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Nicmer Evans / Estado de Excepción

La necesidad de atender un problema que se ha venido acumulando por años y que tiene orígenes incluso históricos, sin duda es una necesidad. Por otra parte, tomar una medida como la de decretar un Estado de Exepción tiene profundas connotaciones en el marco de un gobierno que asume continuar el legado del Presidente Chávez, que en situaciones tan extremas como un golpe de Estado, un sabotaje petrolero y toda una política de desestabilización económica y social real, nunca se pensó en aplicar esta medida, por más revolucionaria que pretendiera serla.

La medida tomada por el Presidente Maduro puede ser una alternativa viable, en especial por el hecho de haberse llevado hasta el extremo una crisis en nuestra frontera que no es de reciente data, y que se había permitido acumular sin razón aparente alguna. Sin embargo, en la mejor voluntad de que ésta de resultado para el logro de los fines que se ha trazado, creo importante reflexionar sobre varios temas que deberán ser atentidos para que el Estado de Exepción no se convierta en otro Dakazo.

Lo primero es reflexionar sobre en manos de quién recae la responsabilidad de la aplicación de esta medida. Lamentablemente la Guardía Nacional y parte de nuestro Ejército es corresponsable de la situación de la frontera, por omisión o complicidad, aunque creo que más por la segunda. La corrupción de nuestros órganos de seguridad fronteriza es vox populi en nuestra frontera. Generales jugadores de gallos, que se sientan sobre fajos de billetes podría ilustrar un poco esta realidad en Guasdulito, sólo como un ejemplo que todo el pueblo conoce.

Lo segundo es el sujeto de la medida. El argumento inicial es contra el paramilitarismo, como si este fenómeno fuese exclusivo de 5 municipios, pero la otra pregunta es ¿Cuál paramilitarismo?, ¿El colombiano?, ¿El venezolano?, ¿O ambos?, sin embargo, después se habla del contrabando y los bachaqueros como sujeto de la acción, pero no se habla de las mafias que controlan el verdadero contrabando de gandolas, incluso de gasolina, que abastece a bombas en Colombia, cosa que no se puede hacer sólo con pimpinas. Pero lo más delicado es asumir que el sujeto de la medida es sólo parte del pueblo colombiano que ha migrado “para delinquir”. En este sentido, ha sido definitivamente torpe, por decir lo menos, el discurso oficial, y la estúpida dirigencia cúpular de oposición ha sabido aprovechar esta debilidad para atacar sin piedad.

Lo tercero es el impacto económico de la medida. Si bien es cierto que de primeras el efecto es favorable para lograr el control del contrabando en los volúmenes con los cuales se fugaban los alimentos, etc., cerrar la frontera impidiendo el intercambio comercial lícito que naturalmente se desarrolla en un frontera tan activa, o como se dice comúnmente “tan caliente”, categorizada la más “caliente” del mundo, estructuralmente impactará en una economía y una sociedad absolutamente mezclada. Sin negar por otra parte que después del primer impacto, las trochas, caminos verdes, etc., se convierten en los mejores cotizadores de un “mercado” deforme por problemas económicos más que políticos o sociales.

Es imposible y absurdo no estar de acuerdo con poner orden al caos que hemos vivido con complicidad gubernamental en la frontera, y lo peor es que no es exclusivamente un asunto del Táchira, sino de Apure, Zulia, Amazonas, pero la pregunta final es: ¿No se pudo hacer lo mismo sin decretar un Estado de Exepción?

Para finalizar, no creo menos importante que el proceso de señalamiento de personas o grupo de personas se haga con mano firme pero con mucho respeto. No veo a ningún General o funcionario de frontera siendo castigado con contundencia, y pensar que los responsables de todo son (como escuchaba a un nefasto funcionario en estos días por VTV) “los bachaqueritos” ( niños usados para el bachaqueo), estoy seguro que no ayuda en nada a persuadirnos de que la medida tiene la intención de ir al fondo del problema.

Podemos aplaudir una medida, pero no por su estridencia, sino por tu verdadero efecto a mediano y largo plazo. Ojalá es no sea sólo un Dakazo, por eso es importante la Contraloría Social activa y permanente.

Autor: Nicmer Evans

Fuente: Aporrea.org

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