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Eudoro González / ¡Mujeres al Poder! Pero no todas

Mujeres-TrabajandoLos discursos de la Igualdad de Género; la emancipación de las clases sociales oprimidas; la igualación de los hombres y mujeres; la elevación moral; la dignidad nacional; la lucha de clases; la defensa de las minorías y/o la promoción de sectores sexo diversos; entre muchos otros, tienen siempre un elemento común, a saber: sus interfectos siempre son los últimos en recibir beneficios de importancia por tal reivindicación.

Vamos para dos décadas iniciaron con un estruendoso planteamiento de reivindicación social. Algo para muchos, mucho para todos. La denuncia política contra la corrupción administrativa de entonces, sirvió de eje transversal para proponerle a los venezolanos un cambio de rumbo. En la boca del fundador de la revolución bonita solo se colocaban en metralleta, palabras altisonantes que en contexto prometían “acabar con esta vaina”, hacer caída y mesa limpia. Dignificar a la patria, al hombre, a la mujer, al niño, al anciano, a todos por igual.

La exaltación de los símbolos patrios, la resurrección de próceres, cambios en la geopolítica interna y externa, nuevos panteones y hasta una –sobaíta- a los huesos patrios; sirvieron de telón de fondo para montar este mastodonte, llamado Gobierno del Poder Popular.

Unas de las reivindicaciones más importantes –por tratarse de las damas- es la defensa de la igualdad de género. Partiendo del principio de que las mujeres de nuestro país son víctimas frecuentes de abusos por su condición de tales. Un hecho muy lamentable y censurable, allá donde se produzca.  Pero cabe preguntarse: ¿De verdad las mujeres de este país se creen esa vaina?.

Una actitud farisea ésta por parte de los jerarcas revolucionarios y les diré por qué. Hace dos semanas estuve por Margarita, la semana siguiente en Valle de La Pascua y hace minutos que llegué de San Juan de Los Morros. Los últimos dos viajes los hice desde Caracas a esas por tierra y por diferentes rutas, con lo cual, pasé por San Casimiro, San Sebastián de Los Reyes, Cagua, Villa de Cura, El Sombrero, etc. En todos estos lugares, por más grande o pequeño que fuere el Hiper o el Micro Mercado que te encuentres, en su mayoría y a altas temperaturas, solo hay madres con sus hijos terciados al pecho.

El caso más fuerte lo vi en Porlamar – a las puertas de un super centro comercial– era casi mediodía. Esta buena mujer sudaba a chorros, barrigona y con un tripón en los brazos esperaba su paquete de pañales. Casi todas mujeres con cara de agotamiento infinito. Mujeres en pleno ejercicio de su polifacético papel, ya que ellas son madres, amigas, compañeras, amantes, padre y sustento de muchos hogares; todo a la vez. ¿Qué pasó con sus reivindicaciones?. ¿Se les hace justicia?.

¿Se pensó en ellas cuando se soplaron CADIVI para traer alimentos podridos y medicinas vencidas?.  ¿Le importó a alguien semejante sanguina de dinero?.

¡Yo digo que no!. Es farisea esta actuación, porque se exige hoy enérgicamente el respeto a la mujer y la inclusión de ella en el proceso político. Se le usa como piedra de tranca y justificación para torpedear el trabajo político. O sea, un comodín. El mono de la baraja.

En los pasillos políticos los revolucionarios se llenan la boca agitando al grito: ¡Mujeres al Poder!. Pero no todas. María Corina Machado no. Esa jeva sí que no. Todas tienen derecho a participar. Ella no. La infeliz inhabilitación para ejercer cargos públicos contra alguien que no ha manejado, ni administrado, ni dispuesto de recurso público alguno, es la prueba más patente de la hipocresía oficial.

Cuando no se tienen en “el buche” los votos necesarios para vencer, se arrebata. Título II, Capítulo I, Artículos 19 y ss de La Constitución Nacional. Conculcar los derechos de cualquier persona, no le afecta sólo a ella. Es una afrenta general para todas. Así las cosas: Mujeres, la que tenga ojos que vea y la que tenga oídos que oiga.

@EudoroGonzalez

 

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