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Rosario Anzola / Cegatos y desdentados

Dedicado a los valientes jóvenes que están haciendo el futuro

Además de todos los problemas que nos agobian y a los que he hecho mención en anteriores artículos, estamos viviendo el horror de una rabia incontrolable, que ha convertido a nuestro país en un doloroso territorio de guerra. En estos días de tristeza infinita he sentido, visto y escuchado la aplicación de una primitiva norma conocida como la ley del Talión, que si bien responde al principio jurídico de la justicia retributiva, resulta absolutamente anacrónica. En pleno siglo XXI la aplicación del “ojo por ojo, diente por diente” está convirtiendo a una buena parte de nuestra población en una horda de cegatos y desdentados.

La ley del Talión se encuentra en el código de Hammurabi, escrito diecisiete siglos antes de Cristo. En el Éxodo, del antiguo testamento bíblico, se expone que quien quebrante criminalmente el orden “pagará alma por alma, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”. La evolución de las sociedades modificó esta norma para ajustarla a un marco que desterrara la venganza, la represalia y la retaliación. Pero hoy presenciamos con espanto cómo muchos de nuestros compatriotas toman la justicia por sus propias manos en ajustes de cuentas irracionales, movidos únicamente por una iracundia homicida y suicida, son algo así como desbocados “talioneros”.

La reparación de las faltas y las ofensas es un derecho inalienable de quienes las han padecido, pero bajo la ceguera de la ira no hay proporcionalidad posible. Conmueven profundamente los enfrentamientos entre padres e hijos, hermanos, parejas, parientes y vecinos. Por fortuna, son mucho más conmovedores los jóvenes que se plantan ante sus adversarios apelando -con idéntica pasión- a la emoción y a la razón, intentando comunicarse en el lenguaje transparente del corazón. Son estos jóvenes, puros y auténticos, quienes me han hecho creer que, gracias a su ímpetu amoroso, tenemos asegurado un futuro que devolverá la visión a los cegatos y los dientes a los desdentados.

Mi condición de poeta no me abandona nunca. A través de ella siento el mundo, por eso no me da prurito hablar constantemente del amor, rescatando esa palabra de un desuso que la ha despojado de su esencia. El amor no es tan solo un sentimiento, es un acto firme de voluntad para asumir la responsabilidad frente a la vida propia y ajena. Y estoy segura de que es el sentido del grupo de jóvenes venezolanos que rescata nuestra historia.

La protesta y la calle están llenas de personas que responden con devoción y compromiso al llamado a la resistencia. Lamentablemente acuden también vándalos y cobardes amparados por el odio y las armas. Por estos últimos podríamos perder todo y todos. Los jóvenes tienen en sus manos la posibilidad de tomar las riendas de la no violencia activa y cambiar el destino del país. Hay que mostrarles a Gandhi, quien promovió la independencia de la India sin derramar ni una gota de sangre y a Martin Luther King, quien logró acabar con la discriminación racial contra los negros en Estados Unidos. Los líderes políticos deben verse en esos dos espejos, para transmitir a la juventud, con palabras y acciones, que la vida no vale nada si no nos ocupamos de la paz en libertad y de la libertad en paz.

En el año 2000, Juan Pablo II visitó Israel y desde el Monte de las Bienaventuranzas pronunció un hermoso discurso dirigido a los jóvenes, los siguientes párrafos forman parte de él:

“Bienaventurados los que parecéis perdedores, porque sois los verdaderos vencedores: es vuestro el Reino de los Cielos”. Estas palabras pronunciadas por ‘Él, que es manso y humilde de corazón, (Mt.11, 29) plantean un desafío que exige un profundo y constante cambio en el espíritu y en el corazón.

Vosotros, los jóvenes, comprendéis por qué es necesario este cambio de corazón. Conocéis dentro de vosotros y en torno a vosotros una voz contradictoria. Es una voz que os dice: “Bienaventurados los orgullosos y los violentos, los que prosperan a toda costa, los que no tienen escrúpulos, los crueles, los inmorales, los que hacen la guerra en lugar de la paz y persiguen a quienes constituyen un estorbo en su camino. ¡ellos son los que vencen, dichosos ellos!”.

Jesús presenta un mensaje muy diferente. “No lejos de aquí, Jesús llamó a sus primeros discípulos, como os llama ahora a vosotros. Su llamada ha exigido siempre una elección entre las dos voces que compiten por conquistar vuestro corazón, incluso ahora, en este monte: la elección entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte, ¿Qué voz elegirán seguir los jóvenes del siglo XXI? Confiar en Jesús significa elegir creer en lo que os dice, aunque pueda parecer raro y rechazar las seducciones del mal, aunque resulten, deseables o atractivas”.

rosarioanzola@gmail.com

raconvivarte@gmail.com

@rosarioanzol

Fuente: El Universal

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