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a la Iglesia católica

Curas exigen fin del celibato
a la Iglesia católica

151005194111_charamsa_624x351_gettyEl sacerdote y teólogo polaco Krzysztof Charamsa acaparó titulares el fin de semana y fue castigado por ello.

Se declaró gay en vísperas del sínodo sobre la familia y presentó la acción como un desafío a “la postura retrógada” de la Iglesia católica para con la homosexualidad.

Y el Vaticano reaccionó apartándole del cargo que ostentaba desde hace 12 años en la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargada precisamente de defender la doctrina de la Iglesia.

Pero Charamsa no sólo hizo pública su opción sexual, también reconoció que mantenía una relación sentimental.

Incluso posó ante las cámaras con su pareja, el catalán Eduard Planas, y dijo ser feliz con él mientras lo agarraba cariñosamente por el cuello.

Y, por mucho que la puesta en escena pudiera llamar la atención, el caso de Charamsa no es una excepción.

Hay más sacerdotes católicos con pareja, sea ésta hombre o mujer.

Algunos mantienen la relación en secreto, pero otros están casados.

“100.000 en el mundo”

Esto no ocurre sólo en las iglesias católicas orientales, las que se desarrollaron a partir de la tradición griega y bizantina y difieren en teología, credo y ritos de la católica romana.

En estas iglesias los hombres casados pueden oficiar misa en estas iglesias.

Así, por ejemplo hay curas coptos o curas católicos griegos casados que se unieron en matrimonio con una mujer.

Y los sacerdotes ortodoxos, anglicanos y protestantes pueden casarse o permanecer célibes, ya que es opcional.

Pero también existen curas católicos apostólicos y romanos, pertenecientes a la Iglesia católica romana, que han contraído matrimonio.

Unos 100.000 en el mundo, calculan las organizaciones que promueven el fin del celibato. Y aseguran que si se incluyen religiosos que no son curas y religiosas, la cifra se multiplica.

“Solamente en Italia los sacerdotes casados son 8.000 o 10.000- actualmente hay 30.000 curas en el país- y en todo el mundo la cifra supera los 100.000”, señala Vocatio, la asociación de presbíteros con familia.

Y esas mismas cifras maneja la Confederación Internacional de Curas Casados.

La Iglesia no ofrece datos, pero l’Osservatore Romano, el medio oficial del Vaticano, hizo un cálculo de los sacerdotes que habían solicitado el permiso de la Iglesia para poder casarse entre 1970 y 1995.

De acuerdo al diario vaticano, en esos 25 años solicitaron la dispensa, como se llama el consentimiento, unos 46.000 sacerdotes.

Los años en los que se solicitaron más dispensas fueron 1976 y 1977, estimó el medio; entre 2.500 y 3.000.

“Realización personal”

Fue en esa época, unos pocos años después, cuando Andrés Muñoz se casó con Teresa Cortés.

Después de 13 años de ejercicio sacerdotal en varias diócesis de España, optó por secularizarse en 1979.

“Decidí realizarme como persona”, aclara Muñoz a BBC Mundo.

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Así, en 1981 contrajeron matrimonio por la vía civil.

Y a la boda asistieron el párroco y la comunidad de base a la que pertenecían.

Por ello, “yo me siento casada ante Dios y ante la iglesia”, dice Cortés.

Para hacerlo Muñoz no pidió ninguna autorización. No solicitó la dispensa al Papa, el permiso que concede para poder incumplir el compromiso de celibato.

Éste es un trámite que se hace a través de un obispo y el dicasterio correspondiente, la Congregación para el Clero.

Después de que ésta instruye el expediente, lo envía a Roma. Y es el propio sumo pontífice el que resuelve.

Quien recibe la dispensa debe colgar los hábitos. Ya no puede ejercer el sacerdocio y, por tanto, no puede oficiar misa.

Iglesia “renovada”

“En aquél entonces si decías las razones propias tardaban muchísimos años en concederla”, explica sus motivos para no solicitarla.

“Y la otra opción era alegar pérdida de fe, mala orientación de la sexualidad, o cuestiones de mujer e hijos. Pero me pareció vejatorio”, dice.

Así que ya no es sacerdote, pero dice que no le interesa: “Me considero creyente de Jesús de Nazaret. Y creo en el sacerdocio como un servicio a la comunidad”.

Por ello, reivindica “una iglesia nueva, que contemple el celibato opcional”, a través del Movimiento pro Celibato Opcional (Moceop), una organización de unos 200 aficilados que nació en 1977, integrada en la Confederación Internacional de Curas Casados y que edita una revista.

Pero la iglesia renovada de la que habla no sólo debería albergar curas casados, dice.

“Debería ser una iglesia horizontal, igualitaria, incluyente, que no margine a las mujeres, en la que los protagonistas sean las comunidades de base”, enumera su esposa.

Muñoz asiente y concluye: “Una iglesia con rostro humano, en el que todos seamos hermanos, que no haya dos categorías, dos clases (clero y laicos), y en la que nos diferenciemos sólo por el ministerio (servicio) que nos corresponde”.

Y ante la pregunta de por qué no se unió a otra iglesia que contemple el matrimonio para los curas, como las orientales o la evangélica, cuenta que esa oferta ya se la hicieron.

“Un cura americano nos invitó a pasarnos a otra iglesia”, recuerda.

“Pero no aceptamos. Nos pareció que no era sincero, que era como si tuviéramos que ocultanos”.

“Puerta abierta”

En lugar de organizarse en un movimiento como Muñoz y Cortés, 26 mujeres enamoradas de curas optaron por otra estrategia: se dirigieron directamente al Papa.

En mayo del año pasado remitieron a Jorge Mario Bergoglio una carta, en la que le pedían que deje de obligar a sus compañeros a elegir entre ellas y Dios.

“Nosotras amamos a estos hombres y ellos nos aman a nosotras. No se puede romper un vínculo tan fuerte y hermoso”, escribían.

Y argumentaban que por ese motivo muchos sacerdotes optan por una doble vida, algo que obliga a sus mujeres a vivir en la clandestinidad.

Por eso, “queremos, con humildad, depositar a sus pies nuestro sufrimiento con el fin de que algo pueda cambiar, no sólo para nosotras, sino para el bien de toda la Iglesia”.

Y el papa argentino no tardó en responder.

A los pocos días, de regreso de un viaje a Jerusalén, a bordo de un avión, dijo: “El celibato es una regla de vida que aprecio mucho y creo que es un regalo para la Iglesia”.

“Pero ya que no es un dogma, la puerta está siempre abierta”, añadió.

“Efectivamente, no es un dogma. No es una orden de Dios. Es una decisión disciplinaria del gobierno de la Iglesia católica, algo útil para la Iglesia”, señala a BBC Mundo el vicedirector del servicio de prensa del Vaticano, Ciro Benedettini.

Sin embargo, Jorge Otaduy, experto derecho canónico de la Universidad de Navarra (España), dice a BBC Mundo que “no se le haría justicia a la tradición espiritual de la Iglesia si el tema se limita a una cuestión disciplinaria”.

De acuerdo a Otaduy, las razones son teológicas.

“Los sacerdotes deben ser la imagen de Jesucristo, esposos de la Iglesia”, explica.

Y el hecho de que en otras iglesias no exista el celibato obligatorio responde a razones históricas, asegura.

“Desde los inicios de la Iglesia siempre ha estado muy clara la conveniencia del celibato, ya que éste permite una dedicación exclusiva a la comunidad”.

“Razones económicas y de poder”

Y es ahí, en los orígenes del celibato, donde vuelven a disentir el experto y las organizaciones aperturistas.

Los segundos remarcan que los apóstoles estaban casados y que el celibato no fue obligatorio hasta el concilio de Trento (Italia), desarrollado en periodos discontinuos durante veinticinco sesiones entre el año 1545 y el 1563.

Y Otaduy asegura que ya se contempló mucho antes, en el concilio de Elvira.

No está claro cuándo se llevó esta reunión a cabo, pero fue entre el año 300 y el 324, en la ciudad de Ilíberis, cerca de la actual Granada (España).

¿Pero por qué sigue manteniéndose como norma?

El exsacerdote Andrés Muñoz señala que son dos las razones: el poder y la economía.

“La sexualidad es una de las pulsiones humanas más importantes, y si la controlas tienes mucho poder sobre esa persona. Así que a la Iglesia le interesa seguir teniendo ese poder”, explica la primera.

“Además, si eran célibes, cuando morían las herencias pasaban directamente a manos de la Iglesia, ya que no había ninguna otra parte con legitimidad para recibirlas”, argumenta la segunda.

A favor de la flexibilización

Sea por la razón que sea, hoy varios miembros de la Iglesia abogan por la flexibilización de norma del celibato.

En marzo de 2013 Keith O’Brien, arzobispo de St Andrews y Edimburgo, uno de los principales representantes de la Iglesia católica y romana en Escocia, dijo que no existe ningún argumento teológico para sostener la prohibición de que los curas se casen.

“No tengo ningún problema con el celibato se acabe. No hay un gran argumento teológico que lo impida, ni habrá ningún problema teológico si se acaba”, señaló.

Y es que no pertenece a la esencia del sacerdocio, como aclara el experto en derecho canónico Jorge Otaduy.

También ha pedido la flexibilización monseñor Erwin Kautler, un obispo austríaco que desde hace 30 años es el prelado de la parroquia de Xingú, estado de Pará, en Brasil.

“No estoy defendiendo el fin del celibato. Defiendo el principio que presidir sobre el sacramento de la eucaristía, por ejemplo, no sea una prerrogativa exclusiva de un hombre célibe”, le dijo a BBC Brasil.

Asimismo, el sacerdote jesuita Felipe Berríos, quien realiza su trabajo pastoral en Antofagasta (Chile), hizo referencia al tema recientemente, en julio pasado.

“El celibato va a ser algo que va a tener que revisarse (…) cuando entré a la Compañía (de Jesús), el celibato era un signo de generosidad, un signo que hacía más creíble la entrega que tenías. Pero hoy no es nada de eso. Al revés: es un signo de sospecha y que te hace poco creíble. La gente sospecha de los curas porque somos célibes”, dijo.

Sea por la razón que sea, son varias y diversas las voces que piden al Papa que abra la puerta al matrimonio.

“Pero no creo que ocurra pronto”, dice Teresa Cortés, esposa del exsacerdote Andrés Muñoz.

“La Curia es una institución muy cerrada y poderosa”.

Fuente

BBC Mundo

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