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Cobraron rescate pero igual lo mataron

Crónica Negra:
Cobraron rescate pero igual lo mataron

Cronica negraCuando al gallego Cortejoso se lo llevaron, fueron muchos los que se comunicaron con sus familiares y les recomendaron que era peligroso negociar con los criminales, pues podían estafarlos y que, por tanto, debían confiar en las autoridades policiales o pedir ayuda en el consulado. Incluso un amigo de la familia les recordó que cancelar rescate de un secuestro era una forma indirecta de financiar el plagio de nuevas víctimas.

Decidieron esperar a ver qué pasaba, pero la espera terminó pronto. Los plagiarios se comunicaron con ellos y lo primero que les dijeron fue que no denunciaran a la policía, que ellos tenían muchos amigos en todos los cuerpos policiales y que si colocaban la denuncia ellos se iban a enterar y entonces lo iban a matar y se lo iban a mandar picado en pedacitos.

Y la familia se asustó, que es lo que querían los criminales, pues en ese instante lo único que querían era ver al Cortejoso con vida, entre ellos, con sus chistes a flor de piel y su manera jocosa de ver la vida.

Los secuestradores llamaron dos veces más y les pidieron como rescate una alta suma de dinero y la familia, no es que tuviera todo ese platal en ese instante, pero se movieron con rapidez entre los amigos y conocidos y lograron reunir el dinero que les exigían.

La plata fue entregada, tal y como se lo indicaron, el día y la hora convenida, pero pasaron varios días sin que se supiera nada del Cortejoso hasta que finalmente volvieron a llamar, pero no fue para decirles donde habían dejado al infortunado, sino que les vinieron con un cuento chino de que la policía les había quitado la plata y ahora ellos no podían salir perdiendo y necesitaban un poco más de plata y les pidieron un millardo más. Pero después que recibieron el dinero, ahí si fue verdad que no llamaron más nunca. Y fue allí cuando la familia se decidió a denunciar el caso en el Cicpc.

Lo primero que hicieron los policías fue revisar las cámaras de seguridad de la finca avícola “Valle Miñor” propiedad del infortunado, ubicada en el sector Vallecito de la carretera nacional San Sebastián – San Casimiro, en el estado Aragua y allí se veían ellos, los criminales, con sus rostros cubiertos con pasamontañas y sus armas de fuego en el momento en que se llevaban a Cortejoso con dos de sus empleados.

Si se tapan los rostros, lo más seguro es que hayan sido ex empleados, empleados activos o viven en los alrededores, se aventuró a decir uno de los policías. Ciertamente un empleado de máxima confianza dijo, cuando le mostraron el video, que uno de los hombres sin rostro caminaba igualito e incluso tenía la misma contextura y vestimenta que un trabajador de nombre Jaime.

Al hombre lo fueron a buscar en La Victoria y fue detenido para interrogatorios y hasta tuvieron que pegarle para que no siguiera hablando. Fue él quien dijo que ya no había nada que hacer, que al Cortejoso le habían dado muerte y que a los dos obreros también.

La comisión del Cicpc Aragua se enfiló hacia el sector Guamacho de la población de San Casimiro, pues allá les había dicho el detenido Ángel que habían sido enterrados los cuerpos de los tres infortunados. Lo que no les había dicho Ángel es que ese era el bunker de la banda de secuestradores y que el inmueble no estaba solo. Ya los detectives tenían los resultados de las decadactilares, pues en la camioneta de la víctima, que los criminales habían dejado abandonada en la vía hacia Charallave, se detectaron varias huellas. Esto permitió la identificación de otro de los plagiarios.

Con los policías iba el detenido, quien a medida que se acercaban comenzó a asustarse. Sólo él sabía a ciencia cierta que se avecinaba una tormenta de plomo del bueno, aunque los funcionarios sabían hacer su trabajo y conocían que para ingresar a una vivienda había todo un protocolo que debían cumplir al pie de la letra y sobre todo una vivienda como esa donde residían puros matones.

No habían terminado de bajarse de las patrullas cuando comenzaron a sonar los disparos. Fueron momentos de gran tensión. Los policías corrían de un lado a otro buscando tomar posiciones. Ángel quiso aprovechar la ocasión y la confusión para escapar, pero fue pillado por un policía, quien lo golpeó y lo arrojó al piso, un poco también para protegerlo de los disparos. Luego de varios minutos, los funcionarios decidieron ingresar a la casa y lo hicieron a plomo limpio. Los tres ocupantes murieron en el acto. Una mujer fue detenida en medio del tiroteo.

Ya con el control de la situación, decidieron buscar el sitio donde Ángel aseguraba habían sepultado los tres cadáveres. Y ciertamente hallaron los cuerpos. Los habían sepultado a un costado de la vivienda, en un hueco de un metro de profundidad. Los habían matado a tiros.

Bárbara Rodríguez Gamarra y Ángel Pereira Bernal fueron detenidos y puestos a la orden de la Fiscalía y el tribunal Décimo de Control del estado Aragua ordenó que fuesen recluidos en el penal de Tocorón. Fueron acusados por los delitos de secuestro y muerte en cautiverio. Les espera una larga temporada bajo las sombras.

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