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Luis Vicente León / A toda velocidad, en dirección contraria

Tuve la oportunidad de asistir al III Seminario Internacional de Santo Domingo. Si tuviera que escoger lo que más me estremeció a lo largo del mismo fue ver que, independientemente de las posiciones y tendencias políticas de los conferencistas y los gobiernos de sus países, todos miran el futuro desde la búsqueda de la modernidad. Izquierda o derecha, nadie se plantea como estrategia el modelo de apertura extrema, ni mucho menos el de intervencionismo absoluto del gobierno en la economía y la sociedad. Incluso el debate sobre Cuba se centró en los cambios iniciados para corregir los gravísimos desequilibrios que ese país tiene. Hoy hablan de la necesidad de formalizar las empresas privadas, que existen de facto. Discuten las vías para tomar ventaja de la recuperación de relaciones con Estados Unidos y ven el futuro con optimismo, aunque moderado, sobre los cambios que tienden a producirse a futuro. 

Todos hablaban de esos temas, menos yo. Pensando en Venezuela, me sentía como un corredor de carros que viene en plena pista del Fórmula 1, con la mejor velocidad… pero en dirección contraria.

No todos los representantes latinos tienen buena opinión sobre la política de Estados Unidos hacia la región. Diría incluso que la mayoría lo resiente y busca mecanismos para equilibrar sus relaciones. Pero ninguno se plantea hacerlo alejándose o entorpeciendo sus relaciones con ese país. Venezuela es una evidente excepción. Ninguno de los gobiernos regionales cree poder controlar la economía ni pretende sustituir a la empresa privada con producción o importaciones públicas ineficientes y corruptas, ni basan sus relaciones con el sector privado en la hostilidad y el ataque. Todos coinciden en que las políticas sociales son claves para ayudar a la población más pobre, pero también que es necesario trabajar para que esa población tenga el instrumental necesario para valerse por sí misma y superar la pobreza estructuralmente. Entienden que el desarrollo se construye con diálogo e incorporación de todos los actores claves de la sociedad, empezando por la inversión privada local y extranjera, a la que miran sin complejos. 

Había países con gobiernos de tendencia socialista, pero sus estrategias son completamente contrarias a las vigentes en Venezuela y su sentimiento sobre nuestro país es de preocupación frente al rumbo que llevamos. 

Sí, mi presentación sobre el entorno venezolano fue muy apreciada, pero obviamente no por mí, sino porque Venezuela es una excentricidad. Mi interés nunca es otro que analizar el problema con objetividad y plantear soluciones que el gobierno pueda aplicar para rescatar equilibrios. Dejo claro en todos los ambientes que la solución de nuestros problemas es responsabilidad de los venezolanos y no se logra con violencia, ni fuera del sistema democrático, sino lo contrario. No divido el país entre buenos y malos, porque todos estamos mezcladitos. Pero ahí estaba yo, analizando el insólito caso de un país que intenta aplicar el socialismo primitivo, demostradamente fracasado en todo el mundo, con la mayoría de la población pidiendo cambios, aunque no entiende los costos que tendrá que pagar para rescatar lo que ha perdido. Un país con ingresos dramáticamente afectados por la caída del precio del petróleo y sin reservas suficientes para retomar el rumbo adecuado y ni siquiera para llenar artificialmente los huecos que deja la aplicación de un modelo de control extremo, claramente ineficiente.  

Regresé a Caracas mucho más estresado de lo que salí, pensando que si bien siempre comulgué con el dicho que dice: mal de muchos, consuelo de tontos, estoy pensando ahora en otro que se adapta mejor a nuestra realidad actual: mal de uno solo… definición de pen… .  

@luisvicenteleon

luisvicenteleon@gmail.com

Fuente: El Universal

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