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Néstor Francia / Un pueblo de mierda

Diario de las Américas, el conocido pasquín mensajero del imperialismo, publica un reportaje que es una muestra de la visión de desprecio hacia al pueblo trabajador que maneja el pensamiento burgués. Seguramente angustiados porque el pueblo venezolano ha resistido todos los planes de desatar la violencia en el país, los editores de este diario no buscan razones políticas ni sociales para explicar esa reacción popular, sino que la asignan a vicios, fallas y defectos de los venezolanos. Como no caen en las provocaciones, los venezolanos deben estar mal de la cabeza y, por supuesto, la culpa es del Gobierno, así piensa el pasquín de marras.

Según Diario de las Américas, “En la sociedad venezolana actual surge una pregunta que, tal vez, también se la hagan las mentes extranjeras que miran con cierta extrañeza lo que sucede en el país caribeño: ¿Por qué no reacciona el venezolano?”. Por supuesto, para el diario la decisión de mantener la paz, que es común a la absoluta mayoría de los venezolanos, según diversos estudios independientes, no es una reacción. En el canallesco lenguaje de la burguesía, reaccionar es sinónimo de saquear, guarimbear y delinquir. Como no quiere hacer nada de eso, el venezolano “no reacciona”.

Para forzar una explicación del fracaso de los planes de violencia, DLA apela a un “especialista”, el “médico psiquiatra y antropólogo” (así lo dota de “autoridad”) José Luis Uzcátegui, conocido por sus opiniones sesgadas que suelen no tener nada de científicas y sí mucho de prejuiciadas e interesadas. Uzcátegui, inventando razones rocambolescas, afirma que, al ser interrogado, el ciudadano evade “la humillación que genera sentirse aludido, y la plantea en tercera persona. A la mente le es más fácil (no más eficiente) asumir que no es parte del problema y proyectar en los otros interrogantes que deberían empezar por casa”. Primera conclusión: el venezolano es un irresponsable que le echa la culpa de sus problemas a los otros.

Uzcátegui continúa denigrando de todos nosotros cuando plantea los temas del miedo y el chantaje: “Activar la emoción miedo ha sido una de las atroces estrategias para lesionar psíquicamente al poblador, combinándolo con chantaje y culpar a los demás de los desastres. El pensamiento se obnubila y la conducta de cordero o “esclavo” se logra sin mayor dificultad”. Segunda conclusión: el venezolano es un cobarde. Tercera conclusión: el venezolano tiene conducta de cordero o esclavo.

Uzcátegui sigue activando el ventilador: “la dominación se alcanza con una mezcla de terror, inseguridad, homicidios, promesas, mentiras, ayudas, planes, ilusiones y escasez sumado al control de los poderes públicos y planes mediáticos engañosos mantenido por años que convierten al cerebro en un tambor hueco”. Cuarta conclusión: el venezolano es un idiota cabeza hueca y descerebrado.

Más de Uzcátegui: “Lo más letal que buscan los regímenes totalitarios es hacer sentir paralizado e incompetente al poblador y llevarlo emocionalmente a un Gulag tropical donde justicia, libertad y dignidad son catalogadas desvaríos de la razón”. Quinta conclusión: el venezolano es un incompetente.

Para Uzcátegui, el venezolano “Está limitado funcionalmente para valerse por sí solo y la vida se le hace muy difícil a no ser que reciba rehabilitación. El venezolano no puede salir a la calle con libertad, está expuesto a ser asaltado, secuestrado o liquidado. No puede disfrutar de actividades recreativas, el temor lo aplasta. No encuentra alimentos, medicinas, servicios o bienes a no ser que pague la cuota humillante de vivir como un inválido social que recibe migajas o “pellejos” que vienen de otros países”. Bueno, aquí se pierde un poco la cuenta: el venezolano es disfuncional, deshabilitado, aplastado por el miedo, invalido social, pordiosero.

No se entiende muy bien como Uzcátegui, al final, dice ser optimista y que finalmente este burro idiotizado, cobarde y pusilánime que es el venezolano “esta reaccionando”. Por supuesto, esa supuesta degeneración total del venezolano, Uzcátegui la atribuye al Gobierno.

Ahora bien no tiene nada de raro que un vocero de la burguesía exprese de ese modo su desprecio por el pueblo. Ya conocemos la conocida frase del reaccionario fascista Orlando Urdaneta, quien afirmara que el nuestro es un “pueblo de mierda”. Este tipo de categorías para definir al proletariado ha estado presente a lo largo de la historia del dominio burgués. Ya al comienzo del régimen capitalista, en los albores del Revolución Francesa, sus líderes consideraban ciudadanos solo a quien fuera propietario.

Es más, el pueblo es un atajo de idiotas cuando no actúa según los intereses de la burguesía y una caterva de locos cuando se les opone. Un buen ejemplo de ello es la histórica insurrección popular de febrero-marzo de 1989, el Caracazo, que es conmemorada por los revolucionarios, mientras que la derecha no solo no la conmemora, sino que sus intelectuales e historiadores la catalogan como un acto delincuencial colectivo, una acción anárquica y hasta histérica del pueblo.

En ese sentido, es bueno evocar lo que opinaban los intelectuales burgueses sobre el pueblo francés en el siglo XIX. Alguna vez el escritor Leconte de Lisle, en 1848, se refirió al pueblo de este modo: “¡Qué ralea sucia y asquerosa es la humanidad! ¡Qué estúpido es el pueblo! Es una eterna raza de esclavos que no puede vivir sin albarda y sin yugo… ¡Que reviente de hambre y de frío, ese pueblo fácil de engañar que pronto comenzará a sacrificar a sus verdaderos amigos!” Es lo mismo que piensa José Luis Uzcátegui de los venezolanos, solo que dicho con un poco más de franqueza y sin tantos regodeos.

Fuente: Aporrea.org

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