Roberto Manrique: “‘Translúcido’ habla de la vida tratando la muerte”

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Caracas.- Roberto Manrique parece el actor ideal para encarnar a Rubén, el protagonista del segundo largometraje del cineasta venezolano Leonard Zelig, Translúcido, que luego de algunas postergaciones finalmente se estrena en el país el 4 de mayo. Él es ecuatoriano, pero su trabajo lo ha llevado a establecer su cuartel de operaciones en Bogotá, donde ha participado en la serie Sin senos no hay paraíso y para el que ahora graba en República Dominicana el reality deportivo Exatlón Colombia.

Nacido en Guayaquil en 1979, Manrique es, además de Técnico en Publicidad y Comunicación Social, actor, productor, director, seguidor reposado de la Cábala y creador de una fundación para ayudar a las víctimas del terremoto que sacudió a su país el 16 de abril de 2016. También hace series web, lleva un blog con temas motivacionales y hasta cuenta con una línea de camisetas diseñadas por él. Un todo terreno.

¿Por qué es el actor ideal para Translúcido? Porque en la vida de Roberto Manrique la muerte ha sido una fuente de aprendizajes. En el filme de Zelig, el actor encarna a un hombre que toma la decisión de no luchar contra un cáncer de páncreas en etapa avanzada. Fuera de la ficción, la muerte de su padre por un cáncer de pulmón, más que una experiencia dolorosa, que lo fue, representó para él, que entonces contaba con 25 años, un proceso de crecimiento personal. “Cuando le diagnosticaron el cáncer, y le dieron dos años de vida, él les dijo a sus hijos: ‘Ya les enseñé a vivir, ahora les voy a enseñar a morir’. Y así nos incluyó en esa mirada positiva, y amorosa incluso, hacia la muerte”.

-¿Cuál es esa visión?, ¿qué es para usted la muerte?

-La muerte es un proceso natural. Es parte de la vida, y esta visión es la que se explaya en Translúcido, la de un proceso al que no hay que temerle, que implica un cambio, una transición, una evolución, más que un final. Y esta visión, si bien en alguna medida me ha acompañado desde niño, lo que realmente terminó de consolidarla fue ese proceso de partida de mi papá de este plano. Él me regaló esa visión.

-¿Esa experiencia con su padre fue capital para construir el personaje de Rubén?

-Absolutamente. Si bien no estuve en la creación de la idea original de Translúcido, cuando Leonard Zelig me propuso el proyecto, reaccioné a un nivel muy personal, justamente por mi historia de vida. En efecto, una vez que desarrollamos la construcción de Rubén, sí fue medular, porque Rubén toma una decisión muy distinta, diametralmente opuesta, a la de mi padre, que luchó lo más que pudo hasta el final, vivió cada dolor y cada dificultad que le tocó con el cáncer, mientras que Rubén decide esquivarlos. Sin embargo, ambos se encuentran en su visión de la muerte: no importa qué camino elijas, el punto es que sea como sea que lleguemos a la muerte, ésta es parte de la vida y, por lo tanto, no hay que temerle. Ese, para mí, es el mensaje de la película.

-¿Cree que el tema de Translúcido puede funcionar en las audiencias de América Latina?

-Para mi sorpresa, cuando Translúcido se estrenó en Ecuador, si bien hubo casos aislados como el de la pareja de señores mayores que se fueron del estreno ofendidos por la película, en general ésta dividió al público entre quienes no están de acuerdo con lo que hace Rubén y quienes la entienden como una invitación a vivir. Translúcido habla de la vida tratando la muerte.

-¿Podría entenderse como una apología al suicidio?

-Te confieso que ese era mi gran miedo. Es un tema extremadamente delicado, pero tomamos un montón de decisiones para evitar que ese fuera el mensaje. En ningún momento en Translúcido se hace referencia a que el suicidio sea ni la salida fácil ni la ideal ni la recomendada en cualquier otra situación. Cada persona tiene el poder de hacer lo que quiera con su cuerpo.

Coguionista, productor y protagonista de Translúcido, Manrique asegura que Zelig fue extremadamente incluyente en el proceso de toma de decisiones. “Me gusta estar involucrado en todos los aspectos posibles. Más que controlar, es tener voz en cualquier proyecto”, agrega.

-¿Hacia dónde avizora entonces su carrera: hacia la dirección, la producción, la actuación?

-Estoy enamorado de la producción, yo me tomé un break de la televisión de unos tres años para hacer Translúcido, producir teatro, la serie web Bienaventurado. Y me enamoré de la producción porque me permite desarrollar proyectos que generan diálogos sobre temas que encuentro relevantes. Es el aporte que puedo hacer al mundo.

-¿Cuánto de su éxito como actor se lo debe a su físico?

-La televisión es en particular una industria en la que la apariencia es una prioridad, la belleza, incluso, está endiosada, aunque no juzgo si eso está bien o mal, pero sí es una pena que sea tan plano el concepto de belleza, tan simple, cuando en realidad hay tipos de belleza tan complejos, tan distintos. Sin lugar a dudas, la belleza te va a abrir puertas, me las ha abierto a mí, pero eso tampoco asegura tu permanencia, el talento y la ética hacia el trabajo, la responsabilidad, sí. La belleza implica un gran riesgo, es bueno que te abra puertas, pero también es muy fácil que uno se confunda y crea que esa es su única valía. Como la fama, el físico puede ser una bendición o convertirse en una gran maldición.

-Usted va de una serie como Sin senos no hay paraíso a una película independiente como Translúcido. ¿En qué lugar se siente más seguro?

-Yo creo que la televisión comercial da más seguridad. Es una industria hasta cierto nivel probada, con formatos que en general funcionan, he sido muy afortunado y no he trabajado en un proyecto que fracase… Si de seguridad se trata, pues claro, me siento más seguro en la industria televisiva. Ahora bien, no soy una persona que está detrás de la seguridad, por el contrario, a mí me apasiona el riesgo, siempre me ha seducido, tiendo con frecuencia a tomar decisiones que me saquen de mi zona de confort por el crecimiento que hay en ese riesgo.

Fuente

El Universal

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