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Roberto Hernández M / Escuadrón Metelapata

Quien más, quien menos, todo el mundo mete la pata alguna vez, pero las de la oposición son tan asiduas y exorbitantes que lucen inexplicablemente deliberadas.

No sé a qué partido pertenece Richard Blanco y no me importa. Tampoco conozco sus planes de gobierno, si los tiene. Solo me atrae su clamorosa metida de pata del sábado 30 delante de la parca audiencia de oposición que se dejó convocar por el forajido Leopoldo López. En una arenga homérica vociferó que la camiseta que él y su militancia deben vestir es la venezolana, la de la unidad, la de la Vinotinto. Entonces anunció pomposo, campanudo, estridente, que se quitaría la chaqueta, a lo Superman, ese que cuando se abre la ropa revela debajo la famosa S, mientras dice: «Este es un trabajo para Superman». Y sale volando. En lugar de salir volando, Richard reveló la camiseta de la Selección Nacional Española de Fútbol. ¿Imaginas que el Monarca Español se abra el saco vociferando patriotismo y lo que revela es la camiseta de la Vinotinto o de los Cerveceros de Milwaukee? Provocaría algo más que la pita planetaria que le prodigaron ese mismo sábado en el Camp Nou de Barcelona en la Final de su Copa del Rey. Pero Felipe VI no pertenece al Escuadrón Metelapata de la oposición. Ni siquiera es torpe como su padre; no anda matando elefantas preñadas ni acosando faldas. Juan Carlos vivía metiendo la pata, mandando a callar a presidentes de sus excolonias, entre otros desatinos, por los que le daban el cariñoso remoquete de Rey de Copas. Ni doña Leticia, que es plebeya, mete la pata como JuanCa.

Volvamos a Richard… ¿puedo llamarte Richard?, ¿te puedo tutear? Bueno, Ricky, la regaste, la cagaste y delante de tu gente, ante las cámaras, sin excusas. Porque es grave, chico, porque no solo es una pifia política, un autogol clamoroso, sino algo más penoso: que no sabes qué ropa te pones. Y no era cualquier ropa porque ibas para un mitin político importante, al que acudirían millones de vociferantes, bueno, finalmente fueron dos cuadras de gente que también merece respeto. Ibas a ejecutar un golpe de teatro. Lo mínimo era saber qué ropa llevabas, porque solo cuando lactamos no sabemos qué ropa nos ponen.

Aquí es donde me hago preguntas básicas, porque se trata de algo básico, precisamente, como comer, caminar, hablar, cosas elementales de cualquier ser humano sin discapacidades serias. Uno sabe desde pequeñín qué ropa prefiere, no me gusta esta camisa, amo esa faldita. Pero si no se está consciente siquiera de la ropa que lleva en una ocasión en que el ajuar juega un papel crítico, bueno, estamos ante una deficiencia severa. Cualquiera puede padecer deficiencias así y las discapacidades se respetan. Lo grave es que un movimiento político ponga en posiciones decisivas a personas con carencias estratégicas.

No es nada nuevo en la oposición; Julio Borges habla de marcianos de Júpiter; Enrique Capriles del telescopio de los submarinos; Rosales de hospitales que abren las 24 horas y de noche también. Esos deslices se le pueden escapar a cualquiera. El problema es cuando se hacen sistemáticos y la Embajada aquella apuesta todas sus fichas al Escuadrón Metelapata.

Fuente: Aporrea.org

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