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Earle Herrera / Votos de sangre

Desde 2016, el Consejo Nacional Electoral informó sobre el calendario electoral de este año. Solo se excluían los comicios no pautados para 2017 en la Constitución nacional, vaya por caso, los presidenciales. Empero, la oposición y sus amamantadores internacionales se empeñaron en meterlos allí o realizar elecciones generales fuera de lapso porque a ellos se les antojaba.

El empeño se le volvió obstinación y a lo interno desataron una atroz ola de violencia criminal, mientras desde el exterior se bloqueaba financieramente al país, se saboteaban las importaciones de productos de primera necesidad y se lanzaba una campaña mediática internacional con pocos precedentes en el planeta. En los últimos cuatro meses arreció la violencia interna, con un saldo de más de 100 muertos, miles de heridos y desenfrenada destrucción de bienes públicos y privados.

El pueblo aguantó, Venezuela soportó. En ese contexto nacional e internacional, el presidente Maduro convocó a la elección de una Asamblea Nacional Constituyente con una propuesta de paz y diálogo. Más de ocho millones de venezolanos, desafiando atentados y amenazas terroristas, concurrieron a las urnas electorales. La oposición se autoinfligió una derrota, junto con Fedecámaras, la retrógrada Conferencia Episcopal y otras umbrías fuerzas de la oscuridad.

De súbito, para dolor, ira y asombro de toda la gente que lanzó a la violencia y la muerte “hasta derrocar a Maduro”, la MUD decide inscribir candidatos a gobernador y diputados regionales “con este mismo CNE”, contra el que agotó el diccionario de ofensas y dicterios. En esa línea electoral, pacífica y democrática a la que no se cansó de convocarlos el presidente Maduro, se alinean prestos los partidos de la Mesa de la Unidad, desde los más moderados hasta los extremistas de uña en el rabo curvo.

Si lo que querían era ser gobernadores o legisladores regionales, debieron decirlo desde el principio, no solo a los jóvenes que inmolaron en el altar de sus mezquinas ambiciones, sino al pueblo en general. Inventarse una “épica” de “resistencia” y “libertadores” para alcanzar cargos en la burocracia de provincia es una desproporción y una estafa. Ensangrentar el voto con semejante fin divorcia la política de la ética.
Profesor de la UCV

Fuente: Últimas Noticias

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