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Simón García / La unidad superior

La vía electoral es decisiva para comenzar a combatir la crisis. Aunque se resistan a admitirlo, el PSUV tendrá que leer sus resultados como un aviso muy claro para ponerle fin a sus erradas políticas que crearon y agravan las calamidades que ya no se aguantan.

Es también el mejor escenario para la oposición porque le permite avanzar en los grandes virajes que exigen los ciudadanos. Y para el país, porque asegura paz y el mayor grado posible de estabilidad institucional y social.

El más inmediato y principal desafío de la oposición es ganar y defender ese triunfo. Le toca arreciar las acciones dirigidas a reducir el ventajismo de Estado, elevar la presión por la presencia de la observación internacional, evitar las trampillas que el CNE saca siempre de su catálogo de ilegalidades y trabajar el descontento como la materia prima de una conciencia de cambio. El voto castigo está a punto de cosecha.

Pero los objetivos electorales a pesar de ser prioritarios y exigir la mayor concentración de esfuerzos, son temporales. La derrota contundente del oficialismo abrirà nuevos cursos. El segundo desafío, desde ahora, consiste en construir las conexiones entre una victoria electoral y la exigencia general de enfrentar la crisis con otro modelo y otras políticas públicas.

La oposición debe tomar la iniciativa en el sentido de exigir sistemáticamente al gobierno que abandone su línea de amenazas, de acusaciones fabricadas y de provocaciones para alterar la realización normal del proceso electoral. En primer lugar, porque una cúpula gubernamental con una menguante base de apoyo y responsable de la peor crisis que haya vivido el país debería comenzar a entender que su ciclo de poder entró en declinación.

Todas las tendencias apuntan hacia una situación de transición inevitable. A la oposición le corresponde actuar en representación de la mayoría y ofrecer al oficialismo la disposición al diálogo y para aquellos acuerdos que sean favorables a solucionar las calamidades que estamos soportando. Esta será una misión de la nueva Asamblea Nacional.

Ni a la oposición ni al país, incluida la base popular que apoya al gobierno, le interesa que la cúpula de Miraflores siga manejando la crisis como un instrumento de control y un medio para remachar la servidumbre de los ciudadanos al estado.

La resolución de la crisis es el tema prioritario de los venezolanos. Sus calamidades están afectando a seguidores del gobierno y de la oposición, ahora hay que unirse para lograr las soluciones de fondo que permitan irla superando. Este gobierno que la creó, tiene que adoptar ya las medidas para compensar los estragos de la escasez, de la inflación, de la inseguridad y para ponerle fin a su propia corrupción. Debe hacerlo y hay que exigirlo unidos.

Las luchas de la oposición no se proponen transformar radicalmente la estructura de la sociedad, sino tener un país donde el precio de un kilo de caraotas no se lleve 15% del salario mínimo, la mensualidad de un Colegio sea superior al ingreso mensual del 80 % de los venezolanos o en el que pensar diferente sea tratado como un delito.

La oposición está preparada para emprender medidas que hagan compatibles la justicia social y el combate a las desigualdades con el fortalecimiento de la economía privada. La oposición quiere asegurarle a la gente paz, seguridad, trabajo, ingresos, oportunidades equitativas, ascenso social, buenos servicios de salud y educación. Pero el primer requisito es generar un nuevo modelo de desarrollo, un nuevo sistema político y sobretodo, una nueva cultura ciudadana.

El voto es la llave para transitar ese camino. Llegó el tiempo de mostrar que ninguna mayoría puede ser ejercida para aplastar a las minorías. La mayoría social unida en el descontento, se expresará en diciembre como una nueva mayoría electoral de origen diverso, integrada también por votantes que vienen de apoyar al gobierno o de haber resistido su hostilidad y sus ataques.

Esa nueva mayoría es la base para conformar y elaborar una unidad superior cuyo primer objetivo sea asumir juntos el país que nos merecemos los venezolanos.

La unidad superior es integradora, democrática, plural. La unidad superior contiene la necesidad de justicia y la libertad. La unidad superior significa dotarnos de una nueva identidad que sea algo más que la de la MUD que la ayudó a formarse. Una unidad abierta a un proyecto común y a un país que hay que soñar de nuevo para trabajar fuertemente para hacerlo realidad por encima de todas las dificultades actuales.

Autor: Simón García

@garciasim

Simongar48@gmail.com

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