tres botones metálicos que dicen «1 min.», «3 min.» y «5 min.«. Cuando se presiona el botón del período de lectura que se desea, en pocos segundos se imprime un cuento en una hoja gruesa de papel, del tamaño de un papel de recibo. Y lo mejor de todo es que se trata de un servicio gratuito.

La idea de un dispensador de libros o revistas no es nada nuevo, pero el atractivo del «Short Story Dispenser» es cómo su simple premisa capta la curiosidad, es un deleite interactuar con esta máquina. Y el encanto viene de los cuentos.

La editorial Short Edition concibió este aparato como una manera de compartir el trabajo de sus autores con una audiencia más amplia. Se ha usado en Francia desde 2016, en donde se le puede encontrar en estaciones de tren, aeropuertos y hospitales.

Loïc Giraut, de Short Edition, dijo que la meta de este dispositivo es rescatar la lectura al llevar la literatura a lugares inesperados. El aparato ha sido vendido a dueños de negocios y gobiernos.

El Short Story Dispenser accede a cuentos selectos desde la plataforma de Short Edition a través de Internet. En Francia, la plataforma contiene más de 85,000 cuentos. Los autores reciben un pago cada vez que uno de sus cuentos es impreso.

La empresa selecciona las historias de acuerdo a la audiencia que se encuentra donde está ubicado el dispensador. Por ejemplo, el Distrito Escolar de Columbus, Ohio, en Estados Unidos, compró dispensadores para las escuelas primarias, y los dispensadores imprimen cuentos de literatura infantil.

El cineasta Francis Ford Coppola estuvo tan impresionado con el Short Story Dispenser que pidió uno para su restaurante Cafe Zoetrope en San Francisco. Desde entonces, se ha convertido en un inversionista de la empresa. «Un cuento es una muy buena base para una película porque un cuento lo puedes leer en una sentada y una película la ves en una sentada«, dijo Coppola.

Fuente

CNET

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