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Máximo Blanco / El ensayo Marxista

Para lograr mayor productividad y mejor distribución de los bienes y servicios los seres humanos hemos ido cambiando de organización socio-económica. Y ello nos ha paseado por la Comunidad Primitiva, la Sociedad Esclavista, el Feudalismo y el Sistema Capitalista. Estos modos de producción se han sucedido e instalados, como dominantes, en la medida en que uno tras otro han generado mayor desarrollo para la humanidad. En ese sentido, el esclavismo con la aparición del estado y el uso gratuito e intensivo del trabajo dejó una huella de progreso superior a la de la Comunidad Primitiva. Lo mismo significó la etapa feudal, a pesar de su acento autárquico y rural que frenaba el avance de las ciudades y el comercio. Pero la organización que, sin dudas, ha traído el mayor progreso ha sido la presente sociedad capitalista, aunque tan solo lleva 4 siglos de existencia, dentro de los 10 mil que tenemos los seres humanos sobre la tierra.

Ahora bien, como el capitalismo no es el fin de la historia, desde hace años intelectuales y políticos de todo el mundo vienen apostando a una nueva formación económico-social que produzca mayor desarrollo, y de estas propuestas, la que ha sido más experimentada –entre las naciones- es el modelo impulsado por el marxismo desde 1848, con la publicación del Manifiesto Comunista escrito por Carlos Marx y Federico Engels. En efecto, es ampliamente conocido que durante el siglo pasado el socialismo-marxista ensayó su proyecto sobre más de un tercio de la humanidad, intentando a través de regímenes totalitario sustituir al capitalismo; propuesta que, a la postre, al fracasar en el intento condujo a la restauración de la economía de mercado en la mayoría de las naciones sometidas al socialismo totalitario.

Así hemos observado, como la China comunista a partir de 1.980 comenzó a producir bajo esquemas capitalista y, en 35 años, ha logrado sacar a varios millones de chinos del campo de la pobreza. La misma ruta emprendió Vietnam desde 1986, y hoy es uno de los tigres asiáticos con mayores niveles de producción. De igual manera, en 1989 nos sorprendió la noticia de la caída del muro de Berlín que permitió al pueblo de Alemania oriental encontrarse con el progreso de la Alemania Occidental capitalista. La misma historia de cambio había comenzado en al Unión Soviética desde 1.985, con la propuesta del Glásnost y la Pereztroika de Mijail Gorbachov que terminó con la disolución en 1.991 de la otrora potencia comunista de la URSS, cuyos países rectificaron al no poder superar la pobreza dentro de la economía estatista del marxismo. Y hoy estamos observando –en pleno desarrollo- la alianza que adelanta la Cuba socialista de los hermanos Castro con USA.

Este proceso de regresión al capitalismo nos permite afirmar con vehemencia que la sociedad del futuro no será la que proponen los seguidores de Carlos Marx. Y no lo será porque el gobierno de la dictadura del proletariado que ellos ofrecen elimina la democracia y la libertad; porque la lucha de clase que abrazan tan solo promueve odio y confrontación entre los ciudadanos; y además porque todos esos regímenes totalitarios han dejado largas historia de violaciones de los derechos humanos que echan por tierra el sueño del hombre nuevo. Pero el socialismo totalitario no será la sociedad del futuro porque apuntala un sistema económico, donde el estado es dueño de los objetos e instrumentos de producción, y a su vez decide qué, cómo y para quién producir, en un proceso donde el factor trabajo se transforma en su esclavo; con lo cual desaparece todo incentivo para la productividad y el crecimiento de la producción. Por lo que este sistema estatista y monopólico lo que genera es desabastecimiento, racionamiento, colas, atraso y pobreza; y eso es lo que ahora exhibe el ensayo en Korea del Norte, Cuba y Venezuela.

Como hemos apreciado, hoy el modo de producción capitalista es el dominante. Está en plena transformación y desarrollo. Y marchamos como siempre hacia un nuevo sistema económico más productivo. Los seres humanos continuaremos buscando un futuro mejor y apostando por una sociedad de progreso y justicia social. Pero solo la encontraremos donde el factor trabajo tenga razones para una mayor eficiencia, y ello obviamente está negado en el proyecto marxista.

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