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Los enemigos internos

fear-miedoSomos nuestro propio resultado. Somos nosotros los que elegimos el camino del éxito o por el contrario apostamos al fracaso. Nadie puede hacer por nosotros lo que no queremos hacer. Nadie puede acumular logros por nuestra cuenta. El poder, la autoridad, el liderazgo y la capacidad de seducción, la salud, el buen talante, el autocontrol y la sensatez son partes indivisibles de nosotros mismos. Pero así como podemos llenar las alforjas de nuestra vida con los facilitadores del éxito, también podemos llenarlos con los aceleradores del fracaso.
El fracaso está íntimamente relacionado con la ineficacia, el miedo y la inflexibilidad. Alrededor de ellas se organiza un circuito perverso que se retroalimenta y se fortalece hasta provocar el colapso. Aspectos como la irritación, el rencor, la amargura y la envidia son los indicios de que algo no está funcionando correctamente con la persona que los exhibe en su conducta laboral. Sin embargo nunca resulta fácil discernir sobre las verdaderas razones que provocan el descalabro. Aquí solo podemos presentar algunas posibles relaciones. 
1 El poder como finalidad se convierte en una trampa mortal. Es la tentación de someter a los demás hasta lograr su subordinación servil. Es el apetito desmedido por el reconocimiento, que muchas veces encubre el trastorno de la personalidad narcisista. Un narciso no tolera competencia, por esa misma razón su vida transcurre dentro de la suspicacia y la desconfianza perennes. Todos los que muestran algún tipo de independencia son objeto de sospecha. Y de esta forma se vuelven improductivos y provocan la de los demás. Vale la pena recordar que el poder solo tiene sentido como capacidad para la realización. En ningún caso como oportunidad para la dominación. 
2 La procrastinación provoca angustia, y la angustia se traduce en rabia. El primer enemigo del éxito es el vicio de la postergación de las tareas y obligaciones. No hay nada más irritante que el tener conciencia del tiempo perdido y la consecuente acumulación de problemas no resueltos y de excusas invocadas para encubrir la falta de responsabilidad. Lo contrario es el esfuerzo, la decisión íntima de voluntarioso, valiente y esforzado a la hora de realizar cualquier proyecto. 
3 La envidia es una mala mirada de los éxitos  y las circunstancias de los demás. Supone que la falta de realizaciones personales es el resultado de lo que los otros hacen y no por lo que uno deja de hacer.  Antonio Pérez Esclarín afirma que “los envidiosos viven en permanente zozobra, buscando siempre los defectos, los fallos, lo negativo y sienten un gran alivio y satisfacción cuando los descubren y chismean. 
4 La flojera intelectual provoca una esclerosis progresiva de nuestra capacidad productiva. Siempre hay algo que queda por aprender. La mejor actitud es la curiosidad y la preocupación por el conocimiento. Leer, actualizarse, consumir cultura y viajar son buenas vías para combatir la pereza. 
5 El miedo es lo contrario a la virtud de la fortaleza. El mundo organizacional está lleno de oportunidades para afirmar el carácter o caer en pánico. Las exigencias de autenticidad, el reconocimiento de los errores, la necesidad de tomar partido, el tener que afirmar o negar, la incertidumbre y lo desconocido, los costos ocultos de nuestras decisiones, el rechazo y lo efímero de la vida, cada una de estas situaciones, o todas a la vez, pueden llegar a paralizarnos.  Contra ese peligro que siempre acecha solo funciona la fortaleza de voluntad y mucho sentido de realidad. Reconocer los miedos, sus caudas, y enfrentarlos son la única opción, pensando que cada día es una nueva oportunidad para enmendar, corregir y mejorar. Los fantasmas del miedo residen en nosotros mismos. Solamente nosotros podemos conjurarlos. 
6 El estrés es el producto de la urgencia y la tensión permanente con la que nos hemos acostumbrado a ejecutar nuestras acciones. Ese constante “contra reloj” solamente se traduce en agobio y perjuicio. Sucesos negativos, situaciones potencialmente peligrosas, y actividades percibidas como excesivamente difíciles provocan alteraciones psicosomáticas y psíquicas. El acumular estrés depende de cómo procesemos cada situación. Pero también de la preparación física y emocional que tengamos para encarar los desafíos con la expectativa de salir airosos. No te comprometas si no puedes cumplir. Recuerda que el día tiene solamente 24 horas. Y no dejes todo para último momento. Haz ejercicio y despeja la mente. 
7 El conformismo, que es la antesala de la muerte espiritual. Acéptate como eres pero no te resignes. Hay que vivir en constante diálogo con uno mismo y en permanente interrogación. ¿Qué soy hoy? ¿Qué he sido? ¿Qué puedo corregir? ¿Qué quiero ser? ¿Qué tengo? ¿Qué puedo ser y por dónde empezar?  El pensamiento es el laboratorio de la acción, y la acción es nuestro indicador de éxito. Una mente libre tiene la valentía de pensar sin miedo y sin censura sobre lo deseado, lo deseable y lo posible. El conformista dejó de dialogar consigo mismo. Es su propia decepción. 
Cuando el enemigo interno está ganando nosotros intentamos buscar la culpa en el otro aunque en el fondo sabemos que no hay otro diferente a uno mismo negándonos a ser felices y exitosos.

Fuente: www.elmundo.com.ve

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