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Una madre canta en buses para garantizar el pan de sus hijos

Un bus de la ruta seis se detiene en la parada, una chica delgada sube. Sobre su pecho, en un portabebés viejo y a medio remendar, descansa una pequeña de apenas cuatro meses, duerme una siesta.

Aturdida por la bulla de una hora pico, la joven madre alza la voz. “Buenas tardes para todos”, dice con un tono suave que se esfuerza en proyectar para que la escuchen hasta el final de la unidad, que como todos los días va repleta de usuarios desesperados por llegar a su hogar.

“Mi nombre es Roseinés Cortez, espero no molestar. Por necesidad salgo a la calle a buscar dinero porque tengo una bebé de cuatro meses y dos niños más en la casa que debo alimentar. Ustedes saben que la situación está muy difícil. Yo no les vengo a pedir nada regalado, les vengo a cantar a cambio de un poco de dinero y si les sale del corazón ayudarme se los agradecería en el alma”.

Entre la gente, Roseinés busca abrirse espacio. Con una mano sostiene a la niña, como en un intento por asegurarse de que el viejo portabebés no se termine de romper. Su voz no es agraciada, ella lo advierte a su audiencia dentro de aquel bus de la ruta 6. “No sé cantar, pero es lo único que se me ocurrió hacer para conseguir dinero y comprar un poco de comida, me disculpan si no se escucha muy bien. He buscado trabajo, pero como tengo a la bebé, nadie me quiere contratar”.

Durante la repentina presentación el autobús sigue su trayecto, el chofer se preocupa por bajar un poco la marcha para que la joven pueda cumplir su cometido, recoger un poco de dinero y bajarse de la unidad sin percances.

Los pasajeros de los buses representan una audiencia para la chica de 24 años que busca ganar un poco de dinero para comprar comida | Foto: Archivo

Dentro del colectivo algunos miran por la ventana como perdidos e ignorantes de lo que ocurre. Otros le regalan miradas compasivas y a los más sensibles se les escapa una lágrima. La bebé de cuatro meses sigue dormida en el pecho, como si la voz de su madre, por poco melodiosa que sea, le resultara un arrullo.

El bus se detiene, la canción termina, con suerte Roseinés logra recoger algo de dinero. Billetes de 100, de 20 y 50 bolívares caen sobre una bolsita vieja. La mujer agradece el gesto, mira con alegría lo poco que recibe pues representa un pan seguro para los otros dos pequeños que la esperan en casa.

Fuente

http://elpitazo.com/u

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