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Félix Cordero Peraza / ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Se dice corrientemente que en las crisis es cuando se prueban los liderazgos. Su percepción de la realidad y su visión para prescribir oportunidades. Aunque como lo dice el gran Albert Einstein “En momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”. ¡Ah, pero el problema aquí es que no hay intención de superar la crisis, a no ser a costa de la derrota del contendor! Como siempre estamos parcialmente en una guerra. La gran mayoría del país sigue pendiente pero concentrado en sus actividades y trabajos habituales. Resolviendo por ejemplo los problemas económicos familiares que son más que suficientes para dedicarles el tiempo que tienen. Mientras, el mundo político lo encontramos enfrascado en sus estrategias de guerra y exterminio del adversario, la gran mayoría de los ciudadanos se ocupan de sus urgentes y prioritarios asuntos personales y familiares. Esa es la realidad de la crisis y la suerte de ella.
 

Violando la norma constitucional
Es la cruda lucha entre dos modelos radicalmente opuestos que no han terminado de demostrarse. Sin embargo, muchas veces sin percibirlo chocan de frente en sus ideas, conceptos y proposiciones. A mi memoria, la famosa frase del dramaturgo y poeta  Bertolt Brecht “las crisis se producen cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. Además, la crisis se genera, y esto hay que decirlo, porque ninguno de los dos respetan ni cumplen al pie de la letra las normas constitucionales, en cuanto a las competencias de los poderes públicos. En teoría, la acogen como guía y principio de la vida institucional y constitucional, pero la incumplen adecuándola a sus propias y precisas estrategias políticas. Esta conducta de ambos campos hacen de la vida política un terreno peligroso, confuso y ambiguo.  
Para muestra un botón. El gobierno vive en un estado de excepción permanente para gobernar por decreto y con el respaldo del TSJ. No presenta su memoria y cuenta en la AN, no asiste a las interpelaciones ni permite el control de la administración pública, por medio de la Sala Constitucional declara en desacato a la AN. Entonces todos sus actos son nulos y las leyes aprobadas quedan en el limbo de la infecundidad. Secuestra las elecciones a gobernadores. La oposición por su parte, al instalarse la AN amenaza con un juicio político a Maduro y destituirlo. Hecho sin asidero constitucional. Aprueba leyes usurpando atribuciones del Presidente de la República, quien administra la hacienda pública y realiza acciones a nivel internacional de tipo diplomático que son potestad exclusiva del Presidente. Así las cosas, ambos andan por senderos de inconstitucionalidad interpretando las normas de manera infundada y conveniente. La guerra entre ambos cada vez se hace más agreste y desobediente a la norma. ¡Cada quien desconociendo y menospreciando al otro! 
 

Remando en sentido contrapuesto
En esta situación polarizante de guerra sin cuartel no es fácil avecinarlos para que conversen y trabajen juntos por la solución de algún problema o propósito. ¡La división carcome las entrañas de la sociedad y cada quien está por su lado tirando por caminos diferentes! Como los sobrevivientes de un naufragio que reman para direcciones contrapuestas. Y por supuesto no avanzan ni para un lado ni para el otro. Pensando sólo en sus propios intereses y en su propio mapa de ruta. En fin, muchas rutas y travesías y superior cantidad de puertos. Una verdadera hecatombe en unas estrategias de mil pies y mil dianas. Miradas bifurcadas arrastran para sí la evolución de la nación y las oportunidades de progreso. 
 

Juego trancado
Sin embargo, y esto se divisa expeditamente, hay campo para la conciliación. Primeramente, porque más del 80% de la población prefiere y demanda paz. Acuerdo. Conciliación. Lo indican estudios sociales y sus múltiples interpretaciones. La polarización está en la mente de ambos liderazgos quienes aúpan la división radical y lo hacen por cuestiones netamente de cálculos políticos y de pretensiones  caudillistas. En la oposición se ve claro la manifiesta rivalidad entre unos y otros. En el gobierno, perdura el esquema de la división social entre ricos y pobres. El juego está trancado. Convenimos por la paz o la transgresión de las normas per se nos llevarán por el sendero de una guerra civil o de un golpe de estado militar. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

efecepe2010@gmail.com  

fcordero@eluniversal.com

@efecepe2010

Fuente: El Universal

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