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Ramón Hernández / Escopeta con municiones calibre 12

Fue un solo disparo al pecho. Mortal, a quemarropa. Apretó el gatillo un sargento de la Policía Aérea de la Aviación Militar Bolivariana. Habría utilizado una escopeta de las más de 30.000 que posee la FANB para el restablecimiento y control del orden público. No para defender cuarteles ni puestos de comando.

El gobierno, para deslindarse de la responsabilidad, dijo que el suboficial Arli Cleiwi Méndez Terán había utilizado un arma no autorizada, una escopeta Mossberg 500, calibre 12, de fabricación estadounidense. Tendrá que explicar por qué nueve sargentos actúan en cambote y cada uno no estaba al frente de un grupo de soldados. Es como tener un batallón solo de coroneles o de mayores generales, así se pierden las guerras.

Tan pronto comenzaron las protestas por la ruptura del orden constitucional con las dos sentencias del TSJ instalaron varias tiendas de campaña militar, de pernocta, en la base aérea La Carlota cerca de la reja colindante con la Francisco Fajardo. A veces, mientras avanzaba la cola, más de un conductor imaginó que se trataba de la filmación de alguna serie de televisión y que en cualquier momento aparecería una cafetera de peltre sobre tres topias. En los últimos días fue frecuente que desde la base aérea se lanzaran lacrimógenas contra los manifestantes que se congregaban en el distribuidor, algo irregular y fuera de las atribuciones de esos soldados.

El jueves el atrevimiento fue extremo. Dispararon con saña y alevosía. Todos los vimos. Ni los insultos ni las piedras, tampoco los cohetones pueden considerarse un ataque terrorista o simple agresión al centinela. La libertad de expresión y hacer uso del derecho a la protesta no es delito civil, mucho menos militar. Podría serlo en Cuba y Corea del Norte, países de siervos que iban rumbo al medioevo y terminaron en la época de las cavernas, aunque las alumbren con bombillos led. Es terrorismo de Estado. Delinquen.

Pese a los esfuerzos militares y paramilitares, los discursos hueros de Cabello y las tartamudeantes órdenes de Bernal y los embelecos de Villeguitas con sus tutores venidos de La Habana, la democracia prevalece. Serán enjuiciados por los tribunales y por la historia. Han seguido el ejemplo del teniente Francisco Fernández Vignoni, aunque no el castigo que se merecía. Hay miedo, y mucho, pero no a los escudos de cartón de los muchachos, las banderas, los cohetones ni a las piedras, sino a las ideas, que siempre son más poderosas que las bombas nucleares cuando prenden en el corazón del pueblo y la ciudadanía las defiende a brazo partido. Es hora de que se rindan y entreguen el mando. Presto muro recién pintado con el mapa del futuro luminoso que está ahí mismito.

Fuente: El Nacional

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