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Andrés Eloy Blanco: Constituyentista sin parangón

Agosto seis del mil ochocientos noventa y seis- el mismo año del nacimiento de José Francisco Torrealba-, en una casa de corredores de la calle Sucre de Cumaná. Frente a la Plaza Bolívar, nació un niño a quien dieron por nombre ANDRES ELOY.

Hijo del médico de pobres, Doctor Luis Felipe Blanco y de Doña Dolores Meaño de Blanco. Entraron ese día y ese mes en las grandes fechas de Venezuela, porque ese niño llegó a ser figura universal, con inéditos aportes a la literatura, a la oratoria, al parlamentarismo, el ejercicio del derecho, del humorismo y de la función pública.
Andrés Eloy Blanco Meaño es el nombre de un varón que amó entrañablemente a su patria, luchó por su libertad, sufrió cárcel y destierro, ejerció el periodismo como un apostolado, cantó a España, a Venezuela, a la madre, a los niños, a los pobres, al amor y a la vida.
Al cumplirse ciento veintiún años del nacimiento del poeta, cuando Venezuela atraviesa un delicada situación política, económica y social, recordamos al muy ilustre cumanés en una de las actividades de su vida, la de diputado.

Un legislador legítimo, auténtico, con un discurso coherente, respetuoso, de altura y patriótico: El bienestar del pueblo, el cese a la violencia desde el gobierno, la tolerancia y la consolidación de la democracia. Su palabra, su verbo encendido en la alta tribuna, era la más cabal expresión del reclamo de Venezuela: Renovación, justicia, respeto y paz.
Luego del derrocamiento del General Isaías Medina Angarita el 18 de octubre de mil novecientos cuarenta y cinco, la Junta de Gobierno creó una comisión preparatoria de la Asamblea Nacional constituyente, de la cual fue nombrado presidente El doctor Blanco.

Esa comisión presentó al ejecutivo un proyecto que fue considerado el más avanzado y moderno de América, en el cual destacan avances como la incompatibilidad de algunas funciones públicas, y lo relativo a mesas electorales, escrutinio por cociente, representación de las minorías, voto de la mujer y de los mayores de dieciocho años y prohibición del voto a los militares, entre otras innovaciones.
La constitución aprobada es un monumento a la juridicidad tanto en forma como en fondo. La técnica redaccional incluyó la DECLARACIÓN PRELIMINAR y LOS DERECHOS INDIVIDUALES Y SOCIALES.

Mucho esfuerzo y sacrificios personales y familiares hicieron los constituyentistas en general y el poeta Andrés Eloy en particular para una constitución de grandes logros y avances, en cuyos debates, – a veces hasta el amanecer-, privaron el respeto, la sindéresis y el amor patrio verdadero. En ese periodo constituyente, el doctor Blanco Meaño cumplió una función digna, patriótica, edificante, lúcida y lucida. Histórica, para resumirla en una sola palabra.
En los discurso del poeta en el periodo legislativo 1944-45, al referirse al 5 de julio de mil ochocientos once, con motivo de los ciento treinta y un años de la firma del acta de la Independencia, expresó palabras que bien pueden ser repetidas hoy, referidas a la Venezuela del presente:
“Falta mucha sed por aplacar, mucha hambre hay que calmar en ésta tierra, lo dice el palabreo, lo dice la voz culta, el pueblo todavía está entrando en la luz… todos sabemos que el momento es trágico, queda mucho dolor por estas calles, queda mucho dolor en estos campos”
El humor del poeta estuvo presente en su actuación como parlamentario, humor fino, respetuoso que muchas veces sirvió para endulzar situaciones agrias o acidas en los encuentros verbales entre oficialistas y opositores.
El destacado historiador Miguel Angel Mudarra en sus “Perfiles biográficos” de Andrés Eloy Blanco (Caracas, 1978), resume la actividad parlamentaria del poeta entre cuyos puntos resaltan: Fue la más brillante demostración de su genuino y fecundo pensamiento doctrinario, una verdades cátedra de entendimiento para las mejores relaciones con los demás poderes, constituye una obra con el sello personal que pone de manifiesto un acervo cultural puesto al servicio de la política en la principal rama del poder público en una obra que” no se limitó a la elocuencia, al verbo elegante sino a completa y total dedicación al servicio nacional”
La figura, la imagen, la palabra en prosa y en verso de Andrés Eloy Blanco se se agigantan con los años, mantiene la frescura, la vigencia y la fuerza para ser aplicados en esta hora de una Venezuela menguada, dividida, fragmentada, fraccionada y faccionada por los odiadores de profesión y de oficio, con uniforme o sin él, donde una constitución modelo, otro monumento a la juridicidad como la vigente, pretenden sustituirla por otra, tal vez a la medida de apetencias o conveniencias de personas o de grupos y no de los interés del pueblo, práctica que parecía superada en Venezuela y que fue rasgo característico de dictaduras .
Andrés Eloy Blanco constituye mucho más que el recuerdo de un hombre bueno, brillante, honesto. Es una presencia permanente en una palabra y en una acción redentoras, con un mensaje pleno de gallardía, honestidad, claridad, respeto y amor.
A.E. Blanco murió en México, en 1955, en accidente de tránsito, exiliado por la dictadura de Pérez Jiménez. Desde sus poemas sociales escritos hace casi siglo y medio, solo la recluta no existe como odiosa práctica los gobiernos. Todo lo demás, presente. Todo. Males sociales no solo presentes, agravados.

Argenis Ranuárez Angarita 

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