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Miguel Méndez Rodulfo / Barrios y militares jóvenes

Este gobierno intenta prolongar su agonía reprimiendo salvajemente a los venezolanos, sobre todo a su población joven y apelando a una constituyente inoportuna, inconveniente, engañosa e inconstitucional. Busca ganar tiempo, como si ya no ha pasado su página de la historia, como si tuviera alguna oportunidad de constituirse en esperanza para el país, como si no tuviera el sol en la espalda y peor aún, como si la gran mayoría de la población no lo aborreciera. El régimen quiere convencernos que a pesar de la ruina física y moral de la nación, puede seguir gobernando la misma camarilla corrupta, ineficiente y criminal. No se dan por enterados del hartazgo de los venezolanos contra su manera infame de gobernar y, por el contrario, creen a pie juntillas que se pueden salir con la suya, permaneciendo más tiempo en el poder. Lo que pasa es que se han enfrentado desde hace más de 60 días a un país decidido a inmolarse para ponerle término a esta aberración que ya lleva 18 largos y tortuosos años, que cuando miremos en el futuro hacia atrás nos parecerá inconcebible como pudimos soportar tal calamidad.

Al gobierno no le importa masacrar a la población, someterla a serios padecimientos como la falta de comida, de medicinas, de agua, de transporte, de inseguridad, de inflación, etc., para sostenerse en el poder. Apela a toda clase de artimaña para aferrarse al control de Miraflores, despreciando la vida humana, el futuro del país y la legalidad existente. No les importa mancharse las manos de sangre, ni quedar como unos obtusos y miserables. No tienen vergüenza ni dignidad. Sólo los mueve el interés económico, la idea obsesiva de no desenchufarse del torrente de la corrupción y disfrutar de las prebendas que ofrece el gobierno. Nada más. No hay nada ético en ellos, ningún ideal y los valores les parecen cosas risibles de las cuales mofarse y atribuírselas a los tontos, a los perdedores de la sociedad. En su pensamiento un ciudadano honesto, es un idiota y un hombre sabio un inútil. Sólo valen los contactos y la genuflexía perruna, porque esas son las condiciones del éxito.

Lo cierto es que una cosa piensa el burro y otra muy distinta quién lo monta. No importa cuan autista sea el gobierno, ya no tiene forma alguna de convencer a la sociedad venezolana de que le den un chance más, de que lo dejen terminar, porque la gente está convencida que dejarlos seguir gobernando sería consagrar como estéril la vida de tantos jóvenes fallecidos, además tendríamos la seguridad de que moriríamos de hambre y de sed, si no es que nos mata antes una enfermedad cualquiera. Así que para la oposición venezolana no hay un dilema, hay una certeza de que esta lucha debe continuar hasta que coronemos con rotundo éxito la salida por la puerta de la infamia de este oprobioso régimen.

El chavismo se sabe herido de muerte, en su fuero interno sabe que el tiempo se les acaba, pero quieren convencernos de que están estables y aún tienen cartas para jugar. Sin embargo, sus propias luchas internas, las deserciones de figuras destacadas de ese submundo abominable, muestran las fisuras de la antigua unidad monolítica. Las alimañas saben cuando saltar del barco cuando éste se hunde. El tiempo conspira contra el régimen y cada vez es más evidente que los barrios se van a sublevar en masa y que los militares jóvenes van a desconocer la institucionalidad corrupta. No falta mucho.

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