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Simón García / El gran crimen

Leo el relato con el sobresaltado interés que provocan las historias atrapantes. Uno podría decir, usando una expresión popular, que el escrito es de terror. No porque pertenezca a ese género narrativo, de hecho en vez de provocar miedo, lo que su lectura desencadena es indignación y repugnancia. Emociones más cívicas que las del fantaseo literario.

           Nos devela el descuartizamiento como un reparto entre mafias agazapadas tras la bandera de una revolución que no pudo llegar a serlo. Entre otras cosas porque nunca hubo un auténtico sujeto revolucionario y porque a medida que proseguía se advertía la lejanía del ideal, más acá de las promesas y más atrás de 1999, el punto de partida. O del retroceso.

           Cuando se nos cuenta el gran saqueo uno siente que es el mayor crimen de país que se haya producido en América Latina durante los primeros años del siglo XXI. Sus consecuencias las experimentamos

todos, incluidos los seguidores del oficialismo, cuando hacemos cola para adquirir lo poco que se consigue en un supermercado o en el desesperado peregrinaje para localizar un medicamento cuya falta está comenzando a ser causa de muerte.

             La legalización del gran robo extrajo los recursos que eran necesarios para mantener la producción nacional y las políticas de expropiación contribuyeron a inducir importaciones que retroalimentaron la corrupción dentro del plan de sustituir a empresarios industriales y agrícolas con nuevas modalidades se socialismo muy “productivas: obtener dólares cadivi o recibir la representación de empresas que venían desde el exterior a tomar su cuota en la mina a cielo abierto que pasó a ser la corrupción.

           Los culpables del crimen forman una pequeña élite de civiles y militares que decidieron hacer fortuna a costa de 30 millones de sus compatriotas. Desde el interior del estado y desde la vanguardia de la “revolución” se crearon los cómplices y los testaferros para realizar una colosal trasferencia financiera criminal hacia bancos del exterior.

         Los condenables episodios, los modos operativos, los pícaros y ladrones van apareciendo en una sucesión que recuerda al Bolero de Ravel por su circular recurrencia y por una orquestación que, gracias a la impunidad funcional al régimen, va in crescendo.

         El gran saqueo, la más reciente investigación de Carlos Tablante y Marcos Tarre, tiene el valor de ser el primer juicio público a una herida mortal contra la sociedad democrática y el Estado Social de Justicia y Derecho. Un crimen fríamente organizado por una red de personajes que deben rendir cuenta de su acción de lesa patria.

           Tablante y Tarre, en la parte final de su libro, adelantan la propuesta para una gran reparación: el proyecto de una Ley de Emergencia para la Recuperación de Bienes de la Corrupción. Una valiosa iniciativa cuya aprobación hay que apresurar para desestimular el raspado de olla que ha comenzado a sonar en estos días.

@garciasim  

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