Jesús Silva / Ojalá todos los chavistas fuéramos iguales

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No todos los chavistas somos iguales. Todos conocen el discurso de patria, socialismo, antiimperialismo, pero no todos llevan el discurso en su corazón. El Chavismo es infinitamente diverso aunque buena parte de la oposición es incapaz de verlo bajo los efectos tóxicos de la polarización.

Hay “chavistas burgueses” que son dueños tradicionales de grandes empresas y le hacen el juego al gobierno de turno porque éste les concede beneficios millonarios pero evidentemente no creen en la igualdad social ni el socialismo, son capitalistas cuya única moral está basada en percibir ganancias.

También hay “chavistas neo burgueses”, quienes por primera vez logran cambiar de clase social gracias a las ventajas que la revolución tiene reservadas para el selector grupo de los “enchufados”. Asalariados ayer, hoy han alcanzado un estatus superior gracias al ejercicio de importantes cargos burocráticos de donde se originan premios de dudosa legalidad o, por lo menos, de presumible inmoralidad.

Tenemos a los “chavistas de verdad”, esos que si piensan y actúan de acuerdo a los postulados auténticos del trágicamente fallecido Hugo Chávez. Son honestos, combativos y poseen sólida convicción ideológica. Algunos ocupan puestos burocráticos importantes y en ese caso pueden ser identificados como “chavistas en el poder”. Cuando no están dentro de la burocracia, son “chavistas proletarios” y conforman un sector mucho más numeroso que todos los ya descritos.

Los “chavistas proletarios” son el pueblo chavista sin poder económico ni político pero que con sus votos han sostenido en el poder durante quince años a los chavistas burgueses, a los neo burgueses y a los chavistas de verdad, vale decir, los tres principales grupos o corrientes que se disputan el control o hegemonía de la “Revolución Bolivariana”.

La lucha de clases dentro del Chavismo es permanente y ocurre dentro de cualquier movimiento político a lo largo de la historia y en cualquier parte del mundo. En Venezuela es evidente que la misteriosa muerte de Hugo Chávez generó una implosión interna en la dirección política revolucionaria que obligó también a un rápido reacomodo de las piezas para que el gobierno postchavista no se derrumbara frente al acoso de la vanguardia opositora.

Es frecuente que los chavistas proletarios sean víctimas de la persecución y traición de sus propios “camaradas” dentro de los mismos partidos, alianzas, ministerios, gobernaciones, alcaldías, y demás instituciones o espacios vinculados al Poder Público. Son ellos los más vulnerables a la violencia de los opositores extremistas, de allí que muchos nuestros mártires revolucionarios sean precisamente chavistas proletarios como Danilo Anderson, Eliécer Otaiza y Robert Serra.

Autor: Jesús Silva

Fuente: Aporrea.org

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