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Máximo Blanco / Dos Calamidades

Barril de Petroleo Cuando termina el año, y se hace el balance de la situación de Venezuela, la lista de problemas es inmensa. Sin embargo, en nuestra opinión, entre esas calamidades, ahora como prioritarias se dispararon dos que, cuando se hacen presentes, cambian proyectos políticos.

La primera es el precio del oro negro. Venezuela en los últimos cien años ha vivido del petróleo. Y por no haberlo sembrado, los ingresos fiscales de los gobiernos de turno siempre han estado en función del nivel de los precios de este Excremento del Diablo. Por esa importante razón, sin desconocer la determinación de lucha y de unidad del pueblo Venezolano, a través de la Junta Patriótica, las campanas comenzaron a anunciar el final de la oprobiosa dictadura Perejimenista, cuando los ingresos petroleros dificultaron los pagos oportunos a los contratistas afectos a ese régimen. Ese déficit restó respaldo al dictador y, sin dudas, creó las condiciones para la gran victoria del 23 de enero en 1958.

De la misma enfermedad murió la mal llamada Cuarta República. Después de haber sido mantenida durante cuarenta años por la bonanza petrolera, al entrar el segundo mandato de Rafael Caldera, acechado por una gandola de dificultades y frenado por la baja en los precios del crudo hasta los $7 el barril, las condiciones se abrieron para que Chávez derrotara al bipartidismo en las elecciones de 1998. Pero como este régimen Chavista ha sido puro relincho; después de quince años, los problemas que prometieron resolver, se transformaron en una montaña. Ahora la dependencia petrolera, que antes era del 70%, fue elevada por este régimen populista al 96%. Somos sin discusión, un país monoproductor, y esta situación ha atado, aún más, el destino de Venezuela al petróleo. Hoy los precios del crudo, después de haber estado en $140, rayan los $50 el barril; y sin dudas esta dificultad está ayudando a que la brisa sople a favor del cambio.

La otra calamidad es la inflación. Ella, con tres dígitos, ayudó también al triunfo de Chávez. La inflación, casada hoy con la escasez, es un problema de todo el día y todos los días. Incrementa el costo de vida y no da treguas. El gobierno luce rendido frente a este flagelo. El próximo año exhibirá tres dígitos, creando más pobreza. La inflación es un problema que no se aparta de la mente de los venezolanos, y está contribuyendo indudablemente a crear conciencia para el cambio político.

De tal manera, que estos dos problemas económicos están arriba de la batea, junto a la larga lista de dificultades que todos conocemos, y ello nos coloca frente a una gran oportunidad. No es el final, pero las posibilidades están abiertas para avanzar. Llegó la hora de pensar en Venezuela. Necesitamos construir la mayoría para el cambio, y no hay espacios para sectarismos y fanatismos ideológicos. Los tiempos convocan a luchar a favor de la unidad para conservar el capital político que hemos alcanzado, para abrir los brazos y encontrarnos con los sectores descontentos del oficialismo y para meternos en la campaña electoral, pues hace rato que el régimen arrancó. Como hemos visto, las condiciones objetivas están dadas. El próximo año es posible alcanzar una gran victoria parlamentaria, y ello nos colocaría en la autopista hacia la libertad.

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