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De esta crisis no vamos
a salir con un proceso electoral

Pedro Pablo Fernández:
De esta crisis no vamos
a salir con un proceso electoral

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La judicialización de Copei tiene sus antecedentes. Quien acudió primero al Tribunal Supremo de Justicia fue Roberto Enriquez. Pero no es la causa de la crisis la decisión más reciente que tomó el TSJ, mediante la cual se defenestró a la dirigencia de esa organización política y provocó un temblor de mediana intensidad en la oposición venezolana —a decir del diputado socialcristiano Pedro Pablo Fernández.

Lo que está en crisis es la propia identidad, la huella genética de uno de los dos grandes partidos tradicionales de Venezuela, que signó la vida política del país durante la segunda mitad del siglo XX. Una ideología que se desprende de la doctrina social de la Iglesia Católica, no en balde tiene nombre y apellido: Democracia Cristiana.

Dentro de esa doctrina, sobresalen unos valores. “La dignidad de la persona humana por encima de cualquier cosa; el bien común; la justicia social; la apuesta preferencial por los pobres. Eso es lo que le da sentido a la organización política. Su vocación de construir una sociedad mejor. Pero dejamos de ser el instrumento de esa causa”.

Todo se ha desdibujado, en medio de la lucha por el poder y la dirección de la organización política. Lo que estamos viendo es una “rebelión de las dirigencias regionales en contra de la cúpula del partido”, agrega Fernández.

Liderazgo versus causa política

—¿Parece que hasta 1987 el único líder que podía dividir a Copei era su fundador, Rafael Caldera? ¿Actualmente lo puede dividir cualquiera? ¿Qué lectura hace de la crisis por la que atraviesa esa organización política?

—Copei es un partido que se ha disminuido a su mínima expresión, entre otras cosas, porque perdió la lucha por una sociedad basada en unos principios fundamentales. Copei, en los años más recientes, se ha convertido en una estructura política pragmática al servicio de sus dirigentes. Perdió, además, la vocación histórica de transformar la sociedad de acuerdo a la doctrina socialcristiana. El partido dejó de tener sentido para la gente. No tiene mensaje. Lo que tenemos que hacer en Venezuela es la refundación de todos esos valores y principios alrededor de un grupo que sea capaz de encarnar esa visión de la sociedad y convertirla en un proyecto político.

—¿Diría que eso es lo que está en crisis en Copei?

—Claro. Actualmente, y desde hace un tiempo, no somos un instrumento al servicio de esa causa. Diría más: no somos instrumento de ninguna causa. Copei ha perdido el mensaje, el aliento histórico. Pero sus valores están más vigentes que nunca. ¿Qué tendríamos que hacer quienes abrazamos la democracia cristiana y el social cristianismo como una opción? Organizarnos nuevamente para refundarnos con base a esos valores y principios.

—¿No suena a Constituyente?

—Sí, creo que hay que refundar al partido, porque es recuperar otra vez las ganas de luchar, por construir esa sociedad. Los que creemos en la doctrina social de la Iglesia, tenemos que convertirnos en una fuerza para seguir el mandato que nos está dando el Papa Francisco en este momento.

—Eso es peligroso, porque tomar la opción de los más pobres, pasa por confrontar la inequidad, la desigualdad.

—Es el ser humano todo. Pero si vamos al tema de la pobreza: ahí está el tema fundamental que tenemos que resolver en Venezuela. No es viable una sociedad con las enormes desigualdades que tiene este país, con un grupo muy pequeño que vive en una opulencia enorme y unas grandes mayorías que viven con niveles de estrechez y de carencias muy grandes. La razón de ser de nuestra lucha tiene que ser la construcción de una sociedad, donde todos tengamos oportunidad de tener los bienes materiales necesarios, así como la posibilidad de crecer como ser humano, de desarrollar iniciativas, de formar una familia y de labrarse su futuro con su propio esfuerzo, porque eso es lo que dignifica al ser humano. El ser humano no se dignifica cuando tiene que estirar la mano para que el Estado protector le dé unas dádivas.

—En la democracia cristiana europea ningún líder trascendió al partido político que dirigía. Si bien Caldera dividió a Copei, no por eso el partido se convirtió al servicio de su voluntad política. Actualmente, nada de eso se advierte en Copei.

—Hay una ausencia de liderazgo muy grande. Por cierto, la Biblia dice “primero fue el verbo y el verbo se hizo carne”. El problema es el mensaje. La razón de un partido político es la lucha por la construcción de una sociedad mejor, los líderes vienen después. Son importantes, porque alguien tiene que enarbolar esas banderas. Pero mucho más importante que el líder es la causa. Hoy, el partido no tiene una causa por la cual luchar, no es una referencia y por esa misma razón no tiene líderes.

Los señalamientos polarizantes

—Eduardo Fernández y usted han abogado por el diálogo, por el entendimiento, pero un sector de la oposición advierte cierta dosis de chavismo light en esos planteamientos. ¿Usted es un chavista encriptado?

—Gracias a Dios hay Internet. La gente puede revisar lo que venimos diciendo, y lo que en particular he dicho, desde hace 10 años. Yo escribo en dos diarios de circulación nacional y voy a programas de televisión con alguna frecuencia: allí está todo lo que yo digo y lo digo con transparencia y abiertamente. Nosotros tenemos que entendernos en este país.

Mientras el país siga metido en este nivel de conflictividad en el cual está, los problemas se irán agravando. Yo lamento que no haya voluntad de diálogo. No la ha habido nunca. No se quiere dialogar. Se quiere exterminar al otro. Se quiere liquidar al adversario y, en esa pugna, ponen por encima los intereses individuales y grupales en lugar de los intereses del país.

—Se habla de política, de elecciones parlamentarias, mientras la crisis económica está empobreciendo a los venezolanos.

—Venezuela está viviendo una situación dramática. Creo que es momento para que el liderazgo político todo, y en especial el gobierno, que es el primer interesado en que los problemas se resuelvan y que haya el mínimo entendimiento, ceda en su empeño por el poder y sea capaz de resolver los problemas.

La escasez, la inflación, la caída del aparato productivo y las consecuencias que esto conlleva para el empleo, son tan graves que el gobierno no los va a resolver en este esquema de confrontación. Pero es que si mañana sacamos a este gobierno por cualquier vía, el próximo gobierno tampoco los va a poder resolver, si seguimos en esta confrontación. Yo voy a insistir, con ocasión o sin ella, haciendo caso omiso al chantaje de la oposición y al chantaje del gobierno. Aquí hay que ir a un proceso de entendimiento, porque es la única forma de que este país salga adelante.

—¿Se va a seguir calando el San Benito de chavista?

—No me calo ese San Benito. Que la gente lea mis artículos. Le caigo a palos a este gobierno por su modelo económico fracasado. Lo hago responsable por lo que está pasando en el país. El problema radica en que en mi discurso no está la voluntad de destruir al gobierno, sino la voluntad de superar esta crisis. Yo tuve la oportunidad de hablarle personalmente al Presidente en cadena nacional. ¿Y qué le dije? Presidente, los venezolanos son cada vez más pobres, 40% ha subido el salario, mientras la inflación ha estado entre 50% y 60% y mucho más en los alimentos, que es donde los más pobres gastan sus ingresos. Usted está empobreciendo al país. ¿Eso es ser chavista light?

Lo que pasa es que junto con eso, le digo: Yo no apuesto al fracaso del gobierno, yo apuesto al éxito de Venezuela. Le pido que corrija y lo haga hoy. ¿Eso es chavismo light? No. Eso es sentido común. Es tener sentido de la responsabilidad.

La dimensión de la crisis

—¿Diría que hay una dictadura de dos minorías?

—La agenda está copada por esas dos minorías. Estamos desconociendo el grito, el clamor, de un país que está pidiendo que atiendan los problemas. Todas las encuestas señalan que aquí hay una inmensa mayoría de venezolanos que está pidiendo que dejemos el conflicto y vayamos al encuentro y a la solución de los problemas. Ahí está la mayoría del país. El problema es que los factores radicalizados tienen los micrófonos, tienen las cámaras de televisión y las luces apuntándoles. Pero la inmensa mayoría del país no tiene voz ni se ve reflejado en los factores radicalizados.

—¿De acuerdo a su perspectiva, a su percepción, qué es lo que está en crisis en Venezuela?

–La primera cosa que está en crisis son los valores. Hemos perdido completamente la ética de lo que está bien y lo que está mal. Aquí todo parece aceptable. Hay una falta de amor por este país enorme. Yo percibo en mucha gente que le importa un carrizo lo que pase con Venezuela, que lo único que quiere es imponer su visión a costa de lo que sea. Hay, además, una especie de indolencia frente al sufrimiento de los venezolanos. Estamos viviendo un drama humanitario, y lo vamos a vivir peor aún más, pero cada quien está empeñado en imponer su visión de las cosas.

El pleito interno de Copei

—El Tribunal Supremo de Justicia no ha tomado una sola decisión en contra del gobierno, ¿Al acudir a esa instancia no era previsible que se iba a producir una decisión a favor de los intereses políticos del chavismo?

—El partido Copei, lamentablemente, está judicializado desde hace años. Roberto Enriquez llegó a la presidencia de Copei producto de una decisión del TSJ. De manera que esto tiene que ver con la desinstitucionalización del partido. ¿Adónde acudió Henrique Capriles cuando argumentó que le habían hecho trampa en las elecciones? Al TSJ. Eso fue lo que hicieron estos siete dirigentes para que los restituyeran en sus cargos, luego de que la dirección nacional los destituyera, a pesar de que habían sido electos en comicios internos. Por cierto, dirigentes adecos han introducido recursos en contra de Henry Ramos, pidiendo elecciones internas en AD. El TSJ los ha desestimado. ¿Eso convierte a Ramos en un agente del gobierno?

Lo que ha habido es una rebelión de los dirigentes regionales en contra de la cúpula del partido. Yo no tengo nada que ver con ese conflicto. Pero Roberto Enriquez prefiere buscar una figura con la cual contrastar, lo entiendo porque eso es parte de su estrategia, que por lo demás ha sido muy incoherente, porque un día dice que soy yo, otro día que es Enrique Mendoza o Antonio Ecarri. No me detengo mucho en este tema, porque la verdad es que es un asunto intrascendente frente a los problemas que está viviendo el país. Yo creo que debemos dejar la emocionalidad y evaluar los hechos concretos.

¿A qué se refiere?

¿Qué hizo la junta que preside Pedro Urrieta? La primera declaración: Apoyo a la unidad, apoyo a los compromisos hechos, apoyo a la tarjeta unitaria, apoyo a todos los acuerdos. Pero no solamente eso. ¿Cuál fue la reacción de Copei luego de la decisión de la MUD, francamente incomprensible, mediante la cual excluyeron al partido y se repartieron los 27 cargos que le correspondía? No postular candidatos. ¿Se les puede tildar de estar al servicio del gobierno? Lo que está haciendo Urrieta es dando una lección de moral, de honestidad y honradez, de política de altura. Yo creo que hay que defender con coraje los principios, los valores, sin importar lo que digan de uno.

—María Corina Machado, al igual que usted, también habla de principios, de valores y la pregunta que uno se hace es ¿por qué esos principios, esos valores, están asociados a pronunciamientos personales? No es algo que uno advierta en el trasfondo de la oposición.

—Ese es exactamente mi cuestionamiento. Este gobierno se combate con autoridad moral, convirtiéndonos en una referencial moral, y eso se hace contrastando lo que hace el gobierno y con el ejemplo. Si estamos luchando por la democracia, dentro de la oposición tenemos que ser lo más democráticos posible. Es decir, los candidatos a diputados a la AN los tuvimos que elegir en primarias, a todos.

—Factores que forman opinión pública tienen la percepción de que la oposición puede perder las elecciones parlamentarias. ¿Usted que cree?

—Hay un hecho incontrastable: el descontento frente a la gestión del gobierno viene creciendo y lo demuestran todas las encuestas. Pero también es cierto que el chavismo desencantado manifiesta desconfianza frente a la oposición. Yo creo que lo importante es que seamos capaces de construir una plataforma que realmente sea unitaria y represente al país, presentar una opción que realmente refleje el anhelo de cambio. Todavía estamos a tiempo. Pero para eso tenemos que actuar con desprendimiento y poner los intereses del país por encima de los intereses de los partidos.

—¿Qué papel juega en la crisis interna de Copei Enrique Mendoza? ¿No es uno de los diputados con más inasistencias a la Asamblea Nacional?

—Eso tiene que preguntárselo a Enrique Mendoza.

—¿Cuál va a ser el desiderátum de todo este conflicto y cómo cree que va a impactar en las elecciones de diciembre?

—De esta crisis no vamos a salir con un proceso electoral, gane el uno o gane el otro. De esto vamos a salir en la medida en que seamos capaces de construir consensos mínimos para seguir adelante. Actualmente, el 80% del país tiene una opinión negativa del gobierno. Yo creo que es fundamental que produzcamos un cambio de gobierno, porque este gobierno es responsable de este modelo económico fracasado. Pero la solución no se va a dar de la noche a la mañana. Es necesario construir un espacio amplio de entendimiento nacional.

FUENTE: Contrapunto.com

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