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Jean Maninat / El TSTJ

Hay quienes dudan honestamente sobre la pertinencia de participar en las elecciones regionales y, por ende, en el proceso de primarias para elegir a los candidatos de oposición anunciado por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), y estarán sopesando con rigor su decisión final. A medida que cunda de nuevo el entusiasmo, saldrán a hacer su fila multicolor y votarán por los candidatos de su predilección como un gesto de protesta o de afirmación democrática. Serán bastantes.

Hay quienes, una vez más, utilizan la decisión de participar electoralmente para demoler a la dirigencia democrática oposi­tora con toda clase de epítetos, vulgar­mente expresados, sin pudor alguno. Lan­zan sentencias condenatorias de 140 carac­teres a diestra y siniestra.

Colaboracionista este. ¡Pum!, golpea el martillo sobre la madera. Cobarde aquel ¡Pum!, golpea el martillo sobre la madera. Enchufado el de más acá. ¡Pum!, golpea el martillo sobre la madera. Son implacables a la hora de repartir justicia, no les tiembla el pulso. Constituyen el temible Tribunal Su­premo Tuitero de Justicia (TSTJ). Se dice que en algunos lugares lo invocan para que los niños se vayan atemorizados a dormir temprano. Y si no drume, yo le traigo un TSTJ que da pao, pao.

Es cierto, concordamos con usted, también le ponen su gracia al asunto, un aire de divertimento decadente, como ver de nuevo a Joel Grey cantando Willkommen en la película Cabaret. Uno no sabe si reír o llorar ante tan impecable patetismo. Porque mire, usted, hay que tener cierto talento para pegarse en Twitter todo un día, desgra­nando descalificaciones, hacer una breve pausa para el café, o para acariciar a la mascota, y retomar la “insultadera” hasta que el sueño vence y los párpados se desploman. La jornada laboral es dura en el TSTJ.

Una de las indiciadas, sobre la que cayeron admoniciones terribles: tarde piaste enchu­fada de… A mí no me engañan, mi amor, y yo no tengo pepitas en la lengua para decir verdades. Y otras linduras así por el estilo, acaba de dar unas demoledoras declaracio­nes en contra del gobierno en Brasil, que tendrán más consecuencias que siete tone­ladas de Tweets sembrando cizaña y dis­cordia. Se trata de la exfiscal general Luisa Ortega.

La lucha por la democracia no se acabó con la disparatada Hora Cero, ni con el último trancazo que secuestró a vecinos en las urbanizaciones del este caraqueño. La vía constitucional, electoral y pacífica, así pal­pite levemente, habrá que defenderla, rea­nimarla, rescatarla de los designios del régimen para enterrar definitivamente la democracia en Venezuela. En la lucha electoral, la oposición democrática ha cono­cido más victorias, que dando palos de cie­go para buscar la salida inmediata del régimen.

Es hora de aprender esa lección, así parezca tarde y el TSTJ,  enfebrecido, siga lanzando sentencias condenatorias en con­tra de los líderes de la MUD, y ciudadanos de a pie, por insistir en la vía electoral, esa que el gobierno tanto teme.

Por lo demás, no hay que hacerse ilusio­nes, los juicios por Twitter son sumarios y no hay abogados que nos salven por más hábiles que sean. Del TSTJ líbrame Dios, que de los otros me libro yo.

(N.B. Si usted no es miembro del TSTJ, ni avala sus procedimientos, no se sienta concernido por este artículo).

@jeanmaninat

Fuente: El Universal

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