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Nelson Castellano-Hernández / Ora pro nobis

Esa letanía con la cual le pedimos a Dios: Ruega por nosotros, vino a mi mente como un S.O.S. frente a la triste realidad que sacude a Venezuela. 

En mi cabeza desfilaron otras suplicas con las que se acostumbra a rezarle al Señor:Kyrie eleison (Señor, ten piedad de nosotros), Christe audinos (Cristo, óyenos),Miserere nobis (Ten misericordia de nosotros).

Lo que recordaba en silencio se convertía en un grito congelado que no lograba salir de mi garganta, lo pensaba con tristeza y amargura frente a la destrucción moral, social, política y económica de mi tierra.

Sembrada de odio por voluntad de un iluminado que aspiraba dividirla, que nos necesitaba totalmente dependientes, por lo que arrasó la producción nacional con una política de expropiaciones, multas millonarias y persecución de los comerciantes y empresarios.

Un payaso vulgar con un ego desbordante que necesitaba del aplauso, que lo llevó a dilapidar la riqueza nacional, con una política de regalos millonarios a países extranjeros.

Hábil cuentista que se aprovechó de las necesidades, las aspiraciones y los sueños de un pueblo. Les vendió la historia que querían oír, para luego de un fallido golpe de estado, ganar unas elecciones gracias al mensaje dirigido a despertar ilusiones… que terminaría traicionando.

Que atacó nuestros socios naturales, insulto y agredió otras naciones, para cumplir el sueño de dos viejos tiranos que supieron manipular sus debilidades.

Un ser acomplejado, lleno de reconcomio y sed de venganza, que distorsionó el legado del Libertador hasta profanar su tumba. Que como soldado violó el juramento de defender nuestra soberanía.

Apoyó terroristas, dictadores, guerrilleros, extremistas e instaló una camarilla en el control de las instituciones, que como las plagas de Egipto arrasó con todo.

15 años durante los cuales se desmanteló la República, transformando un país petrolero en otro, donde es necesario hacer colas para poder comprar racionados, los productos mínimos necesarios para alimentarse.

Un país donde mueren 20.000 personas por año ante la mirada impasible de sus gobernantes, a los cuales debemos sumar los asesinatos de estudiantes y sindicalistas, víctimas de la represión a las protestas y los ejecutados dentro de las mismas cárceles. Un país sin justicia donde de cada 100 crímenes, no pasa de 10 los resueltos por los órganos del estado.

Esa Venezuela por la que pido en silencio no se libró de las desgracias con su desaparición, el mal incrustado dentro de los estratos del poder, se confabuló para dejar instalado un sucesor que permitiera continuar el proceso destructivo.

En la Casona, en PDVSA, en CADIVI, en La Asamblea Nacional, En Fuerte Tiuna, en Miraflores, ministerios y gobernaciones, en los puertos, en las aduanas, los familiares, sucesores, pseuvistas y enchufados, todos se encuentran arañando su parte del botín.

Frente a ellos una sociedad sin defensa, secuestradas las instituciones que deberían defenderla, reducidas al servicio de un partido político. Inmersa en una realidad donde se nos niega la posibilidad de disentir y de actuar con libertad.

Una realidad donde en nombre de una revolución, desaparecen los medios de comunicación independientes, nos aíslan del mundo exterior, persiguen las universidades autónomas, meten presos los líderes opositores, persiguen a sindicatos, estudiantes y a los funcionarios de la oposición democrática electos por el pueblo.

Circunstancias que pocos países se atreven a denunciar, interesados en recoger algo de la piñata bolivariana, en seguir disfrutando del petróleo barato, de vendernos baratijas chinas, o armas provenientes de los hijos de Putin.

Un fracaso político social donde las víctimas son todos los venezolanos, al constatar la malversación de los mayores recursos que hayamos tenido, la pérdida de miles de vidas humanas, la desaparición de los espacios democráticos, el desperdicio de oportunidades, la distorsión de nuestra imagen internacional, la emigración de una generación que ha escapado a otras realidades más seguras. Sumado a la destrucción del mercado productivo nacional, del sistema eléctrico, de la red vial, de las empresas básicas de Guayana y de nuestra industria petrolera.

Para encontrar una solución, serán necesarios grandes esfuerzos y una concertación nacional, una batalla final que necesitará de la toma de conciencia de todo el pueblo, que de una vez por todas afirme que aspira una vida diferente. Que demuestre estar decidido a no dar marcha atrás, hasta expulsar al régimen opresor y extirpar el cáncer de la corrupción y tráfico de droga, controlados entre militares y la Habana.

El ser humano está lleno de recursos, que se encuentran a la altura de sus sueños y sus esperanzas, evocarlos es vislumbrar un futuro posible.

El pueblo de Venezuela necesita recuperar una visión de país, de nación con valores, historia y cultura común. La verdadera, la que viene de nuestro orígenes, la que se formó de negros, indios y blancos, la que sufrió la conquista, la colonización y guerras de independencia.

La que tuvo que pasar por el dolor para crear ese hombre nuevo latinoamericano, que es algo más que una suma de razas. Que en este espacio geográfico conformó lo que reconocemos como nuestra patria.

De esa fuerza nacional debemos partir para recuperar las ilusiones, nuestra soberanía, castigar los culpables y comenzar a transitar el camino de la reconciliación. La tarea será darle un objetivo a nuestra lucha, explicar hacia dónde vamos. Generar esperanza nos permitirá ganar la confianza, esa que perdimos entre unos y otros.

Cuando ganemos la confianza podremos mirar a nuestro alrededor, reconocer al otro y dormir de nuevo tranquilos.

Conservemos la Fe, devolvamos la Esperanza y comencemos por perdonar y querernos de nuevo. Comencemos el nuevo recorrido histórico en el que cada día deberemos encontrar soluciones innovadoras, enfrentar diferencias, dentro de la óptica del respeto y no del odio.

Cada día crecerá y madurará esta nueva Venezuela, como un espacio de vida para retomar los sueños y cumplirlos. No permitamos que el mal que hemos vivido, que los sufrimientos y los abusos determinen nuestro futuro como país.

No permitas que el abuso de autoridad, que la represión y el poder circunstancial te intimide y limite tu futuro. Depende de ti y de mí,… piensa, decide y actúa, no permitamos que las excusas dirijan nuestras vidas.

Ex Cónsul de Venezuela en París
Presidente de Venezuela-Futura, Francia
nelsoncastellano@hotmail.com

Fuente: Noticiero Digital 

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