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Crónica Negra / La muerte en camuflaje

estigmas3-jpg-525-0-thumbAquel mes de diciembre fue particularmente frío y violento. Se dice que la temperatura hubo momentos en que se acercó a los trece grados en Caracas y hasta unos dieciséis en algunas ciudades del estado Aragua, lo que ya es mucho decir. Y en cuanto a la violencia, aseguran los entendidos que las bandas criminales parecía que hacían apuestas para ver cuál de ellas mataba más agentes policiales.

La tía Felipa me asegura que la orden, no del frío sino de la matanza de uniformados, provino entonces de los mafiosos que lideran las dos cárceles más peligrosas del país, como lo son la Penitenciaria General de Venezuela y la cárcel de Tocorón, en el estado Aragua, quienes habrían impartido la directriz como respuesta a la gran cantidad de delincuentes que habían caído abatidos en operativos policiales en el país.

Lo cierto es que, en una semana, tan solo en Caracas y Aragua se habían registrado cuatro ataques criminales en contra de agentes de los cuerpos de seguridad y siete policías habían muerto.

El robo. Faltaban dos días para terminar el año y Gumersindo Rodríguez había salido temprano del trabajo, pues solo había tenido que llevar hasta sus casas a cuatro trabajadores, ya que la mayoría ya estaba de vacaciones.

Por la tarde cuando salió a trabajar había dejado su casa con un fresco y contagiante olor a Navidad. Su hija comenzó a poner gaitas desde media mañana, mientras que su hijo mayor, que reparaba su auto, se puso a tomar cervezas, y el resto de la familia se preparaba para hacer las hallacas que comerían en la Nochebuena.

“Trata de venirte temprano para que nos ayudes, aunque sea a amarrar, Gumersindo”, le dijo su mujer cuando él se despidió con un beso.

El hombre tenía una barriga pronunciada, pero él decía que era de tanto andar sentado, pues llevaba muchos años trabajando como chofer. Salió de su trabajo y enfiló camino a su casa y poco antes de llegar al pueblo se detuvo en una panadería y compró un refresco, pan y algo de queso.

Veinte metros más adelante se topó con una alcabala, donde le ordenaron detenerse. Uno de los supuestos policías se subió al microbús y le pidió sus documentos de identidad, así como del vehículo. “Así que tú trabajas en la Misión Vivienda”, le dijo el hombre.

En ese instante se subió otro de los hombres que llevaba un fusil terciado a la espalda y le dijo al otro que amarrara al chofer y lo pasara para los asientos de atrás. La incertidumbre y el pánico se apoderaron de Gumersindo. Fue en ese instante cuando cayó en cuenta de que aquellos hombres no eran policías. En total eran como nueve hombres. Cada uno cumplía una misión.

La celada. Los uniformados prepararon café para combatir el sueño y el frío, que aquella noche había arreciado más que de costumbre. Dos de ellos, que habían estado largo rato chateando con sus novias con sus teléfonos celulares, ya habían terminado, quizás porque las mujeres se habían ido a acostar. Ya eran las dos de la mañana pasadas. Un motociclista apareció en el camino y los uniformados se pusieron alertas de inmediato y dos de ellos hasta sacaron sus armas de fuego, a pesar de que no traía parrillero. Le ordenaron detenerse y el motociclista, que se veía que era un hombre humilde, les explicó que su mujer estaba enferma y había salido a comprarle una medicina. Los policías lo dejaron continuar su camino tras verificar que tenía sus papeles en regla.

Tres de los uniformados estaban sentados en unas sillas plásticas tras un escritorio y los otros tres estaban a un costado de la vía porque ya a esa hora no pasaba ningún vehículo. El cansancio se les notaba en los rostros. Estaban allí desde temprano.

Los dos focos se pudieron observar desde el comienzo de la carretera. El conductor traía las luces altas, pero enseguida las bajó. Los policías se pusieron alertas de nuevo, ya que sabían que toda esa zona de San Casimiro, en el estado Aragua, estaba tomada por varias bandas criminales. Uno de los uniformados cruzó la calle y se ubicó del otro lado de la vía, el otro se puso justo en el medio y el tercero se quedó donde estaba. Los tres restantes no perdían de vista al microbús, pero se tranquilizaron un tanto cuando se percataron de que pertenecía a la Gran Misión Vivienda Venezuela.

La unidad se detuvo justo al frente de los uniformados. Los tres policías subieron para verificar que todo estuviese en orden. Dentro había tres hombres y una mujer. “Estoy haciéndole transporte al personal”, alcanzó a decir el conductor, sin esperar a que se lo preguntaran. Era un joven de unos 25 años, de tez morena clara y una mancha oscura del lado derecho del cuello.

De pronto la unidad se estremeció por los centellazos y el estruendo. Apenas si se escucharon unos gritos ahogados. El paso de la vida a la muerte ocurrió de manera acelerada. Uno de los hombres se bajó del microbús y disparó en ráfaga hacia el escritorio donde segundos antes estaban los otros tres uniformados. Manejaban los fusiles con absoluta destreza, como si los hubiesen tenido desde niños, o como si los usaran todos los días.

Los heridos fueron auxiliados rato después por un transeúnte que pasó y se percató del hecho, y los trasladó hasta el hospital. Uno de los infortunados llegó muerto, pero afortunadamente los otros dos lograron sobrevivir.

Una patrulla de la policía del estado Aragua vio la unidad de transporte de la Misión Vivienda, estacionada a un costado de la carretera de Camatagua. Ya sabían lo del ataque y de inmediato se imaginaron que podía tratarse del mismo microbús que participó en el ataque. El olor a sangre se podía percibir aún desde afuera. Dentro estaban los cadáveres de los dos infortunados y numerosos casquillos. Los fallecidos fueron identificados como: oficial agregado Julio Mejías, de cuarenta años, el oficial Germán Colmenares Ortiz y el oficial Maikel Ramírez. Todos fueron despojados de sus armas de reglamento.

El Cicpc determinó que los criminales eran de la temible banda de El Juvenal que opera en varias poblaciones del estado Aragua y que están enfrentados, en apariencia, a la de El Picure.

Fuente

http://www.ultimasnoticias.com.ve/

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