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Noel Peralta Barreto / Maduro ¿Por qué la clase media te odia?

“Ciertamente hay razones para que alguna gente esté descontenta, yo soy uno de los más grandes autocríticos del gobierno que dirijo. Hay muchas razones por muchas fallas y muchas problemas” Hugo Chávez

Decir que existe una división de clases sociales en sectores A, B, C, D y E en algo así como ricos, clase media empresaria, clase media asalariada, pobres y miserables es caer en el juego de nuestra cultura capitalista que nos hace creer que todos tenemos la oportunidad de vivir como ricos si logramos un nivel de “éxito” económico por alguna vía, es negar la gran verdad de que solo existen dos clases: la clase rica, la que sustituyó a los señores feudales después de la revolución Francesa (junto algunos nuevos “coleados” que refrescan al sistema capitalista al “demostrar” que todos tenemos oportunidades de acceder a esa elite), que heredaron el poder de la nobleza y la ocultan tras una imagen apolítica pero que decide los destinos de los pueblos con su poder detrás del aparente poder del estado y que solo se muestran cuando ese estado deja de “proteger” sus privilegios; y la clase pobre, antes vasalla o esclava que lucha por salir de la opresión de “los más aptos” antes esclavistas, después nobles y ahora empresarios dentro de una cultura que lo conduce siempre a sostener el estado actual de las cosas, es decir, permanecer sometidos.

El problema es que dentro de nuestra racionalidad impuesta por el modelo civilizatorio occidental existen arraigadas, casi que desde el ADN, estructuras mentales que nos impulsan a anhelar, perseguir y sostener la “calidad de vida” que posee la clase rica y en ese afán, los que logran avanzar, se consideran con derechos indeclinables a mantener y mejorar su estatus quo, justificando así ese subterfugio de considerarse clase media o en vías de la riqueza. Esta “clase media” es el principal eslabón en la cadena de la nueva esclavitud ya que por un lado justifica la superioridad de clase y su derecho a vivir mejor y por el otro se encarga de someter a los pobres psicológica, económica, educativa y físicamente amparándose en el poder del estado y sus leyes, ocultando al verdadero autor de la opresión.

Por lo anterior, me permito hablar de una clase media que en muchos casos ha trabajado incansablemente por obtener su estatus quo, ha estudiado y trabajado mucho más que el común, independientemente de que hayan tenido mejores oportunidades, que ocupan posiciones importantes que consideran de mucho más aporte al desarrollo que el resto de la clase trabajadora. Esta clase, en su mayoría profesionales que se han levantado bajo el lema “estudia para que seas alguien en la vida”, entendiendo esto como tener casa en urbanizaciones de lujo, carro nuevo, acceso a las tecnologías de punta, capacidad de consumo “libre” de lo mejor del mundo aunque sea eventualmente, dar “la mejor educación” a sus hijos para que sean alguien en la vida también, porque a diferencia del rico, sus descendientes, es más, su vejez no tiene garantizado ningún tipo de privilegios si no es altamente competitivo y esta capacidad la traduce en altos ingresos.

A una persona criada bajo esos preceptos los verás actuar en defensa de las mayorías cuando su situación de privilegio se convierte en un filtro demasiado angosto por la explotación de los ricos (en la década de los 90 gran parte se abrazó al proyecto de Chávez en contra de las cuotas balón, el desempleo profesional) pero cuando ve en peligro su posibilidad real de mantener el estatus los verás defender el derecho de las minorías así como hoy casi en su totalidad odia todo lo que huela a chavismo y luchan o huyen del país bajo un cuadro de desesperación y desesperanza fatal.

La revolución no puede negar esa realidad y por tanto, aunque huela a contradicción, debe ocuparse de atender la situación en sus más elementales conflictos mientras construye una verdadera conciencia de clases. Como hacerle entender a un profesor universitario que su compañera de bachillerato que salió embarazada muy joven y dejó de estudiar tiene casa de la misión vivienda, con su salario mínimo tiene acceso al Clap, a mi casa bien equipada, becas y acceso privilegiado a los beneficios sociales, cuando él con su salario de clase media después de dos maestrías no pueda comprar una vivienda (que no es “elegible” en la GMVV), se le esfume todo lo que “gana” (más que su amiga) en el alquiler y en alimentación. Como va a identificarse una doctora con 7 años de estudio, dos especializaciones y montones de cursos con un proceso que le vende y hasta regala carros a los líderes del CLP, UBCH, tenientes, MIC recién graduados mientras ella con su sueldo del hospital no puede comprar el caucho de su perolito viejo. Como convencer a un irreverente grupo de jóvenes quienes aspiran la vida mejor que les promete su cultura y la cree truncada por esta revolución, que gracias a la guerra psicológica odia a todo vestigio de chavismo que “les roba su futuro”.

Mientras la revolución no se ocupe de revertir estas aparentes contradicciones la situación de esta “clase media” sin perder su esencia revolucionaria, tendremos a un importante sector de la población que incluso conforma las filas de la revolución y ocupa puestos de vital importancia con cierta debilidad ideológica cuestionándose si esta es la vía correcta, haciéndole oposición abierta o partiendo del país en la búsqueda de “mejores oportunidades” que le brinden la posibilidad de una mejor calidad de vida”, esa que inevitablemente nos vende nuestra influencia cultural, muy a pesar que desde la revolución hagamos esfuerzos por convencerlos que la opción es el vivir bien, es decir, cubrir las necesidades materiales básicas para dedicarse a cultivar el ser por encima del tener, para transformar nuestra sociedad en un mundo entre iguales en oportunidades y condiciones con diversidades individuales, que el bienestar del colectivo es el único que puede garantizarles una verdadera paz.

No cometamos el error de estigmatizarlos y tratarlos a todos de fascistas pitiyanquis, así como les pedimos a ellos que no nos estigmaticen de lumpen, ignorantes, muertos de hambre,…, debemos de atenderlos como lo que son: el sector más susceptible a la alienación y el enajenamiento pero igual de explotados y utilizados por los ricos que los más pobres, abramos un espacio en la constituyente para que sean incluidas sus aspiraciones más nobles y sensibles. Eso si, nada de debilidades contra los que conscientemente o no traspasen la barrera del odio hacia el terrorismo y el fascismo como método de lucha, a esos, todo el peso de la ley, para evitar perder la gobernabilidad que tanto nos ha costado construir.

Viva Chávez

Fuente: Aporrea

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