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Edgardo Coromoto: Amorosa entrega a un apostolado

Por una calle del pueblo de los Morros venía una mujer con su hijo adolescente, otra mujer venía en sentido contrario, se saludaron alegremente y le dijo la mujer al hijo:
-¡Pídale la bendición a su mamá ¡
El muchacho –trece años a lo más- cruzó su diestra al pecho y pidió la bendición un tanto perplejo.
Era la partera del pueblo, que atendió su nacimiento en una casita de la calle Bermúdez, entre Mellado y Roscio, el 18 de diciembre del año 54 del siglo XX.
Edgardo Coromoto Suárez le dieron por nombre. Era hijo de Ana Suárez vallepascuense y de Juan Anteportan Velázquez, socorreño.
De la casita donde nació -al lado del recordado Marcos Becerra- sólo queda el recuerdo de quienes la conocieron.

Siete hermanos eran: Marcos, Jazmín, Juan Napoleón, Soraya, Francisco José (+), José Gregorio (+), y nuestro personaje, Edgardo Coromoto Suárez, su nombre de pila.

Hermanos suyos también son por vía paterna, los Camacho, José, Juana Elisa y Rafael Vicente, Nair Parra y Natty Borrego. Diana y Paola son dos nietas que aumentan la alegría del hogar.
Del centro se fueron a La Morera y finalmente a la calle La Gloria de El Mahomo. Despierto y animoso. Lina, la esposa de Elio Rojas, le enseñó las primeras letras. Comenzó la primaria en el instituto Escuela Guárico en su moderna sede de la Av. Fermín Toro.

Egresó de sexto grado de la prestigiosa Escuela F.V.M bajo la digna y acertada dirección del inolvidable maestro santamarieño Alfonso Cásseres Itriago. Tiene Edgardo Suárez en su memoria y en su orgullo íntimo, tres nombres en su formación: Rita de Carrero, César Cásseres y Judith de Martínez.
La secundaria la comenzó en el Liceo Roscio. Atraído por las ciencias biológicas y de la salud, se inscribió en el Taller de Formación de Auxiliares de Enfermería que el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social dictaría en el viejo Hospital Guárico de la Av. Bolívar, dirigido en esos días por el Dr. Pedro Álvarez. Comenzaba la década de los setenta.
En 1972 comienza a trabajar en el citado hospital. El primero de septiembre del 74 recibe credencial con cargo fijo.
En el nosocomio del pueblo de los morros que libraba en esos momentos una batalla para lograr su universidad , estuvo Suárez hasta la inauguración del nuevo hospital bautizado con el nombre del médico de pobres nacido en Zaraza en 1922, Dr. Israel Ranuárez Balza.
Pronto los médicos descubrieron tres condiciones en aquel joven: una sed de conocimiento que le hacía preguntar y preguntar a cualquier hora y lugar, una gran solidaridad humana y social y una puntualidad y seriedad en el trabajo que le ganaron el afecto de quienes serían a lo largo de su vida profesional sus maestros, los doctores: Santiago Mugica Neira, José Antonio Velázquez y Pedro Jota Hernández en el hospital, y Freddy Reyes Peña en el Seguro Social, institución a la cual le prestó también puntuales servicios durante tres décadas.

Dos anestesiólogos le brindaron pacientes enseñanzas sobre esa especialidad, los doctores Carlos Sojo y Armando Landaeta.

Siete años de esa vida profesional los dedicó Edgardo Suárez a la salud de los reclusos de la Penitenciaría General de Venezuela, desde 1976 hasta 1983.

El joven enfermero, para nada dormido en los laureles, felizmente casado con la también enfermera María Ochoa desde 1976, y con tres hijos: Sikiu Milagros, Edgardo Alexander y Jesús Edgardo.

Egresó Técnico Superior en Enfermería con el bien ganado mayor índice académico del Instituto Cecilio Acosta y la profesionalización para obtener el título de Licenciado la realizó en la Universidad Experimental “Rómulo Gallegos”.

Muchos nombres para la gratitud de su corazón, entre estos, las pedagogas de la enfermería: Amelia Guerra de García, Celeste Regio de Guzmán y Nancy Pérez de Quintero junto a su esposo José Quintero, y otro grupo de profesionales jubilados.

Desde el año 2015, nuestro personaje va y viene por esas calles de Dios desde muy temprano en un servicio privado de curas. Tres áreas atiende con solicitud y eficiencia: pie diabético, quemado y post-operado. Desde hace una semana nos atiende. Observamos sus movimientos precisos y su léxico médico, rico por demás.

Hoy, nos dedicó buen tiempo una vez concluido su trabajo en nuestro maltrecho cuerpo. Recordamos a su abuela Juana de Jesús Suárez a quien llamaban Doña Ana, nacida en el caserío La Pastora, cercano a Valle de la Pascua, fallecida a los 95 años, recordamos a Ana su noble madre, nuestra amiga, y a su hermano nuestro alumno Juancho.

Recordamos a mucha gente Y entre tantos, su maestro, nuestro maestro, el Dr. Santiago Mugica Neira, apóstol de la medicina, descendiente del prócer de la independencia José Santiago Muxica Ramos, orticeño.

No oculta Suarez la alegría y la gratitud con el creador por cinco nietos: Cristian, Daniela, Ana Valeria, Jesús Alejandro y Edgardo Francisco, y un hijo del alma y del alma de su esposa María, Gerardo Moreno, mismo amor, mismo rango.
Lía sus bártulos, se despide, firme el pulso y alentadora la palabra, y se va con el bajo perfil de su escogencia, con la certeza de sus pasos, con un concepto sacramental de cuanto hace por sus semejantes. Letras de oro proponemos para su reseña de vida en la historia de las ciencias de la salud de esta comarca. Amén.

Argenis Alí Ranuárez Angarita
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