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“Yo represento las ideas de igualdad, progreso y justicia”

Tamara Adrián:
“Yo represento las ideas de igualdad, progreso y justicia”

TamaraAdrian-AnibalportadaTamara Adrián está gran parte del tiempo hablando por teléfono. “Candidato no es gente”, dice cada vez que tranca y pide disculpas. A tan solo tres días de haber inscrito oficialmente su candidatura en el CNE para las elecciones parlamentarias, Tamara se encontraba en Maracaibo para asistir al 3er Ciclo de Cine de Género Diverso que organizaba el Centro de Bellas Artes Ateneo de Maracaibo, al haber sido invitada mucho antes de tener ahora que ocupar su agenda con quehaceres de campaña.

Bajo la temática “La educación sentimental”, el centro escogió para esta tercera edición proyectar los documentales estadounidenses “Paris is burning”, “The celulloid closet” y “How to survive a plague”, más el mediometraje venezolano “Yo, indocumentada”. Enfocados en distintas perspectivas, cada filme analiza situaciones a las que la población sexodiversa ha debido enfrentarse, desde la exclusión social, la pobreza, su tratamiento en el cine, la exposición a enfermedades, hasta el vacío legal en el que todavía viven en ciertos países como Venezuela. Por eso, al ser reconocida por su activismo por los derechos de la comunidad LGBTI en el país y el mundo por más de 20 años, los organizadores invitaron a Tamara para que iniciara el evento con un conversatorio abierto.

La profesora de la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Metropolitana (también jubilada de la Universidad Católica Andrés Bello, institución en donde egresó como abogada), es promotora del Movimiento Social ProDiversidad y ProInclusión en Voluntad Popular –partido político que integra desde su fundación–, presidenta del Comité Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia y co-presidenta de la organización International Lesbian Gay Transgender Law Association. Y ahora, aunque en el registro civil sigue apareciendo como Tomás Mariano Adrián Hernández y la solicitud de reconocimiento de su nueva identidad que introdujo en 2004 hasta la fecha no se le ha dado ni siquiera visibilidad, se convirtió en la primera mujer transgénero en optar por un puesto en la Asamblea Nacional de Venezuela el próximo 6 de diciembre.

Capaz fue la oportuna formalización de su candidatura lo que provocó que esa noche del lunes 10 agosto numerosas personas no se dejaran desanimar por un aguacero –de esos que muy poco caen en Maracaibo– y asistieran al encuentro con este personaje que se ha convertido en ícono para la comunidad sexodiversa en el país. De hecho, durante el conversatorio, varias fueron las voces que le repitieron “Tú eres nuestra esperanza para que nos representes (A la comunidad LGBTI)”.

Pero la abogada insiste que no piensa representar a nadie y que prefiere verse como una referencia de que sí se puede luchar por la igualdad. “Yo represento las ideas de igualdad, progreso y justicia. Pretender convertirte en representante es hacer de los otros menores de edad, quitándoles su propia responsabilidad. Cada quien debe tener su propia responsabilidad, incluyendo a aquél que eligió a alguien para un cargo. Tiene que exigirle que cumpla con sus promesas y deberes”.

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Aunque no puede negar que su candidatura desenmascara “la profunda hipocresía que ha venido acompañando la propaganda gubernamental”, que mientras asegura que Venezuela es de todos, aún en el país existen personas que no tienen iguales derechos en la ley y, que, con respecto a naciones vecinas como Colombia, México, Ecuador, Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, parcialmente en Bolivia y en algunas islas del Caribe, donde se reconoce los derechos iguales y protección para la población LGBTI, el país ha decidido desentenderse de esta situación. “Venezuela se diferencia del resto de los países de la región por esa profunda homofobia de Estado”.

De hecho, el oficialismo ha usado la diversidad como un insulto. A Capriles se le tildó de homosexual para insultarlo
−No, de maric*ns*n. Que además es un término que no usamos nosotros. Aquí en Venezuela la gente dice m*rico, pero no maric*ns*n. Busca de dónde viene esa expresión y verás que es de una región al norte de Venezuela en el mar Caribe.

Venezuela no siempre había sido así. Desde finales de la década de los 70 hasta 1998, el país era pionero en la región en cuanto al reconocimiento de la identidad de personas transgénero al existir una ley que reconocía la no discriminación por la preferencia e identidad sexual. Incluso, numerosas personas trans de Ecuador, Colombia o Brasil venían al país para tratarse hormonalmente en el Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de Venezuela (Centro Bianco), lugar que, según Tamara, al igual que las políticas del país, se desfasaron.

“Las parejas del mismo sexo están desprovistas de todo derecho en la vida y en la muerte. Como antes lo estaban las parejas no casadas y por la misma razón: el prejuicio”, explica la abogada sobre la realidad legal de la comunidad homosexual en Venezuela. Cotidianidades para las parejas heterosexuales como el derecho a los bienes comunes, el derecho a no declarar en contra de tu cónyuge, el derecho a la emigración, el derecho a la comunidad de los fines impositivos o el derecho a la visita conyugal, entre otros, se les niega a las pareja del mismo sexo. Pero el caso de las personas trans es peor: “No teniendo una identidad legal, que se corresponda con la identidad de género, simplemente el ejercicio de todos los derechos ciudadanos es prácticamente imposible. Ir a un hospital, estudiar, trabajar…”.

Usted compara mucho nuestra situación legal con la de países vecinos como Colombia, México, Uruguay, Brasil y Argentina, ¿qué aspectos de cada uno extraería para que Venezuela volviese a la punta de este tema en la región?
−El país más avanzado en la región sin duda alguna ha sido Argentina, seguido de Uruguay. Yo traería la legislación de esos dos países, porque es la más diáfana. En ellas hay matrimonio igualitario, reconocimiento de la identidad de género sin operación genital, protección integral en contra de la discriminación, planes sexual y reproductiva, planes de atención de salud… Una serie de cosas que demuestran sin duda alguna un respeto al otro. Porque básicamente es un tema de respeto. Respetar al otro y reconocerlo en su diferencia y en su dignidad dentro de su diferencia. Traería también la ley en contra de la discriminación que existe en Bolivia. La ley de matrimonio igualitario y la de identidad de género que existen en Argentina, pero arreglado un poquito más. Traería la maltesa, que incorporó a la ley argentina la prohibición de la mutilación en los niños y niñas intersex.

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Si bien en su experiencia se suman más de dos décadas en esta lucha por los derechos iguales para la población LGBTI, lo importante para Tamara es que su candidatura no se encasille en ese tema. “Vivo del Derecho y mi especialidad es el derecho económico. Trabajo en el área de petróleo, gas, de inversiones extranjeras, mercado de capitales, banca, seguros… Todo eso que no existe ahorita básicamente y que justamente es la razón de la crisis que estamos viviendo”.

¿Qué temas acaparan su atención en la carrera política?
−Hay que enfrentar la profundísima crisis económica (también social, cultural, política, etcétera) que estamos viviendo. ¡La inseguridad jurídica! Prácticamente la toma del poder judicial con jueces que son provisionales y que no le dan ninguna seguridad… Todas esas cosas hay que enfrentarlas. Venezuela hoy por hoy, los índices internacionales muestran, tiene el más bajo grado de institucionalidad en el mundo. Peor que nosotros están países como Zimbabue, Corea del norte, Siria y el Congo. Cuatro no más. Hasta Cuba está por encima de nosotros en institucionalidad. Hay temas difíciles que hay que enfrentar porque se desmembró el tejido de la legislación y se sustituyó por una legislación absolutamente incoherente desde el punto de vista económico. Ninguna empresa es capaz de cumplir con todo. Una ley te dice “sal por la puerta o te multo” y otra ley dice “si sales por la puerta, te multo”. Y las dos están vigentes.

En una revista que había en el escritorio lee el nombre de Leopoldo López en su portada. Señalándolo, comenta sonriente: “Por él es que yo estoy en la política”. Así que no es de extrañar que al hablar de la campaña “La mejor Venezuela”, ejercida por el partido en el que milita, reconoce que se imagina a ese país como lo decía su coordinador nacional (condenado a casi 14 años de cárcel por los hechos del 12 de febrero de 2014): con camiones y estantes llenos de productos que digan “Hecho en Venezuela”. “Allí tendremos una Venezuela que es capaz, como lo era en el pasado, de alimentarse, de exportar, de producir y de ser un país del primer mundo. Que somos potencialmente un país del primer mundo, pero por ahora creo que ni siquiera somos del tercero”.

¿Qué se necesita para lograr “La mejor Venezuela”?
−Necesitas superar la división política. No se puede construir país excluyendo al otro. Esa es quizás la gran lección del psuvismo, que pretendió hacer país solo legislando para algunos, contando con algunos, viendo a algunos y excluyendo a todos los demás. Se debe pasar a reconocer que en una democracia es necesario parlamentar, escuchar al otro y reconocerlo. No insultarlo, ni apabullarlo, ni simplemente pensar que el otro es un enemigo.

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Su experiencia como profesora universitaria también fue un determinante a la hora de considerar incursionar en la política, al ver que todos sus mejores alumnos deciden alejarse del país que los formó. Su objetivo: que en Venezuela se detenga el éxodo de cerebros por la falta de oportunidades. Aunque para ello, considera imprescindible que la población sienta el compromiso de dedicarle al país, tal como lo dijo el británico Winston Churchill, “sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas” de tanto trabajo en conjunto para superar la crisis.

Con insistencia se repite que el problema de Venezuela son, precisamente, los venezolanos. ¿Cuál sería su punto de vista?
−Creo que quienes tienen ese discurso de echarse el balde de excremento encima son los que han llevado a Venezuela por este camino. No somos ni un mejor país, ni un peor país. Los venezolanos somos seres humanos, tenemos defectos y virtudes. Como pueblo tenemos una cierta idiosincrasia, que no es muy distinta a la idiosincrasia del resto de países de América Latina y del mundo. Cuando viajas tanto como lo he hecho te das cuenta de que los seres humanos son iguales en todas partes del mundo y, en definitiva, que lo que hay que hacer es saber que tenemos que contar con todas y todos y para todas y para todos. Esa es la clave. Si no logramos eso, pues simplemente nos van a chupar las arenas movedizas en las cuales estamos moviéndonos y podemos llegar a ser un país fallido.

El repique de su teléfono vuelve a resonar y da fin a la entrevista. “Como saben que estoy aquí, ahora todo el mundo me quiere ver”, se excusa. Alrededor de seis llamadas en menos de media hora ya habían copado el día de Tamara. Con una especie de suspiro, la aspirante a una curul en la Asamblea Nacional repite “Candidato no es gente” y procede a contestar: “¡Mira, ver**ita! Sí, estoy en tu tierra”…

Fuente

Tendencia.com

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