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Jesús Cepeda Villavicencio / El aventurerismo político

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En Venezuela se ha venido acentuando un proceso, que ya ocurría en las postrimerías del siglo pasado, pero que sin lugar a dudas hoy ha adquirido dimensiones alarmantes, se ha desvirtuado la política, ha ido perdiendo su sentido, su razón de ser y su filosofía, amén de la ausencia absoluta de la ética, factor al que lamentablemente parece haber sucumbido una importante casta de políticos de diversa índole, bien sea, por miedos, por banalidad o por que han caído en los “brazos” de la corrupción.

El aventurerismo político de quienes ayer y hoy se creen los ungidos por la providencia para imponer su voluntad, por encima de las racionales aspiraciones de todo un pueblo, le ha hecho un terrible daño a la sociedad venezolana; a tal punto que se va a requerir mucho tiempo para el restablecimiento de una nación que se funde en una nueva ética de los valores de convivencia.

He afirmado en numerosas ocasiones y con convicción, que la política no es para aventureros, mucho menos para quienes se rasgan las vestiduras tratando de resaltar como los mássólidos y fervientes seguidores y defensores de un “modelo político.

Siempre he tenido mis reservas hacia este tipo de comportamiento, porque con raras y salvadas excepciones, la tipología que define esta conducta es el oportunismo, la ignorancia, la ausencia absoluta de valores y la ambición insaciable a retribuciones a esa “fidelidad”.

La actividad política no solo debe ser el resultado del ejercicio de hombres y mujeres, por lo menos con una razonable formación intelectual y doctrinaria, que le permita la defensa y la lucha por unos ideales, si no que también debe ser ejercida por quien posee la capacidad para leer e interpretar, los mas ingentes reclamos y exigencias de la población, que en su mayoría solo desea que sus vidas transcurra en paz, con la suplencia de las más elementales condiciones: trabajo, alimentación, vivienda, salud, educación, recreación, seguridad, entre otros.

Se requiere mucha madurez y voluntad política para definirse como demócrata, en democracia hay un axioma : “ deciden las mayorías”, pues estas son quienes aprueban o reprueban una gestión; en una segunda situación no le queda otra salida al político que revisar y rectificar, de lo contrario la tozudez, la autocracia y la prepotencia terminarán siendo sus sepultureros.

Valgan estas reflexiones para lo que hoy acontece, un país que exige diálogo sincero, diálogo que no termine siendo un sincretismo para que se acuerden élites, sino para que haya un mínimo de entendimiento que permita en lo inmediato atacar los problemas que mas nos agobian, pero para ello se necesita que los lideres de la polarización que abruma de manera atávica a los venezolanos, respeten dos máximas que según, la apreciación basada en mi experiencia de vida política, son fundamentales para destrancar esta dramática crisis, una se refiere al hecho de que “un error no se convierte en equivocación sino hasta el momento en que nos negamos a admitirlo”, aceptemos nuestros errores, y la otra premisa, citando a Galeano, dice: “ el pasado hay que recordarlo, recordarlo si! Para que no se repitan sus maldiciones y para que no se aten los pies del tiempo presente”!

Veamos el futuro, leyendo con acierto las lecciones de la historia

Jesús Cepeda Villavicencio

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