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Heinz Dieterich / Colombia: sólo el 18,8 % quiere la guerra

Contrario a los demagógicos titulares de la mayoría de los medios reaccionarios, como el pasquín español El País –“Colombia dice ‘no’ al acuerdo de paz con las FARC“– y la histérica alegría de la derecha latinoamericana e internacional, el resultado del plebiscito sobre los Acuerdos de Paz entre Santos y las FARC no significa, de ninguna manera, que “los colombianos” no quieren la paz. De hecho, ni siquiera significa que están en contra del acuerdo propuesto.

1. Sólo el 18,8 % rechazó el Acuerdo de Paz

El hecho fáctico, o la única inferencia científica valida, que se deriva del plebiscito es, que sólo el 18,8 de los colombianos con derecho a voto rechazaron los acuerdos propuestos. Del universo estadístico electoral de cien por ciento, el 62,6 por ciento de los electores facultados, se abstuvieron de ir a las urnas. Y del 37,4 por ciento que votó, sólo el 50,2 por ciento votó en contra de los acuerdos. Es decir, no más que el 18,8 por ciento del electorado colombiano total votó en contra de los acuerdos de paz. Este 18,8%, para los manipuladores de los pasquines globales, como El País, es igual a “Colombia”.

2. En zonas de guerra prevaleció el Sí

En las zonas de guerra, donde más ha sufrido la gente, los resultados de la votación son claros y abrumadoramente en favor del Sí: en el Chocó, 79%; Vaupés, 78%; Cauca, 67%; Putumayo, 65%; Nariño, 65% y La Guajira, 61%. Los votos en favor del NO vienen en su mayoría, por lo tanto, de las grandes ciudades, que no han sido afectadas directamente por las atrocidades de la conflagración bélica. La esencia de este hecho es obvio: la mayor parte de los 18,8 por ciento de los votos del NO se generaron por razones de control ideológico reaccionario, tipo Daesh o lumpen-políticos como Trump, más no, como juicio razonado a raíz de la experiencia de la guerra.

3. La mente esclava

Un niño de cuatro años sabe hablar perfectamente bien conforme a las reglas gramaticales de la lengua, sin tener la menor idea de que tales reglas existen. Lamentablemente, tal capacidad gramatical intuitiva del ser humano no existe en la interpretación de datos y clases de fenómenos de la realidad. El homo sapiens no viene dotado de una intuición estadística que le permita hacer juicios y tomar decisiones racionales adecuadas, con base en los principios de la estadística (descriptiva e inferencial). Esta deficiencia antropológica genera las falacias del pensamiento que permiten su enajenación y manipulación por medio de la mercadotécnia, la propaganda política y el condicionamiento pavloviano. El apoyo de los trabajadores blancos al programa plutocrático del sociópata billonario Donald Trump; las manifestaciones de mujeres oprimidas en favor de sus opresores misógenos machistas y clericales (“pro vida”, por ejemplo) y los votos del NO de los pobres colombianos para el oligarca Uribe, son ejemplos de este fenómeno.

4. La programación ideológica

Después de décadas de satanización de la guerrilla colombiana en los medios oligárquicos colombianos, de la cual Santos y Uribe son corresponsables, fue previsible el potencial de errores de juicio y decisión de la población en el plebiscito. El homo sapiens no actúa sobre “la realidad”, como comunmente se cree, sino sobre su percepción de la realidad. Y, esa percepción es determinada por la deficiencia antropológica mencionada; la cual, a su vez, es capitalizada por los amos del sistema (gran capital, clase política, iglesia, grandes medios), mediante su mega-aparato de control socio-ideológico: la televisión. Creer en las encuestas de opinión, como hicieron Santos y las FARC, de que hasta el 70% de la población estaría en favor de la paz, fue un acto de ingenuidad y positivismo vulgar pre-científico. Porque, aunque el 18,8% del NO no excluye, que el 70% de la población esté en favor de la paz, se tenía que saber que una opinión –aunque sea valórica– es cualitativamente diferente a un acto de la praxis, como ir a las urnas a votar.

5. Cuba y el NO

El triunfo del NO, sin embargo, conlleva una serie de ventajas para la guerrilla, que no hizo otra cosa que reclamar el axioma constitutivo de la democracia burguesía, de tener el derecho de enfrentar una tiranía oligárquica con las armas, en la praxis. La gran lección para ellos es que el aparato represivo (físico, económico e ideológico) de Uribe sigue en pie y que Santos no va a poder garantizar su seguridad, después de haber entregado las armas. Santos es, igual que Uribe, un operador de la oligarquía y de Washington, quién no sólo instrumentó la fase más sangrienta de la represión, sino cuya provocación con los cazabombarderos israelíes en la firma de los acuerdos de la paz revela fehacientemente, lo que piensa del Acuerdo logrado. La única diferencia entre los dos es, que representan diferentes facciones de la clase dominante global y diferentes estrategias de “pacificación” popular en la situación actual.

A la luz de la historia de Colombia es altamente probable que los FARC desmovilizados no tendrán seguridad ni incidencia política real en el régimen bicentenario neogranadino, que se originó con el intento de asesinato político del Libertador Simón Bolívar. Si quieren vivir con paz y dignidad, no les quedará otra Patria nueva que no sea Cuba.

Fuente: Aporrea

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