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Nícmer Evans / La isla del madurismo

El presidente Maduro, para el chavismo, es un sector de entorno del poder que cada día demuestra ir en contravía de lo mejor del Presidente Hugo Chávez, profundizando sus errores y desvirtudes. El madurismo no es una doctrina, ni una corriente, es una tendencia que ha espantado a lo mejor del chavismo, prefiriendo preservar a un sector hiper-pragmático que convoca a polarizar, ya no desde lo ideológico, sino desde el instinto de preservación del poder, pero que irónicamente lo único que ha logrado es que la oposición ya no sólo sea de las políticas de derecha, sino del chavismo y la izquierda descontenta con el gobierno.

Lo irónico, es que este madurismo, estructura y recrea la permanencia del poder, en la estrategia de Paul Joseph Goebbels, ministro de comunicación de Hitler, de la repetición de la verdad impuesta, que el mismo Chávez en su momento orientó al pueblo a superar.

El madurismo, en nombre de Chávez, nos dice que entregarle el 12% del territorio a más de 150 empresas trasnacionales para profundizar el extractivismo, es absolutamente revolucionario, así como tantas cosas que ya el pueblo sabe, y que no vale la pena repetirlo en este espacio, que son una vil mentira repetida mil veces.

Este madurismo, tiene dos vertientes, una que se ensimisma y cree que todos sus actos son revolucionarios, y otra que aparenta luchar por la preservación del poder aunque en realidad están negociando la entrega del gobierno de Maduro, a cambio de la impunidad total.

Al final, lo importante es dejar claro que el madurismo no es todo el chavismo, pero que dentro de él todavía hay gente buena y noble que debe ser rescatada con el fin de poder debatir de manera transparente las cosas buenas y malas del gobierno de Chávez, y la aberración del gobierno de Maduro, para así rearticular fuerzas que permitan evitar que la izquierda desaparezca del mapa político venezolano por el tiempo suficiente para que se ponga en peligro el bienestar de las mayorías, aún más de lo que hoy ya está afectada.

El madurismo al aislarse, al convertirse en una isla, demarca su fracaso, pero no podemos permitir que arrastre al continente, al chavismo, que aún posee un capital político que podría ser la génesis de lo nuevo, de lo alterno, de lo distinto de la polarización que hoy vivimos.

Fuente: Aporrea

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